Sus manos temblaban mientras alcanzaba la perilla, girándola lentamente desbloqueada. Empujó la puerta hacia atrás, asomándose como lo había hecho de niño cuando quería dormir entre sus padres. Ella estaba durmiendo, profundamente... esas suaves respiraciones que tomaba hacían que su irregular respiración se calmara y se asemejara a la suya. Dio un paso más, cerrando lentamente la puerta detrás de él para no despertarla. Su rostro estaba vuelto hacia su dirección mientras dormía de lado, su cabello rojo suelto cubría más que solo la mitad de su hermoso rostro. Sus pasos se estabilizaron mientras se acercaba a ella, inclinándose frente a la cama como el maldito tonto que era... Maldición... ella realmente era su medicina, todos los pensamientos invasivos habían desaparecido y ahora solo

