Alpha Zayd regresó por la tarde, encontrándose con Quinn en su habitación... y ahora ambos estaban acostados en su cama, mirando en silencio el techo. Su mano se aferraba a la de ella, su cuerpo cálido tan cerca. El silencio era cómodo, pero estaba destinado a romperse, y él fue quien lo hizo. —Entonces... ¿qué...? Quinn lo miró. —¿Qué...? –Sólo vine aquí para pasar una semana, esperando que fuera suficiente tiempo para tenerte...ahora que eres mía, vuelve conmigo. En lugar de ser la beta de una manada que te traicionó, sé mi luna. —Yo… —Sus palabras la tomaron desprevenida, siempre lo hacen —. No sé...bueno...yo... —No te apresures, tienes tres días más para pensarlo. Mi manada te amaría, han estado deseando tener una luna durante un tiempo. Quinn se giró de costado, mirándolo d

