Ana Despertar en un lugar diferente atada a una silla se estaba volviendo costumbre aunque lamentablemente en esta ocasión no estaba acompañada, a todas nos habían puesto en distintos lugares, y el mío resultaba ser un lugar oscuro, pero con un foco iluminándome. También tenía una mesa de madera enfrente, y un asiento atrás, era como estar en la oficina del director castigada, aunque en dicha oficina no te tenían sujeta a una silla, pero el castigo era el mismo, logré ver la puerta de salida y un guardia de seguridad afuera. – Hola ¿Está bien el cautiverio? – preguntó. – ¿Siempre haces chistes malos? – respondí. – No siempre, pero en tu honor hago lo que sea. – Entonces suéltame. – no soy estúpido amiga, me contrataron para vigilarte y eso haré – mencionó el chico. – Pero al menos

