Capítulo 8: ¿Y su viaje?

1107 Words
El conflicto de la mañana siguiente sería el traje de André Smith. Desperté como todos los días, organicé mi día y salí de casa. Lo primero en la lista era ir en búsqueda de aquel costoso traje, así que fue la primera parada que hice. Al llegar la recepcionista me miró de manera decepcionada, algo que encendería aún más mi alarmas. —Buenos días. ¿Sucede algo?—Pregunté inmediatamente.—Vengo a retirar el traje.—Avisé rápidamente. Ella me miró, miró a su compañera y llegó el traje.—Lo siento.—Susurró poniendo la bolsa sobre el mostrador.—No entendemos lo sucedido, ni que contenía aquella mancha de café, supongo que ha sido el tiempo con el que se ha quedado el líquido allí sin lavar, pero no hemos podido sacar el sucio de allí.—Continuó. Mi desespero se hizo presente y no hice más que sacar el traje rápidamente de aquel papel, tomándolo en mis manos noté que aquella mancha de café ahora estaba de color azul.—Ahora es azul.—Señalé algo molesta. —Intentamos como muchos químicos, nada sirvió. La única solución que tiene es cambiar la camiseta.—Señaló. Yo respiré hondo y guardé la calma.—¿Sabe lo caro que me saldrá eso? Solo pedí un trabajo y no fueron capaces de hacerlo bien.—Dije bastante alterada. La chica una vez más se disculpó y lamentó lo sucedido, no cobró si quiera el lavado que había intentado hacer, pero ese era el menor de mis problemas. Ahora solo debía buscar la valentía de decirle a André que su camiseta estaba arruina de manera definitiva. Tomé el traje y salí de allí, caminé de manera apresura hasta el automóvil y lo dejé en la parte trasera. Subí en la parte de atrás y conduje rápidamente hasta la oficina. Mi mente estaba llena de problemas y preocupaciones, pero por suerte, tenía un poco de tiempo, André continuaba de viaje. Así que solo lo dejé allí, bajé decidida y entré al edificio. Una vez más, Clara se hizo cargo de saludarme y caminar de compañía hasta el ascensor, pero ésta vez, no hubo una conversación. Pero poco antes de que las puertas del ascensor se cerraran, ella dejó salir.—Cuídate de los Smith's.—Y no la ví más. Aquellas palabras me dejaron pensativa el resto del camino, pero una vez las puertas del ascensor abiertas, todo finalmente cambiaría. André no solo había regresado de aquel viaje, tenía a Charlotte sobre el escritorio, tal y como lo había fantaseado noches anteriores. —¡Mierda!—Susurré cerrando los ojos y girando mi cuerpo, dándoles la espalda por completo.—¡Juro que no ví nada!—Grité de regreso. André solo rió y pasados los minutos, sentí su mano caer sobre mi hombro.—No sucede nada.—Dijo en un susurro que haría mi cuerpo estremecer.—Supongo que entiendes que lo que ocurre en ésta oficina, se queda en ésta oficina.—Advirtió.—Lo que menos quiero es al resto de la oficina hablando sobre habernos encontrado follando sobre el escritorio.—Continuó. —¡André! ¡No hables así!—Reclamó Charlotte desde el otro lado de la oficina. Sonreí de lado haciéndome la fuerte y guardé silencio, solo di los pasos justos hasta llegar a mi lugar y encender el ordenador. —...Lo siento...—Susurró Charlotte desde su lugar. André rió ante la escena y caminó hasta llegar a mi lugar y subir sobre el escritorio.—Buenos días, Talía.—Dejó salir sin cuidado.—¿Y mi traje?—Preguntó una vez más.—Espero ya esté listo.—Recordó. —¿Y su viaje?—Pregunté desafiante. Entonces él sonrió, rascó su nuca y miró a Charlotte.—Extrañaba a mi esposa. Era suficiente para volver a casa.—Se defendió.—Pero pregunté primero, y vuelvo a preguntar, ¿Y mi traje?—Insistió. El miedo hizo mis manos sudar y mi lengua dudar.—En la tintorería.—Me excusé. Al menos me daría un poco más de tiempo. —¿Tanto tiempo?—Preguntó confundido.—Espero entiendas que es bastante subido de precio su valor.—Informó. Yo asentí y continué hundida ante el ordenador. Él entonces bajó del escritorio, caminó hasta donde su esposa, besó su frente y se marchó hasta los baños. —Lo siento, no esperaba que llegaras tan rápido.—Se disculpó una vez más Charlotte. —Olvidé los cafés y por ello llegué antes, pero no te preocupes, no ví nada, no diré nada más.—Dije pacíficamente. Ella sonrió de lado y asintió.—¿Puedo preguntarte algo?—Solté sin más. —Sí, por supuesto, dime ahora.-Dijo dejando su ordenador y enfocando su mirada en mi. —¿Por qué no tienen hijos?—Solté sin rodeos, sabiendo que era una pregunta bastante personal. Ella me miró, bajó su cabeza y negó.—Lo siento, no debí preguntar.—Continué diciendo. —Tranquila, supongo que tienes curiosidad como el resto de las personas.—Dijo sutilmente.—Pero la verdad es que no puedo tener hijos, y dada la vida que llevamos, creo que al final del día es lo mejor. No tener hijos nos deja llevar una vida diferente al resto, no nos consume la rutina, ni la monotonía. Estamos cada uno en un mundo diferente, pero siempre en una misma sintonía.—Confesó. Yo solo guardé silencio un instante, la vi lamentar y resoplar. Por mucho me arrepentía de haber hecho aquella tonta pregunta. —Eres valiente de hacer esa pregunta, Talía.—Dijo la voz de André apareciendo una vez más.—Las oí desde el baño.-/—Continuó.—Hay muchas cosas que no sabrás hasta que decidamos que sepas. ¿Queda claro?—Preguntó poniendo una vez más sus manos sobre mis hombros y apretando con fuerza. Yo solo asentí y me hundí una vez más ante el escritorio.—No seas así, André.—Dijo Charlotte. —Es muy preguntona.—Resopló André. Yo solo contuve el aire y evité arruinarlo aún más. Le gustaban los juegos, y le gustaba tener el poder. —¿Hay más sobre lo que debería saber?—Pregunté yendo contra todos. Andre rió.—No te cansas nunca, niña.—Siguió. —Suficiente.—Dijo Charlotte llamando la atención de ambos.—Parecen niños discutiendo, tenemos suficiente trabajo como para discutir sobre preguntas sin sentido alguno. ¿Queda claro?—Preguntó mirando de manera desafiante a André. —Entendido.—Y todos guardamos silencio.
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