Sol Mercer; No creo poder ver más allá de la nube de rabia frente a mis ojos. Me quedo quieta, con los brazos cruzados sobre el pecho, observándolos a los dos, Perseo y Santiago, mirándose fijamente como oponentes en un ring. El rostro de Perseo, como siempre, es indescifrable. Santiago, por otro lado, parece... cansado y confundido. Hoy no está resultando como esperaba. Viene con mucha ira. Comenzó en el momento en que abrí los ojos y encontré a alguien debajo de mí. Mi corazón casi se sale de mi pecho. Pero cuando me giré, lista para pelear, lista para gritar, golpear o huir, vi a Fede. Acostado en mi cama como si perteneciera allí. Dijo que no podía dormir. Dijo que necesitaba hablar. Fue entonces cuando me lo dijo. Que Perseo le había pedido que terminara nuestra amistad. Porqu

