Me resulta difícil creer que realmente haya invadido mi privacidad de esa manera. Una parte de mí solo quiere esperar a ver si lo hace para poder desatar el caos en su cabeza. Pero yo sé que no es así. En su estado actual, todo está perdido. Corro, lo alcanzo y me planto frente al cajón justo cuando lo alcanza. —¿No me oíste decir "para", Fede? Me mira fijamente. —Hazte a un lado, Sol. —¿Hablas en serio? —Como no puedes pensar con nada más que tus partes femeninas cuando se trata de mi hermano —dice, acercándose—, voy a pensar por ti. Lo que sea que haya en ese cajón se está quemando. Mis puños se aprietan a mis costados. La ira aumenta, rápida y caliente, como fuego lamiendo el interior de mis costillas. —No harás tal cosa. —Ni hablar. Quítate de mi camino. Me encamino hacia él.

