Narra Brenda Salí del salón con un torbellino de emociones revoloteando dentro de mí: confusión, enojo, tristeza. El sonido de un libro golpeando la pared y las maldiciones de Alan resonaban en mis oídos. Me dirigí a la cafetería y me senté en una de las mesas, intentando ocultar mi enojo y mi tristeza. Pero la calma no llegaba. De repente, alguien tocó mi hombro. Me giré, lista para descargar mi furia en quien fuera que me hubiera interrumpido. - Ah, eres tú – dije al ver a Tito frente a mí. - Sí, soy yo… ¿Por qué ese tono tan decepcionante? ¿Esperabas a alguien más? - No, lo siento, es solo que tengo muchas cosas en la mente. - Quizás, si me acompañas a mi entrenamiento te sirva de distracción. - Pero no estoy de humor, no es un buen día – respondí. - Claro, para estar conmigo nu

