—Algo así. Hizo un saludo militar. —Me consideraré bendecido con eso si no quieres jugar a «besa al pelirrojo». —Ah, no. —Meg se levantó y le plantó un beso en los labios—. Que por mí no sea, porque yo siempre quiero jugar a eso. ************************ Segunda estrella a la derecha y todo recto hasta el amanecer La semana había pasado tan rápido que Meg ni siquiera lo percibió. Estaba tan ocupada organizando su alegato final y sus conclusiones respecto a Bennett que apenas tuvo tiempo para pasar unos minutos con Marcus . Las únicas veces que entró a su despacho fue para pedirle consejo, ayuda o asesoramiento para guiar su línea de testigos de una forma u otra. Aunque las llamadas eran algo que no se había perdido entre ellos, como una especie de tradición inalterable que se desarro

