Estoy algo melancólico hoy. Solo créeme, ¿vale? Y cree en ti. Si Lawfield no está a tus pies es porque no te da la gana. —¿A qué viene eso de Lawfield ? —Sé que lo idolatras. Tranquila, no estoy celoso. —Se separó de ella, con una sonrisa pizpireta—. No es él quien protagoniza sesenta y dos… —No lo digas —cortó—. Por favor, no lo digas. Nunca más. Es vergonzoso. —¿Vergonzoso? No te metas con mi alter ego s****l. Puede hacer que te arrepientas. —Ah, ¿sí? —coqueteó ella. El coqueteo no llegó muy lejos. Estaban los dos tan cansados y nerviosos por el día siguiente que solo intercambiaron unos cuantos besos y volvieron cada uno a su casa. Cuando Meg llegó, Antonio y Lisa ya estaban dormidos, pero su padre, como era costumbre siempre que se quedaba hasta tarde en la calle, la esperaba se

