El documento Desde la noche en que habían dormido en la habitación de la duquesa, Killian se volvió especialmente sobreprotector con Viktoria. No solo la buscaba con la urgencia del deseo, sino también con una necesidad desesperada de cercanía. Como si algo dentro de él temiera perderla, como si su alma, aunque aún fragmentada, reconociera que esa mujer era su ancla. Viktoria intentaba mantener las apariencias, pero él no se lo permitía. Se le escurría entre horarios, reglas sociales y protocolos. Le hacía el amor con una devoción desesperada, como si intentara grabarse en su cuerpo, en su memoria, en cada rincón de ella. Y aunque en su rostro aún no reconocía cada fragmento de su pasado, en su forma de tocarla, besarla y suplicarle, Viktoria sentía que estaba cerca. Demasiado cerca. Y

