Viktoria El silencio de la noche se adueñó de la habitación apenas la vela se apagó. Viktoria se acomodó entre las sábanas con el corazón agitado, incapaz de dormir. Afuera, la brisa helada de la noche golpeaba suavemente los postigos y en el fondo, podía oírse el crujir de la madera de la casa al enfriarse. Esa noche parecía tan parecida a la de su infancia… y sin embargo, no lo era. Estaba aquí para cambiarlo todo. Cerró los ojos y, por un instante, se permitió recordar el sonido de la tos de su madre, aquella que había comenzado como un murmullo suave y terminó por arrancarle el aliento. Recordaba el olor a bálsamos, la desesperación en los ojos de los médicos y la frialdad de la habitación cuando su madre ya no respondió más a sus llamadas. Su pequeña mano se aferró a la colcha. “

