“¿Seguro que sabes lo que haces?”, preguntó So-min recelosa, tomando las pinzas de sutura para dárselas a Jae-won, el doctor que Hae-ram consiguió para Tae Yoo. Jamás la había visto tan molesta, en especial porque el doctor que conocía Hae-ram no era más que un muchacho de dieciocho años, dos años mayor que ella misma. Pero, en contra de lo que yo hubiera pensado, el estudiante de medicina era increíblemente bueno. Tae Yoo estaba sedado y lo puntos lucían impecables. “Soy la persona más competente que verás en tu vida”, replicó el chico, provocando que So-min le dirigiera una mirada llena de celos. La juventud se debatía en ver quién podía hacer el trabajo de un especialista antes de llegar a los veinte años. “¿No crees que los doctores están sobreestimados? Ya pasaron de moda”, añadió

