Max Después de hablar con Manuel, me dispuse a interrogar a Leo, quería saber que era lo que le pasaba, por qué reaccionaba así ante Abril. ―Primero, debes saber que yo a ella apenas la vi una vez ―me explicó mi amigo―. Hace quinientos años. ―¿¡Qué?! ―Sí, sus sueños, sus pesadillas, no son de su futuro, como ella cree, si no de su pasado. ―¿Ya? ―dije extrañado. ―Mira, lo que pasa es que hace cinco siglos atrás, yo estaba en el bosque y vi caer una mujer del acantilado, supongo que sabes a qué lugar me refiero. ―Hizo una pausa, yo asentí con la cabeza―. Bueno, vi caer a esta mujer y cuando me iba acercando a ella, una lengua de fuego la envolvió. La metí al mar e intenté convertirla, pero no alcancé. Murió en mis brazos. ―¿Estás seguro de que es la misma? ―Es su aura, son sus ojos.

