Después de que a Matthew le curaran la herida, Peter y Óscar estaban en la habitación con él. Adalynn regresó a su habitación. Se lavó la cara e intentó secarse la mejilla con una toalla. Quedó atónita unos segundos. Recordó el abrazo de Matthew en el palacio presidencial.
La tomó por sorpresa. No tenía nada en la mente en ese momento. Solo percibía un fuerte olor a sangre en la punta de la nariz.
Junto a Matthew, estaban Peter y dos hombres recién llegados. Eran las personas a quienes Matthew ordenó investigar a fondo el tiroteo.
—Su Excelencia, ha habido algunos avances en este asunto, pero aún estamos buscando al objetivo, que necesita ser determinado de nuevo.
—¡¿Quién es?! —Los delgados labios de Matthew escupieron dos palabras fríamente.
—Al principio, sospechamos que se trataba de una invasión, pero tras una cuidadosa investigación, descartamos esta posibilidad. Hemos puesto en la mira a su colaborador cercano, Emilio Araujo . Debe ser alguien que conozca muy bien su agenda, o incluso a su gente. De lo contrario, ¿quién sabría que fue al cementerio? ¿Y habrá silencio solo?
Los ojos de Matthew brillaron con una mirada fría y feroz, y no habló. fue realmente descuidado con este viaje.
—Señor, ¿puedo preguntar por quién fue solo al cementerio a rendir homenaje esta vez?. Bueno, esta vez tiene suerte. Solo necesita dar la mejor explicación y el mejor resultado en este asunto —Peter impidió que los hombres a su alrededor hicieran preguntas.
—Es un viejo amigo mío.
—Bien, ya estamos interrogando a Emilio. Quizás podamos obtener el resultado pronto. Este Emilio realmente merecía morir, probablemente porque hace dos días, el presidente lo destituyó por un error, lo que le hizo guardar rencor e incluso se inspiró en la idea de matarlo. Es repugnante —Peter agitó el puño y dijo enojado.
—El horario del señor presidente cambia constantemente. ¿Por qué Emilio puede saber su paradero? ¿En el cementerio?.
—Emilio lleva tres años contigo. Ese día, todos los años, vas solo al cementerio a celebrar un servicio conmemorativo. Seguro que lo esperaba— respondió Peter.
—Peter te ayuda, ¿conoces bien a Emilio?.
Peter entrecerró los ojos y recordó con atención.
—He tenido varias conversaciones profundas con él. Es una persona muy superficial y le gusta presumir de su trabajo en privado en el palacio presidencial, lo que le ha hecho muy respetado en las relaciones interpersonales. Supe que regresó a su ciudad natal e incluso el alcalde le proporcionó personalmente un buen camarero y le dio un trato de alta estima. Quizás no quiera perder el honor que le otorga este trabajo; sigue siendo serio y responsable, pero ese día, por error, envió documentos y olía a alcohol. No es la primera vez que trabaja y bebe. Su excelencia está muy enojado y lo despidió directamente. Probablemente le guarde rencor.
Matthew, con el rostro cansado, dijo con voz grave.
—Este asunto debe resolverse lo antes posible y debería prestar más atención a la seguridad en el futuro.
—Sí, señor, lo mantendremos en estricta confidencialidad— Tras terminar de hablar, Peter se despidió y le indicó a Óscar que saliera. Cerró la puerta con cuidado y dejó que Matthew descansara.
Por la noche, Matthew no bajó, y Daniel subió con la comida. Hasta la mañana siguiente, Matthew no salió.
Hoy, Adalynn también recibió una docena de documentos urgentes que debía atender. Encontró a Peter, quien le pidió que no lo molestara. Por la tarde, envió los documentos a la cama de Matthew. Óscar le ordenó que no se levantara. No había ningún asunto importante. No se le permitió levantarse de la cama.
Debido a que su herida sufrió varios desgarros, le dolió la cabeza. Si esto sigue así, aún no sabe cuándo podrá recuperarse.
Adalynn siguió a Peter.
Peter empujó la puerta. Matthew estaba apoyado en la almohada, con el iPad en la mano, viendo las noticias de la vida de la gente. La mirada de Adalynn se posó en su rostro. Después de la noche anterior, se veía más débil y pálido.
—Señor, Adalynn tiene varios documentos aquí. ¡Écheles un vistazo cuando tenga tiempo!— le dijo Peter.
—¡Deje que Adalynn se quede! ¡Puede hacerlo!— Matthew no levantó la vista para decirlo.
Peter asintió y se volvió hacia Adalynn.
—Adalynn, quédese con los documentos... ¿En qué puedo ayudarle?.
—¡De acuerdo!— asintió Adalynn.
Cuando Peter se fue, cerró la puerta. Adalynn dejó el documento en la mesita de noche y miró al hombre en la cama. Dijo con voz cálida.
—Señor presidente, ¿quiere ver el documento ahora?.
Matthew apagó el iPad y lo dejó a un lado. Extendió la mano hacia ella y le dijo.
—Dámelo.
Como no podía mover la parte superior de su cuerpo, estaba casi medio tumbado. Adalynn le entregó un documento. Abrió los ojos y lo miró.
Al igual que este tipo de informe oficial complicado, Adalynn a veces parece estar igual. Y este hombre, por naturaleza, era un experto en este campo. Leía documentos con gran rapidez y los manejaba con gran destreza.
Adalynn se hizo a un lado, esperando a que terminara de observar. Matthew la miró, se giró hacia ella y le dijo.
—¡Siéntate y espera!.
Adalynn no pudo evitar echar un vistazo. El sofá estaba un poco lejos. No había sillas en su habitación. Sonrió y dijo.
—No importa.
—En la cama— La mirada de Matthew no se apartó del informe.
El bonito rostro de Adalynn estaba un poco caliente, sentado en su cama. Ella se quedó atónita. El hombre la miró dos veces e insistió.
—¡Siéntate!.
Adalynn asintió y se sentó suavemente en el borde de la cama a su lado. El hombre había leído un documento y le dijo.
—Dame un bolígrafo.
Adalynn se lo entregó, pero su mirada no se apartó del informe, así que lo tomó bruscamente. Adalynn tomó el bolígrafo y su gran mano lo sujetó.
El corazón de Adalynn seguía latiendo con fuerza, pero no respondió. El hombre la soltó, le quitó el bolígrafo y fingió firmar.
Adalynn tomó el documento firmado que le había entregado, y su mente se quedó en blanco por unos segundos.
En ese momento, la mano del hombre permaneció en el aire. Matthew la observó y no pudo evitar reír entre dientes.
—¿En qué estás pensando?.
De repente, Adalynn se dio cuenta de que aún esperaba que le entregara el segundo documento. En un instante, su rostro pálido se sonrojó. Rápidamente tomó el segundo documento y se lo entregó.
Cuando el hombre extendió la mano para tomarlo, sus ojos se clavaron en sus ojos nerviosos y brillantes, y en su piel pálida y roja. Sabía que el apretón de manos la había asustado.
—¿Cuándo te vas a casar tú también?— preguntó Matthew con cordialidad para tranquilizarla.