Adalynn regresó a su oficina desde la residencia presidencial. Se cubrió la cara con las manos, un poco molesta. ¡Dios mío! ¿Cómo pude haber prometido vivir en su casa?
Es aún más engañoso saber que se va a propagar. Aunque sabe que no hay nada dentro, Adalynn siente que le arde la piel.
Pero ahora, lo que dijo es como el agua que salpicó. No puede retractarse. ¡No puede correr hacia Matthew y negarse ahora!
¡Ah! ¿Por qué siempre debo últimamente? Adalynn se golpeó la cabeza con el puño, esperando estar sobria.
Matthew no vendrá hoy. Puede fichar a la entrada y a la salida a tiempo. Y cuando Matthew le pida que vaya a trabajar mañana por la mañana, le traerá los documentos para facilitarle el trabajo.
Al final del trabajo, para evitar encontrarse con Roger, Adalynn retrasó deliberadamente su salida a las seis. Corrió a casa, buscando una excusa mejor: decirles a sus padres que se mudaría.
¡No podía decirles que se iba a quedar en la casa del presidente! ¡Qué locura! Adalynn apretó los dientes y planeó inventar una excusa que necesitaba práctica para contárselo a sus padres. Solo podía soportarlo.
Efectivamente, al llegar a casa, su padre y su madre no sospecharon nada. Su hija mayor siempre fue la persona más tranquila y trabajadora. La apoyarían incondicionalmente en lo que quisiera hacer. Además, de que quería encontrar novio para casarse cuanto antes, ambos empezaron a preocuparse.
Durante la cena, Diana preguntó con curiosidad.
—¿Hay chicos en tu oficina donde trabajas?.
—¡Solo hay colegas! — respondió Adalynn, mientras hundía la cabeza para comer.
—No importa si trabajas con colegas. No seas demasiado pasiva. Toma la iniciativa si quieres.
—Mamá, solo voy a trabajar no a ver a mi novio —Adalynn parpadeó.
—Este destino puede ocurrir en todas partes, y tú no eres mala. No creo que ningún chico no sea bueno contigo.
En la mente de Adalynn, un destello de Roger brilló. Había gente que la amaba. Sin embargo, al volver a verla, no tenía ni idea. Realmente no sabía adónde irían sus sentimientos.
—Mamá, hablemos de eso luego. ¡Primero trabajemos!— Adalynn se negó a volver a hablar del tema.
Por la noche, empacó sus maletas en casa. Esta vez, se iba a quedar por un tiempo largo. Llevó todo lo que debía haber llevado. Adalynn empacó dos maletas, una grande y otra pequeña. Por la noche, las metió en el maletero del auto. A la mañana siguiente, se fue a las siete en punto.
Aunque había salido temprano, se vio atrapada en un atasco y de repente sintió que era una suerte vivir en el palacio presidencial. En el futuro, no tendría que preocuparse por el tráfico.
Cuando Adalynn llegó a la oficina del presidente, llegó con diez minutos de retraso. Hojeó la lista de llamadas y el teléfono que la conecta al presidente no sono. Respiró hondo.
A las diez y media, sonó la línea interna del teléfono. Al ver que era la oficina del presidente, sonrió y dijo.
—Hola, señor presidente.
—Déme un café— La voz de Matthew era baja y magnética.
—¡De acuerdo!— respondió Adalynn con voz profesional.
Temprano por la mañana el clima que se veía por la ventana se tornaba gradualmente del color del otoño. Un bosque de arces dorados se veía desde su ventana, lo cual era muy hermoso. Con solo mirar el pasado, su estado de ánimo se volvió muy feliz.
Preparó una taza de café, la puso en la bandeja y se dirigió a la oficina de Matthew. Recorrer ese majestuoso y solemne pasillo, aunque solo fuera un trabajo como llevar té, agua y calgar documentos cobraba un gran significado.
Al igual que la identidad de este hombre, cualquier pequeño gesto filial hacia él inspiraba una gran sensación de gloria.
Adalynn llamó a la puerta y, con el permiso de alguien, la empujó. Matthew se sentó frente a una pila de materiales, sujetándose una ceja con una mano, y los observó.
Adalynn vio sus cejas fruncidas y sintió un profundo dolor. Dejó el café a su lado con cuidado y dijo en voz baja.
—Señor presidente, su café.
Matthew bajó la mano, con los ojos ligeramente alzados. Cayó de bruces. Adalynn llevaba el pelo suelto ese día. Su rostro era lúcido, hermoso y femenino. El solo hecho de apreciar su mirada alegraba a la gente.
—¿Trajiste todas tus pertenencias?— La elegantes mano de Matthew levantaron la tasa para tomar el café, y sus finos labios se abrieron con suavidad.
Adalynn no pudo evitar sentirse culpable por unos segundos y asintió.
—Aquí están, en el coche.
—Bueno, pasa por mi casa esta noche.
—¡De acuerdo!— Adalynn tragó saliva.
Matthew la vio con la tensión de tragar saliva, y no pudo evitar sonreír.
—No te preocupes, no soy mala persona, no te haré nada.
Adalynn negó con la cabeza rápidamente.
—No lo pensé así.
Matthew tomó otro sorbo de café, levantó la mirada y su atractivo rostro la miró de nuevo. Comparado con la información que le proporcionaba su mesa, el rostro de Adalynn, cristalino y rosado, lo hacía evidentemente más agradable.
El corazón de Adalynn latía con fuerza al mirarlo. En ese momento, llamaron a la puerta a sus espaldas. Adalynn se asustó. Temía que la gente de afuera escuchara su conversación.
Matthew caminó hacia la puerta y con un ruido sordo, empujó la puerta, pero era Roger quien traía documentos.
En ese instante, Roger sintió la atmósfera de la habitación en un instante. Adalynn tomó la bandeja y le dijo a Matthew.
—Señor presidente, si necesita algo, por favor, llámeme cuando quiera.
Después de decir eso, se dio la vuelta, rozó a Roger y se marchó. La mirada de Roger se posó en su rostro, ansioso, y Adalynn solo le dedicó una mirada inexpresiva.
Matthew notó la mirada apremiante de Roger hacia Adalynn durante unos segundos y entrecerró los ojos ligeramente. Roger posó la mirada en Matthew, recuperando al instante su expresión seca y respetuosa.
—Señor presidente, esta es la información que necesita.
—¡Póngala sobre la mesa!— Matthew disfrutaba de un café.
Roger tenía prisa por perseguir a Adalynn. Lo dejó rápidamente y se dio la vuelta para marcharse.
Para evitar a Roger, Adalynn fue al baño. Roger llamó a la puerta de su despacho y abrió para echar un vistazo. Adalynn no estaba. Esperó un rato y no la vio regresar.
Roger estaba ocupado con su trabajo. No tenía más tiempo para esperarla, así que debía irse primero.
Sin embargo, Roger estaba en el despacho del presidente justo ahora y claramente presentía que Adalynn y Matthew tenían una relación ambigua.
No, no podía permitir que Adalynn hiciera ninguna estupidez. ¿No puede ser olvidado en tan solo un año? ¿El corazón puro de Adalynn también está infectado de codicia, intentando ascender a la presidencia y convertirse en la primera dama del país?.