Joshua miró para abajo y suspiró, era la tercera vez en la semana en la que estaba pasando por esta situación.
El encargado del bar al parecer tenía algo contra él, ni siquiera podía verlo y cada vez que lo hacía simplemente lo regañaba e inventaba cosas para gritarle.
¿Y qué podía hacer él?
Se tenía que quedar callado, escuchar cada una de sus palabras llenas de mierda y luego ponerse a trabajar aún más duro.
Porque lamentablemente, ese era el mundo en el que vivían y esos eran los tratos que tenía que aguantar siendo de la clase trabajadora.
Los de los altos mandos siempre tratarán como sucios esclavos a los que estaban en el fondo de la pirámide.
-No puedo darte libre todos los días que quieras, Taylor. - lo llamó por su apellido.
-Lo sé, y eso no es lo que estoy pidiendo. - se defendió. - Solo quería que me dejarán libre un día antes de un examen importante que tengo en la universidad. - señaló.
El gerente alzó una ceja y se cruzó de brazos, sin dar un indicio de querer cambiar su opinión.
-Estudias derecho en una importante universidad… Ni siquiera se supone que estés trabajando aquí. - se le rio en la cara. - Las desventajas de no tener padres millonarios ¿no? ¿Por qué no te rindes de una vez?
Joshua apretó el puño y controló su respiración para no lanzar un puñetazo a ese rostro.
-Lo siento, señor. - murmuró.
-Vuelve a tu trabajo Taylor, no quiero volver a escuchar estupideces.
Joshua cerró los ojos y se dio vuelta, al final su noche había empezado de la peor forma.
Estaba furioso por los tratos que recibía del gerente solo por ser él.
Tenía un examen importante, iba a tener mucho peso en la calificación final y quería estar realmente preparado para eso, después de todo, tenía una beca que mantener.
Pero por supuesto, para el gerente, eso no era para nada digno de ser entregado a un joven que lo único que hacía era encargarse de casi todo en el bar.
Joshua era quien abría y quien cerraba el lugar, él se encargaba de la barra durante toda la noche y siempre era el que mejores críticas recibía.
Pero nada, nada era suficiente para ese hombre.
Y apestaba, realmente lo hacía.
De todas formas, no podía renunciar a ese trabajo, no mientras tuviera cuentas que pagar.
Sus tres trabajos le daban la suficiente cantidad de dinero para vivir tranquilamente con Kate, y poder darle a su hermano todas las comodidades que merecía.
Así que simplemente tenía que quedarse callado, y esperar el día del pago.
-Hey, ¿por qué esa cara larga? - cuestionó Mattew sentándose en la barra, apoyando sus codos sobre esta.
Ni siquiera sabía en qué momento Mattew había aparecido, pero ahí estaba.
Sacó una cerveza y se la entregó a su amigo, después de todo sabía que para eso venía.
Se encogió de hombros e hizo sonar su cuello, que estaba algo duro por culpa del esfuerzo físico.
-Ya sabes hermano, cosas de trabajo. - suspiró. - Estoy un poco cansado de todo esto.
Mattew tomó un largo sorbo de su bebida y le sonrió a su amigo.
-Hey, aguantas esto un poco más y sé que luego serás el mejor abogado de todo el país. - habló animado. - Te lloverán casos por todos lados y todo el mundo querrá que los representes.
Joshua rodó los ojos, pero no pudo evitar sonreír un poco.
Caminó al otro lado de la barra para preparar las otras bebidas que el resto de la clientela le pedía.
Mattew lo siguió con la mirada, no podía sentirse más orgulloso de lo que era su amigo.
Siempre había sido un buen niño, pero después de que sus padres murieran, tuvo que crecer y convertirse en un adulto rápidamente.
Ya no podían simplemente saltarse clases e ir a jugar por ahí con una pelota vieja.
Joshua tenía que luchar por un futuro, no solo para él, sino que también para su hermanito.
Y él sabía que lo iba a lograr, que sería exitoso y que acabaría con todo ese dolor que lo persigue por años, sabía que, en el fondo, había mejores cosas preparadas para Joshua.
Mattew sintió a alguien sentarse a su lado y giró un poco su cabeza para saber de quién se trataba.
Abrió sus ojos sorprendido al reconocer ese perfecto perfil.
Esa chica de cabellos castaños sabía perfectamente quién era.
Gin Brown estaba sentado a su lado, en el maldito bar donde Joshua trabajaba.
La suerte estaba de su lado al parecer.
Era su oportunidad, nunca había estado tan cerca de ella.
Nunca había podido verla desde esa cercanía y verdaderamente, la chica era una preciosura, justo como los medios decían.
Era una chica perfecta de pies a cabeza, ni un cabello despeinado y ninguna arruga en su carísima ropa.
Labios pintados de rojo y pestañas bien arqueadas.
Mattew no supo cuánto tiempo estuvo observándola, solo sabía que su presencia seguía ahí.
Y, sobre todo, tenía una Brown a su lado. Una jodida Brown.
¿Qué debería hacer? ¿Sacarle información, robarle su bolso?
No, debía hacer algo mejor, algo que lo acerque a su objetivo de una vez por todas.
Iba a abrir su boca para hablar, para inventar alguna excusa y sacarle información a la bella dama.
Pero los ojos de Gin brillaron y una sonrisa nació en su rostro de un momento a otro, Mattew frunció el ceño y dirigió su mirada hacia donde ella estaba viendo tan contenta.
- ¡Shua! Al fin me atiendes.
La boca de Mattew casi tocó el suelo del asombro, ¿Gin Brown estaba hablándole a su amigo?
¿Estaba acaso la mismísima Gin Brown sonriéndole a Joshua?
De algo se estaba perdiendo, y eso era seguro.
Joshua tragó saliva al ver a Gin sentada al lado de Mattew.
Sabía que su amigo la reconocería al instante, al contrario de él.
Sabía que mil cosas estarían pasando por la cabeza de Mattew, y no estaba seguro de que tan buenas sean.
-Gin, ¿qué te sirvo? - ignoró completamente la presencia de su amigo.
- ¿Qué te parece tu bebida especial para mí? - acomodó su mano debajo de su mentón, agitando sus largas pestañas hacia él.
La mirada de Joshua se movió nerviosamente hacia Mattew, que lo observaba con una ceja levantada, esperando algún tipo de explicación.
¿Que se suponía que dijera?
Sus manos se movieron solas para armarle la bebida que Gin quería.
- ¿Vienes seguido por aquí? -escuchó la voz de Mattew hablándole a la chica.
Gin frunció el ceño y giró la cabeza para ver al hombre que le intentaba sacar charla.
No encajaba con ese lugar, y ni siquiera sabía cómo lo habían dejado entrar con la ropa que llevaba puesta.
-Lo siento, tengo novio. - lo cortó rápidamente, antes de tener su famosa bebida frente a ella.
Joshua aguantó la risa y observó nuevamente a Gin.
-Tengo que irme, vine con Riley… Solo venía a saludar. - se levantó del asiento.
Parecía que se estaba debatiendo entre si decir algo más o no, porque, aunque estaba parada, no se estaba alejando de la barra.
Joshua mantuvo sus ojos sobre ella, hoy llevaba un vestido de color morado que, para sorpresa de nadie, le quedaba sensacional.
-Shua… Tendré una fiesta en mi casa el próximo fin de semana. - empezó la oración. - Seria lindo que fueras, ¿sí? - le sonrió.
Joshua estaba mudo, sin saber que contestar a esa invitación.
Gin pensó que fue una estúpida por simplemente pretender que Joshua estaría emocionado por asistir a una fiesta con gente que no le agradaba.
Pero igual quería intentarlo, quería volver a hablar con ese Joshua que no estaba enterado de su apellido y la trataba como una chica normal.
Joshua era la única persona que la había tratado de esa forma en años, y extrañaba un poco eso.
-Piénsalo ¿sí? - repitió. - Estaré esperándote. - y después de darle una última sonrisa, desapareció entre la gente para volver a su cita con Riley.
Así fue como los dos amigos quedaron solos nuevamente, Mattew se sirvió otro vaso de cerveza mientras terminaba de asimilar todo lo que acababa de pasar.
Cuando salió de su casa en camino al bar, nunca pensó que iba a cruzarse con una Brown, ni mucho menos que esa chica hablaría con su amigo de esa forma tan confiada.
Claramente, se había perdido de algo y ahora resultaba que Joshua y Gin Brown tiene algún tipo de relación.
- ¿Gin Brown acaba de rechazarme? - cuestionó para su amigo.
Joshua suspiró y negó con la cabeza.
-Créeme, puedo explicarlo…- alzó sus dos manos.
-Joshua… Ella acaba de llamarte Shua. - remarcó, su amigo era muy sensible respecto a ese apodo, pero al parecer que esa chica lo llamara así no lo ofendía.
-Sí, lo sé. - tomó aire. - Yo… No tenía idea quien era ella. - confesó.
- ¿Cómo? - exclamó sorprendido. - ¿Cómo es que no sabías de quien se trataba? ¡Ella va a tu jodida universidad! - se quejó.
- ¡Lo sé! - elevó su tono de voz, intentó calmarse. - Lo se…- repitió ahora más tranquilo. - Simplemente no se me pasó por la cabeza que ella fuese una Brown hasta que la vi junto a sus padres.
- ¿Viste a los Brown? - abrió sus ojos sorprendido.
-Sí, los vi. Siguen siendo pura escoria, créeme. - agregó. - Ellos están tan llenos de maldad, son lo peor de esta sociedad. - negó con la cabeza.
-Así que estas intentando acercarse a su hija para conseguir información… Eres una mente brillante Joshua.
El recién nombrado negó con la cabeza rápidamente.
-No lo estoy haciendo. - negó. - Cuando me enteré quien era, intente alejarme, la mande al demonio. - recordó. - Pero ella simplemente vuelve a mí una y otra vez. - contó.
Mattew sonrió, con una idea en su cabeza que brillaba.
-Hay que usar eso a nuestro favor entonces. - dijo pensando.
- ¿Qué quieres decir?
Mattew le hizo un gesto a Joshua para que acercara su oído hacia él.
-Tenemos un testimonio que acusa a los Brown, ahora necesitamos más pruebas… papeles, documentos. - alargó.
Joshua frunció el ceño, no le gustaba mucho para donde venía esa idea de su amigo.
-Entonces…- intentó que llegará hasta el punto.
-Entonces. - Joshua se alejó para verlo al rostro. - Tu y yo tendremos que ir a una fiesta, querido Shua. - moduló burlonamente la última palabra.
Joshua tragó saliva.