La comida en la cafetería del hospital no tenía un sabor asqueroso, al contrario, sabia bastante bien para Gin, quien, al contrario de Joshua, pudo disfrutarla y digerirla bien.
El chico no se había podido concentrar en la tarta que estaba frente a sus ojos por estar pensando en lo mal que debía estar pasándolo el pequeño Kate.
Se habían encargado de ponerlo a dormir ni bien firmó los papeles para la operación, para que no tuviera ningún problema y ya no se pusiera ansioso.
Joshua debía cumplir con su rol de tutor, y solamente confiar en los médicos.
- ¿No quieres otra cosa? - cuestionó Gin. - Quizás algo dulce te tranquilice más. - ladeó su cabeza, intentando ayudar al chico.
Joshua negó con la cabeza, demasiado metido en sus oscuros pensamientos.
-Iré al baño, necesito mojar mi cara. - avisó y se puso de pie, dejando a Gin sola en aquel lugar.
La cafetería estaba llena de silencio, la gente miraba la televisión mientras que tomaban algo de café.
Gin se sintió llena una vez que terminó sus porciones y las de Joshua, al fin sentía que podía volver a dar mil vueltas al hospital.
Sacó el celular de su bolsillo cuando vio que no paraba de sonar.
- ¿Hola? - saludó.
-Gin, ¿dónde estás? - cuestionó su padre al otro lado del teléfono.
Gin aclaró su garganta, quizás debía haber visto el identificador de llamadas antes de simplemente atender.
-Fui a la biblioteca, pero salí a tomar un poco de aire y ahora estoy en una cafetería.
No estaba mintiendo del todo, estaba en una cafetería.
- ¿Cuándo volverás? ¿Quieres que tu guardaespaldas te vaya a buscar?
Gin arrugó la nariz.
-No hace falta, volveré en unas horas.
-Gin, no intentes nada estúpido. La gente te está esperando aquí para saludarte.
-Creí que no era bienvenida a esa cena. - arqueó una ceja.
-No digas estupideces, más vale que…
-Nos vemos en casa, adiós. - cortó la llamada antes de tener que seguir aguantando esos tipos de comentarios.
Vio a Joshua llegar a su lado, ya mucho más fresco.
-Ya debería estar terminando ¿N0? - fue lo primero que pregunto, aun viendo el reloj en su muñeca.
-No lo sé. - se encogió de hombros.
-Gracias por quedarte aquí, parte de que no haya enloquecido del todo es gracias a ti.
Gin sonrió y bebió de su jugo de naranja.
-Supongo que al final me preocupa un poco el mocoso ese. - se encogió de hombros.
Joshua iba a responder a su broma, cuando escucharon una tercera voz acercándose hacia ellos.
- ¡Josh! Finalmente te encuentro. - era Emma, la chica rubia que había estado junto a Joshua el último tiempo.
Gin la reconocía y la recordaba perfectamente.
Joshua se levantó tan rápido como pudo en cuanto la vio, Emma lo rodeo con sus brazos y Gin pudo ver como el chico descansaba sus manos sobre la femenina cadera.
El abrazo duró más de lo que Gin pensaba que podía durar un abrazo entre amigos.
Suponía que estaba entendiendo mal la situación, quizás a propósito para no dañarse, pero ahí estaban los dos, demasiado pegados, demasiado unidos.
- ¿Cómo esta Kate? - preguntó Emma una vez que tomó asiento junto a ellos, casi ignorando la presencia de Gin hasta que sus ojos se cruzaron y no tuvo más opción que actuar sorprendida. - Oh, ¿tu? - se notaba confundida.
No entendía que era lo que hacía Gin Brown compartiendo una mesa en el hospital junto a su tan preciado amigo.
-Hola. - dijo poniendo su mejor cara.
Emma alzó una ceja.
-Hola. - soltó rápidamente, para girar su rostro hasta donde estaba Joshua. - ¿Alguna novedad? ¿Cómo esta él?
Joshua soltó un suspiro.
-Está en medio de la operación ahora mismo, seguramente en unos minutos nos saldrán con las noticias. - explicó.
Joshua recibió una mirada confusa de Emma, apuntando a Gin que seguía bebiendo inocentemente de su jugo de naranja.
Supongo que era una sorpresa para ella ver a Gin sentada frente a él.
-Tendrá que hacer reposo por una semana, pero luego simplemente puede volver a la escuela con completa tranquilidad. Tendrá que hacerse chequeos los primeros meses, pero puedo encargarme de eso. - suspiró.
Emma asintió, todavía sorprendida por la presencia de Brown.
Joshua tendría que darle explicaciones luego de esto.
Gin comenzaba a darse cuenta que estaba sobrando nuevamente en el lugar, las miradas que se compartían los dos jóvenes frente a ella claramente la hacía sentir como un extra.
Y sabía que seguramente era su orgullo herido, después de todo, ella había estado sentada ahí frente a Joshua por un largo tiempo y en cuanto la rubia entra al hospital, él se olvida totalmente de ella.
Pero también estaba tratando de no pensar en que se trataba de alguna clase de celos o envidia por la forma en la que ellos podían comunicarse únicamente a través de miradas.
Acomodó su mochila en su espalda una vez que se levantó y le dedicó una mirada a Joshua.
-Me buscan en casa, será mejor que me vaya. - señaló, no era del todo mentira.
Joshua alzó una ceja confundido.
- ¿Te iras?
Gin asintió.
-De todas formas, tienes a Emma ahora, ella seguramente sabrá como calmarte mejor que yo. - se encogió de hombros.
La chica recién nombrada también se puso de pie.
- ¿Acaso te hice sentir incomoda o algo como eso? - cuestionó, Gin sabía que estaba fingiendo preocuparse por ella.
-Tendrás que hacer más que simplemente evadir mi mirada para ponerme incomoda, cariño. Me voy porque ya no tengo nada que ver con esto. - soltó.
Joshua seguía algo confundido, él quería que Gin se quedara con él.
Kate recordaba su rostro, seguramente se ponía algo contento si veía que tenía una visita.
Vamos Joshua, sabes que Emma se comportó mejor con Kate en las veces que lo visitó, ¿a quién quieres engañar?
Sus pensamientos hablaban por él.
Bien, quizás no quería que Gin se quedara por Kate, quizás era algo más como que quería que se quedara a su lado.
Y después estaba Gin ahora, hablándole de una forma algo brusca a Emma sin ninguna razón.
- ¿Tienes algún problema conmigo? - Emma salió de sí misma.
Gin se cruzó de brazos.
-Eso mismo pregunto yo, ¿qué es lo que hay mal contigo?
Emma miró rápidamente a Joshua que estaba negando con la cabeza.
Emma sabia muchas cosas sobre Gin, Joshua se había encargado de contarle todo lo que sabía.
Y quizás la chica no tenía la mejor opinión sobre Gin Brown.
-Puede que le estés vendiendo el papel de pobre chica a Joshua, pero yo no creo ninguna de tus palabras. - fue lo que dijo cuándo abrió la boca, alzando su mentón bien alto. - No creo que seas una marioneta de tus padres ni que no estés enterada de nada. - suspiró. - Puedes engañar a Joshua, pero no lo harás conmigo.
Gin miró a la chica detenidamente, ¿se estaba atreviendo a pararse en su contra?
Ella no había hecho una mierda para caerle mal a esta rubia, y ahí estaba, siendo casi regañada y atacada por ella.
Acomodó su cabello y soltó un bufido.
- ¿También crees que estoy fingiendo ser una víctima? ¿También crees que soy una manipuladora? - le cuestionó Gin a Joshua.
Gin sabía que ella podía defenderse con sus propias palabras contra Emma, no necesitaba la ayuda de nadie.
Solo tenía un poco de curiosidad de saber qué era lo que Joshua pensaba, que era lo que lo frenaba de intervenir en la discusión y ponerse de su lado.
-No, por supuesto que no.- negó rápidamente. - Gin, Emma no quiso decir eso. - alzó sus manos en busca de paz.
Gin quiso reír.
Por supuesto que la defendería a ella.
Sacudió su cabeza y colocó sus lentes de sol.
-Espero que todo salga bien en la operación de Kate, adiós. - se despidió con la mano y salió por la puerta, Joshua no la siguió para explicarle la situación ni tampoco le dijo algo a Emma por la forma que se había comportado.
Al llegar a su casa tuvo que saludar a todos los invitados de sus padres, dando falsas sonrisas y escuchando mentiras sobre lo grande y linda que se veía.
Esos hombres solamente no querían quedar mal con la próxima generación de Brown.
También se cruzó con un fiscal, alguien a quien le veía cara conocida y que Gin no sabía por qué estaría alguien como él en una reunión con los Brown.
Finalmente, el ultimo invitado había abandonado la casa y solo quedaron los tres miembros de la familia.
- ¿Por qué había un fiscal en la casa? - cuestionó.
-Gin, ¿no quieres ir a recostarte un rato? Si mal no recuerdo estuviste en la biblioteca, debes estar cansada. - dijo su madre, tratando de evadir el tema.
Gin negó con la cabeza y se sirvió un poco de agua, estaba un poco inquietada por primera vez en su vida por el hecho de que un fiscal haya estado en su casa.
Había visto militares, policías, doctores, directores e incluso hasta el mismo presidente entrar y salir de la casa, pero nunca, nunca un fiscal…
-Bien, escucha es algo sobre ti. - señalo su padre. - Algo que quizás te ponga algo inquieta entonces, ¿estas seguras que quieres saber?
Gin los miró extrañada, por supuesto que iba a querer saberlo, más cuando le decían que tenía que ver con ella y le ponían tanto misterio.
Si hay algo malo con ella, debía enterarse.
-Sí, vamos. Ya no soy una niña, debería empezar a preocuparme por los asuntos que manejan. Incluso podía estar presente en la próxima reunión ¿no? Tengo que empezar a meterme en el negocio…
-Gin, escúchame por un segundo. - su padre colocó sus manos sobre los hombros de su hija, intentando hacerla callar. - Han liberado al hombre del cierre de campaña, el sujeto con el arma.
La joven perdió la fuerza de sus piernas y se dejó caer en el asiento, su mirada perdida en algún punto de la habitación, sin saber que decir o cómo reaccionar.
Su boca se abría y cerraba continuamente, buscando las palabras para decir.
No podía estar pasando esto.
Si ese sujeto estaba suelto, significaba inmediatamente que ella estaba en peligro.
-No puede ser…
Sus padres siguieron hablando por largos segundos, dándole indicaciones de como debía manejarse ahora y como no debería salir sola, pero ella no podía escucharlos.
Tenía miedo.
Mucho miedo…
(...)