Recuerdo que Bernard me estaba llamando, busco mi celular para devolverle la llamada. Solo escucho el teléfono timbrar una vez: —¿Estabas esperando mi llamada? —Claro, te estaba llamando, pero me ignoraste – me dice entre risas, pero siento algo de reproche en su voz. —No te ignoré, solo estaba en una reunión. —¿Con Davis? —Sí, es mi jefe. —Entiendo, espero que no te ponga a trabajar mucho. —No me pesa mi trabajo, amo lo que hago. Pero ese no es el tema, ¿Por qué llamabas? —Bueno, tu carro ya está reparado. Espero que no te moleste, llame a mi mecánico – no me agrada la idea, aun así, se lo agradezco. —Está bien, gracias. Luego me das la factura. —No es neces… —Ni te atrevas a decirlo, acepte las consultas, pero esto no. —Bien, igual no ganaré, ¿Verdad? – vuelve a reír. —No.

