Llego a los parqueos de la empresa cuando escucho mi celular sonar; sin ver la pantalla, tomo la llamada, y del otro lado escucho a mi amiga Lucia:
—¿Ya llegaste a la empresa? ¿Qué pasó? —comienza a preguntar.
Ella es la desesperación hecha persona.
—Acabo de llegar, me estoy parqueando, no te preocupes —trato de calmarla; debe de estar más nerviosa que yo.
—Sí lo sé, es que ayer te sentí muy preocupada —y si lo estaba, durante estos dos meses estábamos en algo parecido a la negación. —Aún eres socia del spa, así que tienes dónde ir.
—Sí lo sé, pero todo saldrá bien, ya verás. Te dejo, te quiero.
—Yo igual.
Le cuelgo y tomo mis cosas para entrar a la empresa.
Conozco a Lucy desde hace diez años; trabajaba en su spa. Ahí adquirí muchos conocimientos acerca de cuáles productos en realidad necesita una persona para cuidar su piel. Después de un tiempo ahorré lo suficiente, y cuando se divorció, decidimos asociarnos; hasta el momento nos ha ido muy bien, pero el spa no me dará la proyección que quiero.
Aunque en Cosméticos Amber aún no he formulado mi propia línea, ya estoy en el negocio. He acompañado al señor Moronta a varias reuniones; yo comienzo a relacionarme con personas que están directamente en este mundo.
—Daidai, qué bueno que llegaste; el señor Moronta estaba preguntando por ti.
Quien me habla es Ashley, una joven de veinticuatro años con mucha energía, pero es una buena chica. Aún no sé de dónde saco ese apodo.
—¿Ya está aquí? Pero si faltan cinco minutos para las ocho —digo mirando mi reloj.
Ella se encoge de hombros.
—Él, desde que llego, ha estado dando órdenes; me entregó una pila de documentos
Me imagino; para él no debe ser fácil dejar lo que construyó por muchos años.
—Entiendo, bueno, dejo esto en mi cubículo para luego ir a su oficina.
Trabajo en el laboratorio, pero hace unos cinco meses también me he involucrado en la parte administrativa; si quieres un negocio, debes conocer todas las funciones de una empresa.
Hice cursos técnicos para tener una idea de cómo trabaja cada área. En estos momentos estoy con el equipo de ventas; sin embargo, también trabajo en las fórmulas de los nuevos productos. Estos serán dirigidos a los pequeños de la casa; este lanzamiento contará con cremas, jabón y productos para el cabello. Mis hijas fueron mi gran inspiración, por eso se llamará Dia&Noche.
—Muy bien, Ash, vamos a ver qué quiere nuestro jefe —digo y salimos con dirección a la oficina del señor Moronta.
Ashley se queda en su cubículo; yo toco la puerta antes de entrar y, al escuchar que me dan paso, entro para toparme con la mirada perdida que refleja tristeza del señor Moronta.
—Señor Moronta, ¿me solicitó?
Él levanta la cabeza para prestarme atención.
—Sí, Dahlia, te puedes sentar —hago lo propio.
—Sabes algo, toda mi vida la pasé trabajando por esta empresa. Perdí mi matrimonio por ella, no tuve hijos; en resumen, no hice nada más allá de esto —señala todo a su alrededor—. Nunca dije el motivo por el cual vendí una empresa próspera y sin problemas económicos; lo hice por la soledad, porque ya no se siente satisfactorio estar en esta silla. Me di cuenta tarde, pero dicen que cada cosa llega a su momento, ¿no?
—Es lo que me dice mi abuela todos los días; yo quiero creer que es así.
Él intenta sonreírme.
—Bueno, la razón de que estés aquí es porque necesito tu ayuda nuevamente. Hace dos meses colaboraste con el reporte que le entregamos a John; al parecer, quedó impresionado con la persona que lo hizo —abro los ojos a más no poder. No puedo creer que le haya dado el visto bueno a mi trabajo. —También le hablé de la nueva campaña y, como tú estás involucrada en ella, tu concepto le gustó bastante.
—Bueno, yo… no sé qué decir —en serio no lo sé.
—No tienes que decir nada, te has ganado todos esos reconocimientos, haces más por la empresa que el tonto de mi sobrino, otra razón por la cual venderla —y en realidad, es un inútil. Aún recuerdo lo furiosa que estaba su hermana cuando le dijo que vendió la empresa; ella creía que la iba a heredar. —John quiere los informes actualizados, necesito que lo tengas listo para las doce del mediodía. ¿Crees que puedes?
Mi mente dice no, pero mi boca dice…
—Sí, claro que sí.
Él sonríe con satisfacción.
—Bueno, era todo, a trabajar, dile a Ashley que te apoye en esto.
Es su última sugerencia antes de que salga de su oficina. De inmediato voy hacia el cubículo de Ashley para darle unos encargos y ponernos en acción.
Tener este tipo de encargo es mucha responsabilidad; no obstante, me resulta gratificante saber que John Davis elogió mi trabajo; es todo lo que necesitaba saber. No quiero ilusionarme, pero quizás mi puesto en la nueva administración esté asegurado.
—Ya llamé a todos los departamentos, ellos mandarán sus reportes, excepto uno —informa Ashley parada frente a mi cubículo.
—Déjame adivinar, la insufrible —digo con fastidio. Ella es la contable de la empresa, pero es una mujer altanera e irritable. No es muy profesional hablar de un compañero; sin embargo, ella es un caso aparte. —Está bien, yo me encargaré de ella.
Decido ir a su oficina.
¿Ella será consciente de que todos los puestos de trabajo están en peligro? Tengo que hacer un informe en menos de cuatro horas; no tengo tiempo para perderlo con ella.
Camino al ascensor mientras en mi mente voy ideando reproches para elle y, de manera repentina, choco con algo duro. Observo cómo en el piso hay una especie de líquido marrón con olor a café.
¡Ay, Virgencita!, pero si es café, quiere decir que choqué con una persona, así que levanto el rostro y cómo quisiera que me tragara la tierra en este momento.
—Di.. di … Disculpe, señor Davis —digo con voz nerviosa.
No es para menos: choqué contra mi nuevo jefe y no solo eso, sino que también derramé en su fino y costoso traje de diseñador café.
Él me observa con mirada severa; pareciera que quisiera decirme tantas cosas, pero al final solo dice…
—Señorita, ¿acaso no se fija por dónde va?
A pesar de mi nerviosismo y de su expresión de desaprobación, optó por no dejarme intimidar.
—Señor Davis, creo que ambos estuvimos distraídos —le digo firme.
Él hace una casi imperceptible reacción de asombro por mi respuesta.
—Mejor dejémoslo así —dice en tono cortante. —¿Será que me podría decir en dónde está la oficina de Diego?
Pregunta, aún furioso, y no es para menos; el café debió de estar caliente.
—Claro, es al fondo a la derecha; ahí encontrará su secretaria.
—Gracias.
Es lo único que me dice antes de pasarme al lado, momento en el que puedo percibir el aroma a su perfume mezclado con el olor a la bebida caliente que fue vertida sobre él.
—Él tiene unos lindos ojos azules; lástima que sea tan malhumorado —digo mientras lo veo caminar con sus pasos firmes, sus anchos hombros que podrían sostener a cualquiera. ¿¡Qué estoy pensando!? —Dahlia, concéntrate —me reprochó mientras subo al ascensor.
Hace mucho saqué de mi vida las relaciones amorosas; claro que salgo de vez en cuando, no obstante, esto no es mi prioridad. Estoy enfocada en mi familia y mis proyectos; mis experiencias con los hombres no han sido las mejores, no permitiré que lastimen a mis hijas, las cuidaré como me hubiese gustado que me cuiden a mí.
Aún le estoy dando vueltas a la visita del señor Davis; digo, ya es su empresa, puede venir cuando quiera, pero aún no tengo el consolidado de los reportes, y por lo ocurrido hace un momento no creo darle una buena impresión; espero que eso no me afecte.
Salgo de mis pensamientos cuando llego al piso; voy a la oficina de la insufrible y, cuando voy a tocar, escucho gemidos.
—Pero esto, ¿qué es? —y por primera vez entro sin tocar; debo decir que me hubiese gustado hacerlo solo para no presenciar la escena que está ante mis ojos—. Disculpen, ¿no saben que hay moteles para hacer eso?
Me tocó ver cómo el mensajero y la contable, que es quince años mayor que él, se besan apasionadamente mientras ella está sentada sobre el escritorio. Y ese no es el inconveniente; el problema aquí es que están en la empresa, ella está casada y él es novio de Ashley.
Ellos, sorprendidos, se separan; la veo arreglarse la falda e intenta decirme algo, pero la detengo.
—Oye, a mí no tienes que darme explicaciones, ninguno de los dos me importa, solo quiero tu reporte —ella siente y me pasa una carpeta. —Bien, en cuanto a ti —señalo al mensajero. —Tienes dos opciones: o le cuentas a Ashley sobre tu aventura o se lo cuento yo.
Los dejo sin darles la oportunidad de decir algo; el caso es que no me interesa nada de lo que puedan decir. Me encuentro vergonzoso que hagan estas cosas en la oficina, sobre todo ellos, que supuestamente tienen un compromiso con otras personas.
¡Por favor!, ¿en dónde quedan los valores?
Al abrir la puerta, me topo con mi antiguo y nuevo jefe; me quedo helada. ¿Será que escucharon todo?