Capitulo 4: ¡De muy mal humor!

3177 Words
Narra Katier A pesar de que es un poco complicado, he podido mantener mi empleo durante un mes. Entre el hospital, la guardería y la empresa he logrado escaparme de esa persona. Como también he logrado evadir las preguntas de mi amado y querido jefe. Pensando en él, hoy no lo he visto, decido mirar hacia su oficina que queda justo detrás de la pared con ventanal que esta frente mis ojos. Decido asomarme y lo encuentro cuestionándome con su mirada, shh ¿Cuánto dinero ganara mirándome? A pesar de que han sido unas cuantas semanas, sé que llegara el momento en el que me tocara explicar la situación. Aquel día basto con decirle que se limitara a tratos laborales. Pero viendo los quisquillosos que es, no se queda con esa y no pierde la oportunidad para preguntar sobre ello. Estas semanas libre de golpes, me han funcionado bien, mis heridas son menos y puedo moverme con facilidad. Por lo menos eso está bien. Por otro lado, la condición de Lisley no mejora, recordándola es otro asunto que debo cubrir bien, ya que mi jefe sospecha de mí. Recuerdo perfectamente ese día. —seguro que eres Lisley _ preguntó con los brazos cruzados, su expresión me indicaba que no creía en nada de lo que le decía. — ¿Qué?_ me había preparado psicológicamente para esa pregunta, así que no deje mostrar ninguna emoción de sorpresa ni nervios que pusieran en duda mis palabras. —En mi concepto, alguien que ha estudiado profesionalmente como ella, no se dejaría golpear inútilmente de nadie._ y sin dejarme oportunidad de responder se largó. Los siguientes días, fueron realmente duros, a cada momentos sus palabras me hacían sentir como alguien verdaderamente estúpida. ¿Por qué he aceptado golpe durante los últimos 2 años? ¿Fue donde empezó? ¿Realmente soy la culpable de todo? Desde mi perspectiva, creo que lo he aceptado como un castigo por todo el daño que le hice a mi familia. Vuelvo a la realidad del presente y es cuando me fijo que no he apartado la mirada de él y para colmo tengo a una persona frente de mí. —Disculpa, ¿cuánto más tengo que esperar por una respuesta?_ un chico alto de ojos claros y piel clara se encuentra realmente enojado. Parece estar esperando por una respuesta de una pregunta que no escuche. —Umm, disculpe, ¿en qué le puedo ayudar?_ le regalo una sonrisa tan falsa que le disgusta. En vez de responderme se gira y entra la oficina de mi jefe sin pedir permiso. Me levanto rápido y le sigo. —Disculpe pero no puede entra así _ demasiado tarde, ya estaba dentro y para cuando quise terminar de hablar, estaba sentado frente al escritorio de mi jefe, quien no se veía nada contento. — ¿Que te trae por aquí?_ el tono de su voz era demasiado elevado, la visita no le sentó bien—Te puedes retirar Lisley. Le hice caso de inmediato, no tenía otra opción. Me devolví  a mi escritorio a terminar lo que estaba haciendo. A los 10 minutos veo salir al chico de antes demasiado furiosos. Tanto que lanzo la puerta al salir y las personas que estaban cercas se sobre saltaron. En eso escucho un fuerte ruido proveniente de la oficina de mi jefe, intente mirar por el ventanal pero lo había cerrado así que decidí entrar. La escena es bastante aterradora y familiar. Hay papeles en todas partes, su computadora esta fuera de su escritorio hecha pedazo, creo que recuperar su disco duro, no será nada fácil. Él se encuentra alterado, su corbata esta suelta y los primeros botones de su camisa están desbotonado. De su mano sale sangre y tiene varios pedazos de vidrios clavados en la palma de la mano. Parece ser los restos de lo que era un vaso. Me gire y cerré la puerta con seguro, tenía idea de lo que probablemente este sintiendo así que lo mejor es no decir nada. Recogí cada uno de sus papeles y los puse en su lugar, mientras él estaba con la mirada perdida sentado en su silla ignorando por completo su herida. Busque el botiquín de primeros auxilios y sin pedir permiso me acerque a él, tome su mano entre las mías, se resistió  pero fui persistente. Después de curar su herida y recoger los restos de vidrio le  deje solo. — ¿Zxac?_ la gerente de empresa llega corriendo a la oficina, preguntando por él. Ya me encontraba en mi escritorio y recordando lo que el jefe me dijo (-No quiero que nadie me moleste) antes de salir. Le respondí a ella negando con la cabeza. Ella lo entendió y después de dar una mirada de nostalgia se fue. El resto del día fue sombrío y tenebroso. Un silencio sepulcral invadió todas las oficinas, hasta podía escuchar la respiración más suaves del vigilante que siempre se duerme. Al día siguiente mi jefe llego de muy mal humor, entro sin saludar y lanzo la puerta. ¿Por qué se la desquita con nosotros?, shh. Ignoro su comportamiento y me concentro en mi trabajo. Desde que la junta directiva acepto la idea del jefe, que viene siendo mi idea, las cosas han fluido, pero justo ahora hay un problema, el ingeniero a cargo renuncio y por algo siento que la responsabilidad caerá sobre mí. Me distraigo en un momento por el sonido del teléfono. — ¿Si?_ contesto, después de tres tonos. —Ven con los documentos de los ingenieros_ cuelga antes de que pueda responder. Vaya pareciera que yo tuviera la culpa de lo que paso. Ni siquiera sé de qué hablaron esos dos y él se la desquita conmigo ¿Qué le pasa? Imprimo los papeles lo más rápido que puedo, no sea que si demoro 30 segundo más, al idiota de mi jefe le puede dar un derrame cerebral. No sabe que enojarse de esta manera solo altera su sistema inmunológico lo que lo hace más vulnerable. ¿Ahora te preocupa su estado de ánimo? Por supuesto, ¿no ves la cara de vieja amargada que trajo? Tú no le prestas atención a eso. Shh por supuesto que le prestó atención, de eso depende mi trabajo. Hasta ahora lo has tratado como piedra en el zapato, y dices que es por tu trabajo, ¿estas segura? —En que piensas_ levanto mi mirada y me doy cuenta que hace 2 minutos la impresora termino. Tiert el vicepresidente de la empresa está junto a mí cuestionándome con su mira, parece que necesita imprimir algunos papeles. —En nada_ contesto y me retiro de una. Ufff ¿en qué diablos estaba pensando? Mi jefe me va a comer vivía. Toco la puerta de la oficina de mi jefe y un adelante nada amble se escucha del otro lado. Entro y encuentro la oficina en penumbras, solo un pequeño rayo de luz entra por una  rendija de la ventana que  da a la calle. Él está de espalda mirando detenidamente ese rayo de luz. — ¿Qué demonios te tomo tanto tiempo?_ gruñe girándose para encontrarse con mi rostro. Shh esto parece una película de terror así que decido terminar de abrir las ventanas. Eso lo pones más furioso — ¿Quién te dio permiso de hacer eso? ¿Te crees la dueña o qué?_ termina gritando. Le sonrió falsamente, lo que le distrae, me acerco a su escritorio y pongo los papeles en la mesa. —Aquí esta lo que pido, y demore porque lo estaba imprimiendo_ me detengo para recordar su otra pregunta—no me creo la dueña de esta empresa, si lo fuera usted no sería mi jefe, eso sin duda. — ¡Tu voz es asquerosamente irritante!_ comenta mirando los papeles que deje en la mesa. Decido no comentar al respecto, no quiero crearme un problema. ¿Por qué estoy tan sensible hoy? Es donde lo recuerdo, desde que me levante esta mañana en el hospital siento algo en mi estómago que he intentado con toda mis fuerzas  ignorar. Esa sensación que le indica a mi cerebro que hay un problema, un fuerte presentimiento que justo ahora se ha hecho más fuerte. Deje el niño en la guardería y todos los días doy indicaciones de que solo yo lo puede recoger, nadie más. Eso por un lado me mantiene segura pero por otro lado algo me dice que debo estar alerta. A pesar de que ha sido un mes desde que Lisley está en el hospital y que no he vuelto a esa casa, existe una pequeña posibilidad de que el ataque al niño. —No vas a responder_ pregunta mirándome fijamente, le sostengo la mirada sin vacilar — ¡Eso es nuevo en ti! Se burla y se levanta de su asiento, rodea su escritorio y se acerca a mí, en eso recuerdo lo de la última vez. El muy descarado se atrevió a besarme y aunque se llevó un buen par de cachetadas parece que no aprendió la lección. —te atreves a pegarme_ se burla mientras se soba en el área adolorida, a pesar de que me hierve la sangre no puedo mostrarle mi enojo, solo me quede mirándole fijamente, pero me encargue de hacerle saber que no me gusto con mis ojos—No creas que me gusto, lo hice para demostrarte que yo puedo romper las reglas. Que te quede claro_ eso fue lo que dijo mientras me empujaba hacia un lado. No me quede con esa y le respondí: rompa las reglas tanto como quiera, pero no conmigo. Su reacción fue bastante peculiar, no esperaba que le respondiera con tanta firmeza, quizás y solo quizás está acostumbrado a que las chicas le caigan rendidas a sus pies como la chica del primer día. Al parecer no se acuerda ni de ella, ya que por estos lados no se ha vuelto asomar. El recuerdo me pone alerta. Esta vez no le dejare hacer lo que quiere. —Entre más te miro, puedo notar tu exceso de maquillaje_ se perfectamente a que se refiere. Pienso contestarle para evadir el tema, pero prefiero ignorarle y hacer como si no hubiese escuchado nada de lo que dice. —Si quiere puedo volver a cerrar los ventanales _señalo detrás de él, pero el muy descarado ni se inmuta—Había olvidado que tiene ciertas habilidades. —No te equivocas para nada_ responde a mi comentario. — En la cama son mucho mejor, ¡te sorprenderías! _ rodea el escritorio sin apartar su mira de mí. Empieza un juego de mirada, el busca intimidarme y desbordar mis nervios, pero no se lo permito, levanto levemente la comisura de mis labios haciéndole saber que le he odio perfectamente. —No lo dudo_ contesto después de un par de segundos, como si de un amigo se tratase, me senté frente a él sin que nada nos separase. —Sin embargo, comparadas con las mías, se queda corto_ me levanto quedando inclinada a él y le hablo suavemente— Soy adictiva, eso dicen mis ex. Agranda sus ojos, como si no pudiese creer lo que acaba de escuchar, no sabe qué hacer ni que decir y pronto se vio vencido ya que desvió su mirada y se alejó de mí. Siento un aura de vencedora, ¿Quién se creyó que era? ¿acaso pensó que me intimidaría por eso? ¡Qué equivocado! En mi escuela era conocida por ser una de las chicas más seductoras, lástima que deje de serlo después de todo este  hoyo en el que he caído, incluso me sorprendo al encontrarme haciendo este tipo de cosas con mi jefe, pero el muy descarado se lo busco. No sé qué demonios es lo que quiere averiguar. Parece que no puede olvidar lo que vio y yo daría lo que fuera por que no preguntara más y dejara el tema allí. —Esto_ dice mostrándome los papeles que acaba de traer—¿Qué son? Ya hasta lo olvide_ termina de decir carraspeando su garganta. sus ojos ahora unos poco más chicos y su mandíbula tensa me deje ver el cambio de humor que experimento en cuestión de segundo. Punto a mi favor. —Son los documentos de los ingenieros. —Ha ya recordé, el ingeniero renuncio al hacer cambio de planes, hay que reemplazarlo por uno mejor, así se arrepentirá de haberse ido_ lanza los papeles de nuevo a su escritorio. Pone sus manos sobre su escritorio inclinándose un poco hacia delante dejando todo su peso sobre sus pies. —¿Qué tal si contratamos a Robert Cartell señorita Lisley? No podía ser verdad, tenía que ser una maldita broma, mis nervios perdieron el control al escuchar ese nombre, preciso tenía que ser ese nombre el que mencionara ahora. De todos los ingenieros que pueden haber, este que solo estudio ingeniería por diversión y a la que nunca se ha dedicado; es el que mi amado jefe decide proponer. Pero ¡¿Qué demonios se ha fumado? ¡ —Parece tener buenas calificaciones, ¿no lo cree? _ me lanza una hoja de vida, la cual tomo resignada y mentalmente quiero matar a mi jefe. Observo la hoja de vida y me toma unos segundos darme cuenta de que no se trata de una hoja de vida si no de un historial, el historial de mi familia, el lugar donde vivo, el nombre de mi padre el de Lisley y el mío, a que nos dedicábamos, estaba todo. —¿Me ha investigado? _ cuestiono un poco indignada al ver semejante atrocidad. ¿Este quien se ha creído que es? Si sé que está en todo su derecho de investigar a sus empleados, pero los nervios están a punto de traicionarme y más al no tener ni la más remota idea de hasta donde sabe mi jefe de mis mentira y enredos. Podría meterme en graves problemas legales eso llevaría completamente a la ruina todo lo que he logrado hasta ahora, que es quizás nada. —Si tanto desconfía de mi ¿para que me tiene trabajando aquí? ¿no hago un buen trabajo? —Eres un poco sospechosa para mi gusto Lisley…. —No le permito que me tute, usted y yo no estamos en ese nivel, así que le exijo que me respete y no sea igualado —¿Igualado? ¿Eres estúpida o qué? _ resopla bastante enojado —mira el lugar que pisa niñita, a ver si te fija quien es la igualada aquí, me irrita y me pone de mal humor el solo verte todos los días, si por mi fuera ya estaría lejos de este lugar porque no te soporto, no soporto que te las tires de la muy fuerte y en tu casa te dejes golpear por ese bastardo que tienes por…. Se caya al escuchar el sonido de mi teléfono, los dos estamos bastante alterados y los demás están asombrados de nuestros gritos dentro de la oficina. —Contestare esta llamada_ le digo para atender, haciendo una fuerza inmensa para no derramar las lágrimas que quieren rodar por mi mejilla. a él no le quedó más remedio que alejarse. Se sostiene de su escritorio mientras cruzas sus brazos a la altura de su pecho y no aparta la mira de mí. Al ver de dónde provenía la llamada, supe entonces a que se debía mi presentimiento. No tuve más opción que clavar mi mirada al piso para que no se diera cuenta de mi cambio de estado, pase de estar furiosa a nerviosa y no era para mas. —Señorita cárter el padre del niño vino a buscar a Jemix, tenía un permiso escrito. —Gracias por informarme_ conteste sin que me temblara la voz. Por un lado me sentía aliviada ya que no era quien esperaba que hiciera esto. —Bien, solo le llame para informarle_ termina de decir la chica y cuelga la llamada. Hasta entonces, me doy cuenta de lo tensa que estoy, ni siquiera tengo aliento para moverme de mi puesto. — ¿Algún problema? _ Que más le da a este después de todo lo que dijo, su semblante cambio un poco, me observa buscando algún indicio en mi rostro, pero se frustra al no encontrarlo. —He no, es….._ No término de hablar ya que el sonido de mi teléfono me vuelve a interrumpir. Esta vez es la recepcionista de la empresa quien me habla. —Secretaria Lisley, una persona un poco extraña la está buscando_  la suave voz de la chica tiembla mientras habla, y me da una idea de quién puede ser. —Ok, ya bajo_ cuelgo la llamada y sin darle oportunidad a mi jefe de pregunta salgo corriendo de la oficina. Baje por las escaleras al ver que el ascensor demoraba mucho. Me sentía impaciente y el miedo me invade. Cuando baje allí estaba él, su rostro da miedo, sus cejas fruncidas y sus ojos chispeantes reflejan su deseo aterrador. Sus ropas desgatadas y el hedor a alcohol que le invade, apesta por todo el lugar. Para mi suerte no hay nadie aparte de la recepcionista. —Hasta cuando pensaba ocultar que trabajas_ grita asustando a la pobre chica que tenebrosamente toma el teléfono en sus manos. Le hago seña de que lo deje estar y me obedece. Cuando volteo me doy cuenta que el niño está allí, sentado en la sala de espera, intentando con todas sus fuerzas no dejar salir una lágrima que se asoma en sus grandes ojos de color miel. Le sonrió amablemente para indicarle que todo está bien. El asiente con su cabeza y clava su mira a él y yo hago lo mismo. —No piensas responder_ su mano aterrizó en mi mejilla al ver que no le contestaba y fue suficiente para que el niño empezara a llorar —quiero dinero ahora. No tenía otra alternativa que darle dinero, estaba drogado así que no se acordaría de ello luego. Si no quería un escándalo ahí, debo dárselo, pero había dejado mi bolso en la oficina. Si le decía que esperara no me iba a creer, no tuve más opción que acercarme a la recepcionista y prestarle dinero de la caja. Ella acepto después de asegurar  que se lo  devolvería en 15 minutos. Después de entregarle el dinero se marchó sin decir una palabra, su comportamiento es bastante extraño, siempre que esta así, recurre a los golpes, pero hoy solo pidió dinero sin decir nada más. Sin culparme de ello, sin atacarme. Dejo de pensar en eso y tomo al niño en mis brazos. Apenas el desapareció, Jemix dejo de llorar, se acomoda en mis brazo y oculta su rostro contra mi cuello. Teniéndolo allí, no había más opción de que se quedara conmigo, lo que resultaría en despido con seguridad. Los menores de edad están prohibidos aquí y el solo tiene 3 años. Subo el ascensor y entro a la oficina de mi jefe que al verme abre su boca en sorpresa…    
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