Universos

1853 Words
—Sí, tienes cara de puberta enamorada. Es evidente que quieres probar más de ella. No tienes idea de cuánto me alegra. —A ver Andy –Valentina recapituló todo– te he dicho que soy gay y no te has inmutado; te he confesado que la tengo con mentiras a mi lado y no me has refutado nada. Necesito escuchar la voz de mi conciencia, y, ¡hey! Para eso te cité aquí. –concluyó mirándola demandantemente. —En primer lugar y más importante, está lo de tu enfermedad, debes contarles a tus padres, pero sé que no lo harás hasta que tengas, aunque sea, otro punto de vista de los especialistas que tienes listados. En eso estamos claras. Valentina prestó atención asintiendo a ese resumen, el cual era fidedigno. —No puedes viajar sola. Eso sería contra producente. No lo dejaría que lo hicieras ni loca –la miró para enfatizar–, por eso me parece perfecto que mi cuñada te acompañe. –espetó. —Andy… —Vamos… te presentaras ante ella como una escritora, es bien no es falso, quieres escribir tu libro y ella es fotógrafa las dos son artistas, ella de imágenes y tú de letras, la sensibilidad las ayudará a complementarse –usó un doble sentido camuflado–. Sólo te tendrás que comportar como una mortal más ante ella, claro quitando –comenzó a contar con sus dedos– como veinte ceros a tus saldos bancarios. –rio. —A veces, excedes con lo exagerada que eres, ¿sabías…? –dijo divertida, ambas rieron. —Pero Valen, es definitivo, debes buscar el momento perfecto de decirle de tu enfermedad antes de tener sexo con ella. —¡Por Dios! ¿Todo contigo gira alrededor del sexo? —Amiga, es que cuando lo hagas con ella ya no habrá vuelta atrás… si estás así con apenas besarse, no me imagino hasta después que te haga correr más de una vez en una noche. –gozo mentalmente la situación. —No tienes compón alguno… por cierto, ¿cómo sabes tanto del tema? –indagó disimuladamente. —Soy hetero, lo sabes. Pero no quiere decir que no esté documentada del tema. Una noche con ella, así como estás tú ahora, te hará volar hasta la estratosfera como fuegos artificiales –aseguró–. Es más no se comparará en nada a lo que sentías con el imbécil de Lucho. —Andy es que, con un sólo beso, ella superó con creces lo que pude sentir con él. –confesó sinceramente delineando una sonrisa de oreja a oreja. —Ves, ese es mi punto. Tendrás que ser sincera con ella antes de que ya no haya vuelta atrás y le hagas daño a ella y te destruyas tú. Valentina quedó pensando en esas palabras. Sus pensamientos se fueron sincerando internamente. Necesitaba hablar cuanto antes con ella. Se disculpó con su amiga y buscó su celular, le escribió un mensaje a la morena para saber si ella podía llegar a esa locación, enviándole los detalles a su vez. —Bueno, si se le pasa la rabieta vendrá aquí, estamos cerca de una de las galerías que frecuenta aquí por trabajo. —¿Rabieta? Carvajal, ¿ya estás desquiciando a mi cuñada? –la interrogó con cierto grado de reproche. —Es que ahora nos besamos y yo no quise hablar del tema, me escondí en mi cuarto al llegar a casa… Ella cree que la estoy rechazando –su amiga la miró con enfado ladeando su cabeza con pesimismo–, pero no es así. Me dejó una nota que hoy volvería en la noche a buscar sus pertenencias y que si quería echar para atrás mi propuesta ella lo entendería. —Valentina… No, por favor, lo peor que puedes hacer es no hablar lo que surge en el momento. Tienes que arreglar esto. Sonó el celular, Juliana le respondió que llegaría en quince minutos. La calmó, le alegró el alma. —Vendrá. –dijo alegre. Siguieron conversando, la rubia le pidió a su amiga que se encargará con su asistente de redactar un contrato con las especificaciones que le enviaba a su correo. Debía formalizar la relación de trabajo con la fotógrafa para formalizar todo. Igualmente le dio otras indicaciones para que la ayudara con ciertos asuntos, de su viaje entre otros asuntos. Una vez más su amiga sería su mano derecha para todo lo que tenía planificado. Pasaron los minutos y Juliana llegó al establecimiento, divisando a la hermosa rubia después de dar unos pasos y quedarse parada para admirarla. Ya eran las cinco de la tarde, y aunque su día había sido un desastre desde que se puso a pensar de más, ver a la ojiazul la reconfortó. Se detuvo antes de entrar, tomó aire y continuó. Una vez dentro. Ella cruzó su vista y la dejó fija con ella cuando sintió la mirada achocolatada sobre ella desde donde estaba parada y sonrieron mutuamente. Juliana salió de su trance y siguió hacia la mesa. La presentó con su amiga, la cual quedó maravillada con la morena, era más guapa de lo que se podía haber imaginado. Y ante la mirada de ambas decidió salir de escena, sólo le pidió a la morena su número para contactarla para que leyeran y firmaran el contrato de sus servicios. Andy, las dejó solas, era muy evidente que estaba de más allí. Se marchó alegre por su amiga, aunque preocupada por el asunto de su padecimiento. —¿Quieres un café o algo? –le preguntó. Juliana la miraba pensativa sin borrar su sonrisa sutil. —Tengo una mejor idea, ¿quieres caminar conmigo? Valentina asintió, pidió la cuenta y canceló dejando la propina correspondiente al tiempo que usaron del sitio. Se incorporó y Juliana la tomó de la mano para que salieran del local. Las sensaciones de caminar con ella tomada de la mano, la llenó de cierta satisfacción que oxigenó cada uno de sus átomos, sí, era el sitio donde pertenecía, no quería caminar con más nadie a su lado, iba pensando para sus adentros mientras avanzaban y platicaban tranquilamente mientras divisaban la puesta del sol sobre el Brooklyn Brigde. —No me gustó tu nota. –soltó luego de recibir un algodón de azúcar que le dio la morena, en una parada que hicieron luego de caminar varios minutos. —No sabía cómo interpretar tu silencio. –se defendió. Estaban hablando con naturalidad, —Yo… yo lo lamento. Entiendo que debas estar descolocada por mi actitud. Pero entiende, esto es nuevo para mí. —¿Qué es lo nuevo? –preguntó la morena mientras saboreaba de su golosina y perdía su vista hacia las profundidades del mar. —Esto –suspiró–, estar aquí contigo y sentir la felicidad a flor de piel. –confesó. Ganando la mirada alegre de la morena. —Tú… —Juliana, no sé qué ha pasado conmigo desde que te conozco. Me encantas, me fascinas… –en una fracción de segundos la morena estaba frente a ella– Tus besos… –miró los labrios de la morena y ella sin dudar cortó la poca distancia entre ellas y la besó, lenta y cándidamente, era un beso aterciopelado, sin prisa. La morena llevó sus brazos rodeando la cintura de la rubia y la acercó hacia ella. Valentina colocó sus brazos en el cuello de la morena y dejó que ella profundizara el beso, dándole permiso para entrar con su lengua y apoderarse de la poca voluntad que le guardaba en defensa hacia ella. Soltando un gemido que se grabó en la mente de Juliana como su sonido preferido. El beso pasó a ser más apasionado, haciéndoles olvidar por unos instantes donde estaban. El aire lo recuperaban por fracciones para no interrumpir el contacto por completo y dejar escapar ni un tris de las sensaciones al contacto. La ojiazul aun y cuando estaba perdida en los encantos de la ágil lengua de la rubia en su boca, y estaba bajo los efectos de una corriente embriagadora de felicidad que recorría su cuerpo, llevó sus manos al pecho de la rubia, dejando que las palmas extendidas le indicaran detenerse. Juliana detuvo el beso, dejando juntas sus frentes mientras recuperaban la respiración, y se regalaban una tierna sonrisa mutuamente. —Princesa, estoy consciente de que esto sea nuevo para ti. Te aseguro que para mí también, nunca pensé encontrar en ti lo que tanto anhelaba mi alma –le dio un besito–, pero quiero dejarme guiar por mi corazón… –se separó un poco y tomó las manos de la rubia que descansaban en su pecho, el cual estaba completamente agitado. —Y –prosiguió– mi corazón me dice que esté a tu lado y a tu ritmo, no te quiero presionar –levantó sus manos llevando los nudillos de la rubia hacia sus labios y los besó–. Quiero descubrir este nuevo mundo contigo, sin prisa, sin miedos. –cerró con un beso. —Juls, yo… yo lo quiero descubrir contigo también. Gracias por entenderme y enseñarme. Necesito tiempo para asimilar todo y para que nos conozcamos mejor, antes de estar seguras de todo... –la besó, mientras lamentaba de lo que ella tendría que conocer de Valentina Carvajal. —Será como tú lo quieras princesa. A tu ritmo, en tu tiempo, a tu manera –le sonrió–. Te aseguro que no quiero estar en ningún otro lado. Valentina suspiro de alegría, le dio un beso y se refugió en su cuello, se escondió allí, su nuevo lugar favorito, su refugio y agradeció al destino por llevarla allí, justo allí, se sentía agradecida inmensamente por lo que le había traído a su vida. —Princesa, quiero tomarte una foto, antes de que se oculte el sol. –ella asintió emocionada y posó para su encantadora fotógrafa. Luego le tomó otras, sin llamar la atención de la rubia, eran las que estaba acostumbrada a captar con su lente y siempre amaba el resultado. Siguieron disfrutando de su compañía y ya regresaron hasta donde las esperaba el chofer, iban alegres, plenas, se habían sincerado, en parte. Respetando el espacio de cada una. Durante todo el trayecto no separaron sus manos, o Valentina no dejaba el brazo de la morena para nada, estaba segura que jamás había llegado a sentir la compañía de alguien tan placenteramente, no quería despegarse de la morena. Ella que siempre había rehuido de cualquier clase de afecto en público, de cualquier persona que no fuese su padre. Pero en esta ocasión estaba segura que estaba frente a un universo nuevo, el del amor y estaba segura que quería perderse en él. Juliana estaba dispuesta a dejar que su saquito de huesos no llevara el control, con Valentina no podía ir a su velocidad acostumbrada, era una hermosa princesa que merecía ser tratada como la más hermosa y delicada de las flores. La vida le había sonreído al dejar llegar a su lado al más preciado tesoro, su infinito universo azul el cual estaba dispuesta a explorar lentamente.
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