Propuesta

1646 Words
Ella se fijó a través del espejo que Juliana cerró sus ojos y estaba olisqueando su cabello rozando su nariz en ella, aspirando la fragancia y expirando tan cerca de ella que sentía su aliento quemar la zona de su cuello, ella hizo lo mismo cerró sus ojos y se dejó llevar por las sensaciones, nunca había sentido algo parecido con la cercanía de alguien, estaba desequilibrando todo su sistema. Y reaccionó. —Juliana, Juliana –insistió la rubia al verla perdida en sus pensamientos y tan cerca de ella que generaba una serie de mini espasmos incontrolables para ella, pero de poca percepción para la morena que estaba aún ensimismada. Juliana sale de su trance y sonríe, se acerca más al oído de Valentina, y le susurra: —Eres realmente hermosa –la mira a través del espejo, lleva sus manos a los brazos de la rubia y la acerca más a ella, y le sigue hablando cerca de su oído–. Eres perfecta morrita. –arrastró lenta y sensualmente cada una de sus palabras. Valentina la miró a través del espejo correspondiendo su sonrisa, pero enfatizada en sus ojos, esos de color chocolate, que le parecían irresistibles y que le mantenían la mirada como nadie nunca, y transmitiendo como nadie antes. Juliana se iba acercando más a la parte de su mejilla, sin quitarle la mirada, era evidente iba a besarle la mejilla, que ya casi acariciaba con la suya. Hasta que escucharon un sonido en la puerta, pidiendo permiso entró su asistente y ellas se separaron sutilmente. —Jefa, ya está listo su almuerzo, como lo pidió. –dijo su asistente. —Gracias Clau, cinco minutos y vamos. –la chica se retira y ellas suspiran y torpemente se separan más para empezar las tomas. —Ahora si morrita, necesito que seas tú, simplemente tú. –toma la cámara y comienza a disparar, el obturador sonó varias veces, y Juliana se movía buscando distintos ángulos en cuestión de segundos. —Ahora deja que tu mirada se pierda en el horizonte morrita. –realizó otras más, y estaba extasiada con lo que captaba. —Necesito que tomes asiento, busca tu posición más cómoda. –al verla como se acomodó le parecía muy elegante, tomo unas y le dijo: –Ahora no tan rígida morrita, relájate y sonríe, no tan elegante, se libre. Esas palabras pusieron a pensar a Valentina se abstrajo del momento, “sé libre” se repetía internamente, demandaba ser libre, cada parte de su cerebro le pedía ello, lo sentía en su cuerpo. —Perfecto morrita, has sido genial. –la interrumpió Juliana de sus pensamientos. —¿Te parece? –indagó la rubia. —Completamente. —Vamos a comer mientras mando a sacar el material y verás. Las dos caminaron a hacía la oficina de Juliana, en el camino ella le da indicaciones a su editor de qué hacer con las fotografías y siguen rumbo a su almuerzo. —Me encanta todo. –dice feliz Valentina degustando la comida y degustando un buen vino tinto, agradecía el trago lo necesitaba para calmar todo lo que Juliana le había desordenado. —Me alegra que te guste, no tiene picante, es lo más importante. –cada una soltó una carcajada, al recordar los efectos del picante en ella. Valentina vio la hora de su reloj, asomando lo presionada que estaba por el tiempo, dicha acción, le recordó a la morena que pronto partiría de su lado y le hizo cambiar de ánimo. La rubia se percató de su tristeza. Terminaron de almorzar, y Juliana pidió permiso para responder un mensaje que esperaba. Valentina aprovecho para terminar su copa de vino y tomar valor. “Oh Dios, espero no equivocarme, por favor… por favor…” imploró a su deidad, mientras terminaba la copa. Para poder hablar. —Juliana –consiguió su atención de nuevo–, quiero plantearte algo. —Te escucho. –dejé el celular en la mesa y le presto toda su atención. —Ya te había planteado que voy a empezar a escribir mi libro, y para ello necesito viajar por cuatro países, de Europa y otro de Latinoamérica, Argentina. Juliana asintió sorprendida, no sabía que iba a viajar tanto y eso le causo un dolor en su pecho, por el tiempo que iba a estar lejos de ella. No dijo nada. —Y bueno –prosiguió–, espero poderlo hacer en un lapso de cuatro a seis meses. —Interesante. –sólo pudo decir, pero por dentro esas palabras caían como ácido. —Sé que tú quieres viajar y hacer tu proyecto de fotografía para la nueva exposición y tu libro, que me comentaste –vio como asintió la morena–, mi pregunta o mejor dicho mi propuesta es: ¿Quisieras emprender ese viaje conmigo? Juliana quedó atónita y sus ojos como platos. “Ave María por Dios, ¿la morrita me está pidiendo que vayamos por el mundo juntas? Eso debe ser el vino, estaba adulterado, estoy escuchando mal, muy mal… me tiene delirando.” divagó. —Irías en calidad de asistente de fotografía y edición, pero estarías en total libertad de hacer lo que desees para tu proyecto. —¿Es ss en nn serio? –balbuceó incrédula. “Dios, ¿cómo se siente morir y nacer en un instante así?” se preguntó en base al brinco que estaba dando su corazón. “Sabía que esta idea era locura, y ahora ¿dónde metes la cabeza Valentina? ¿Dónde?” se cuestionó la rubia molesta con ella misma. —Sí Juliana, ha sido sólo una idea, pero piénsalo –se levantó de su asiento, era la hora–, pienso empezarlo en una semana, sé que es muy rápido, pero no dispongo de mucho tiempo –aclaró–. Me encantaría que fueses mi compañera en esta nueva aventura. Y por los costes, mi editorial y uno que otro patrocinador van a cubrir buena parte de los costos del viaje. –mintió sólo para transmitirle confianza por esa gran incógnita ineludible. —Me tomas por sorpresa. Tomaré un par de días para pensarlo, ya que si lo decido así tendría que dejar muchas cosas en orden. –miró a su alrededor. Valentina, vuelve a mirar su reloj, y estira su mano y la estrechan. —Ha sido un agradable placer conocerte Juliana, si no me puedes acompañar, te esperaré en mi país cuando desees –quedaron prendadas de sus manos unos segundos más, mirándose mutuamente– Gracias por el almuerzo. Tienes mi número de contacto y otra vez mil gracias por las fotografías, luego me muestras mi trabajo. –Juliana haló de su mano y la atrajo hacia ella, para abrazarla, era el primer abrazo que se daban, y estaba plenamente feliz por la sensación que se transmitían sus cuerpos unidos en un muy sincero gesto. Ninguna dijo nada por un par de minutos, estaban interiorizando el momento la sensación, las ganas de llorar por alegría y tristeza, eran indescriptible, pero debían disimular. —Morrita el placer ha sido igualmente para mí –le susurró al oído, hasta que se pudo separar–, antes de irte te tengo un obsequio. Vamos. –le indicó para salir, sin mirarla a los ojos directamente, sabe que de hacerlo se inundaran de lágrimas. Caminaron hacia la planta baja y Juliana pidió su encargo, hecho por mensajes mientras comían. Y le entrego un portarretrato con una de las tomas que le hizo anteriormente. Valentina la vio encantada, había quedado genial, estaba casi que sin palabras admirando el resultado de su trabajo. —No he visto todas las tomas, luego te diré si tengo lo que buscaba o no, allí veremos si quedas en deuda Señorita Carvajal. –le dijo sonriente esquivando su mirada. —Mírame –solicitó Valentina–, confío en ti, sé que me dirás la verdad. –le dijo regalándole una tierna sonrisa. Miró hacia la puerta indicando que ya se tenía que ir. —Morrita, ¿te puedo llevar? —No, no hace falta, tengo un servicio de traslado por la empresa, espera por mí. –hablaron camino a la salida. Sus cuadros los llevaba un empleado de Juliana, rumbo al coche que le indicó. —Ahora sí, gracias por todo –la abrazó–, esperaré con ansías tu respuesta. –le dijo aun manteniendo el abrazo otra vez, fuerte. —Gracias morrita por confiar en mi para ello. Apenas tenga la respuesta te llamaré –hizo una pausa para profundizar el abrazo–. Cuídate mucho. Se separaron y caminaron al coche Juliana le abrió la puerta y antes de entrar, Valentina le dio un beso en la mejilla. –Adiós Juliana. —Hasta pronto morrita. –respondió con u na voz quebradiza. Valentina se sentó y Juliana le cerró la puerta, se quedó allí viendo como el coche se alejaba y las lágrimas llegaron a ella, estaba acongojada por separarse de esa persona que le había robado el corazón en cuestión de segundos. Valentina, por primera sentía que una lágrima iba a apoderarse de ella, mientras iba rumbo al aeropuerto. Tenía esperanza de que Juliana la acompañara a su viaje, aunque sabía que la llevaría bajo engaño, está segura, por una muy extraña pero certera corazonada, que sería ella la única persona en la que podría confiar, si en alguno de los tratamientos o exámenes a los que se va a someter por allá sale algo fuera de control. Por ello no disponía de mucho tiempo, es por ello aprovechó lo que significaba que el destino cruzara en su camino a alguien como Juliana Valdés, fue por eso que le hizo la propuesta, por primera vez nada calculado ni medido, sólo a esperas de que resulte ser el apoyo en caso de emergencia en el que pueda confiar.
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