Capítulo 3 - México

1979 Words
Pasaron tres días, luego de que Valentina decidiera dar por terminada su relación con Luis Valencia, en las noticias sociales se manejó este rompimiento como una nota de farándula más; en las familias había creado cierto estupor la decisión unilateral, Valentina no quiso dar las razones del rompimiento a esperas que el mismo Luis les informara. Valentina no había derramado ni una lágrima desde el evento. Las sesiones médicas estaban ocupando su mente en esos tres días, pudo hacer que la trataran sábado y domingo, ello le dio un margen importante de distanciamiento en su trabajo; aunque los sábados eran un día más hábil para ella, las reuniones y compromisos con terceros eran casi nulas, los demás sí aprovechaban de su día de descanso. —Valentina, ha sido todo un éxito, los tratamientos paliativos nos están dando buen resultado –el doctor se reclina en su silla y junta sus manos enlazando sus dedos, apoyando sus codos en los posa-brazos, lleva sus manos a su mentón y respira, sin quitarle la mirada a la ojiazul–, pero debo ser sincero dependiendo de los resultados de los exámenes tendremos la información para comenzar a actuar definitivamente. –explicó, ante una muy atenta Valentina, que se sentía apacible ante todo lo que estaba aconteciéndole. —Entiendo eso lo tengo claro no te preocupes. –respondió calmadamente. —Bueno, el martes tendremos todos los resultados –el doctor seguía en estado de admiración y preocupación a la vez con su paciente, decide suavizar su papel–, Valen, si deseas expresarte, hablar de todo esto considérame tú amigo, te conozco desde que eras una niña, sabes que te aprecio y estimo a tu familia, si necesitas desahogarte hazlo, estoy aquí. –animó el galeno para tratar de que hablara, sabía que no había comentado esta situación con nadie. —Te prometo que estoy bien, estoy tratando de sacar lo mejor de todo esto –lo mira profundamente, está vez él pudo conectar con ella por unos segundos mientras hablaba, notó sinceridad y mucha tenacidad–. Aunque el futuro sea incierto, te aseguro que estoy bien, sólo medito acerca de mi situación. –explicó con suma seguridad. —Perfecto, eres digna de mi admiración, y mi ofrecimiento sigue en pie. Y dependiendo de los resultados igualmente cuenta con todo mi empeño y esfuerzo profesional para buscar la mejor opción posible. –dijo incorporándose de la silla para ir rumbo hacia la rubia que hacía lo mismo; eran las siete de la noche, fue un fin de semana muy largo. —Sé que eres el mejor, y por algún motivo del destino –dijo con acentuación pautada la palabra destino–, cuento contigo, eminencia en esta área y amigo, así que confiaré plenamente en lo que me digas. –concluyó y le abrazo fraternalmente, se despidieron. Luego se retiró y fue a descansar. Lunes, inició la semana de actividades otra vez, Valentina ya estaba al mando de su transporte y de nuevo en sus funciones. Llegó a las 7am a su oficina, la Torre Carvajal estaba prácticamente desierta. Aprovechó para sentarse y apreciar la vista desde su imponente oficina, allí podía divisar la zona financiera más importante de la Gran Manzana; miles y miles de historias en cada uno de los rascacielos que avizoraba, le hacían reflexionar a su vez, su vida había dado un vuelco de 360°, no tenía idea si lo estaba manejando o si bien la situación, por primera vez, era la que la estaba llevando. Si hacia un recuento de los daños, todo la estaba haciendo sentir vacía, “Vacía” se repetía mentalmente; ante los cambios de la vida, así tan repentinos, pensaba que quería dejar algo, construir, hacer algo con sus propias manos y dejarlo de legado en caso de que sea inevitable…, “¿Inevitable?, por Dios, es la muerte, ¿hay algo más seguro que ello para cualquier ser humano…?”, se aclaraba a sí misma. Allí sentada pensó en sus prioridades, en sus gustos y anhelos, hizo un recuento de ellos… Prioridades, VIVIR, resaltó. Gustos, VIAJAR, no dudó. Anhelos, ESCRIBIR UN LIBRO, pensó apasionadamente. Mirando una de las ciudades más importantes del mundo y sabiéndose con todos los medios posibles para realizar lo que quisiera, se percató que no estaba cumpliendo con lo que deseaba… vivir, viajar y escribir, en cambio era un peón más de aquel mundo globalizado, financista y dinámico que le encantaba, pero que ya no le llenaba. —¡Valentina! –la sacó de sus pensamientos su asistente, marcaban las 7:40 am su reloj, el tiempo voló, literalmente– ¿A qué hora has llegado? –pregunta extrañada, de que su jefa llegara minutos antes a la Torre, pero no por la hora, sino porque no estaba trabajando, estaba allí sentada, abandonada en la silla que había rodado hasta estar cerca de su panorámica hacia la ciudad. —Andy… No sé –respondió sin moverse de su posición, por primera vez la máquina Carvajal no tenía en sus prioridades trabajar–. Hace unos minutos, supongo. –suspira. —¿Estás bien? –la rubia asiente con su vista perdida en el horizonte, pero tranquila– Tú Padre está por llegar, es igual de puntual a ti. Voy por tu mate para que te reactives. –propuso siendo notoria su preocupación. —No Andy, estoy bien, no es necesario. Hoy no quiero mi mate, sólo alista mi agenda y estoy contigo en diez minutos. –puntualizó, haciendo que se retira su asistente más preocupada, tenía la facilidad de leer a su amiga, sabía desde el jueves pasado que lo de su ex le había afectado y como lo había afrontado, así, a lo Valentina, pero podía percatarse de que había algo más, y no podía intuirlo del todo. Su amiga le era modelo de mucha admiración, siempre demasiado fuerte, con un arsenal impresionante de mecanismos de protección y levantamiento en los momentos difíciles, pero esta vez la notaba indefensa, y dudaba que fuese a causa de un hombre, definitivamente un hombre no pondría así a Valentina Carvajal, pensó para sus adentros mientras preparaba la junta con León Carvajal. —Valentina, ya tu padre está subiendo, por favor. –le hizo seña para que se pusiera de pie. Notó como su amiga y jefa de incorporaba y echaba un último vistazo a la ciudad, inhaló y exhaló; en cuestión de segundos, volvió a ella su mirada imponente acompañada de su actitud triunfante, alisó su traje D&G, acomodó su cabello, le sonrió y giró hacia el elegante sofá que estaba en medio de la oficina, tomó su celular para revisar su agenda de la semana, mientras esperaba a su padre. Andy quedó estupefacta ante el cambio, definitivamente le esperaba una conversación profunda con su amiga. —Hija –se acerca León a Valentina, quien lo esperaba de pie junto al sofá–, estaba muy preocupado mi amor, ni por celular, ni en el apartamento, fue imposible ubicarte. ¡¿Qué sucedió?! –preguntó evidentemente preocupado. —Papi, no ha sido fácil. –lo invitó a sentarse, ambos lo hicieron, Andy ya les tenía el café listo y servido en la mesa de centro, los dos agradecieron y ella se marchó. —Todo sucedió muy rápido, no me imagino cómo estás, necesito que me digas por qué no acudiste a mí, soy tu amigo antes que tu Padre, me ha dolido que no hayas acudido a mí. –expresó su pesar. Valentina lo abrazó y dejó su cabeza descansando en el hombre. No quería demostrarle la razón real de su alud interno, con él no. “Ante él siempre fuerte”, se exigió. —Papá, las causas de por sí fueron bochornosas, no quiero darte detalles. Espero que Luis les de las explicaciones, que haga uso de su hombría. —¿Cómo estás tú? Te noto muy decaída hija, no puedo leer tus ojitos, me está costando descifrarlos. –dijo observando fijamente aquello hermosos ojos azules. —Papá lo de Luis me ha hecho ver varias cosas, desde otro punto de vista –mintió–, estoy evaluando varias aristas que dejé en standbye, por estar aquí. –miró su oficina. —Sabía que algún día me ibas a demandar ello hija, te delegué muchas responsabilidades y eras muy joven entonces y ahora, créeme que te entiendo –comprensivamente su padre acaricia sus mejillas y hace que sus miradas queden conectadas–, estoy muy orgulloso de ti y entenderé su deseas tomarte un tiempo lejos de todo aquí, buscaré la manera de que todo siga, no igual porque no estarás, pero que siga hasta que decidas regresar mi amor. –la abraza. Valentina elevó su respirar, estaba completamente conmovida, su padre entendió como se sentía con sólo verla, no cuestionó nada, sólo le brindó su apoyo. Moría por desahogarse con él, pero hasta que no estuviese segura de lo que iba a hacer o a pasar con ella no lo iba a alarmar. —Gracias Papá, disculpa que no te busqué, estaba desconectada de todo. —Bueno –luego de unos segundos en silencio, se separó de su hija y tomó las tasas de café le dio a su hija y tomó la de él–. Hija, sé que tomas tus decisiones muy firmemente, pero tengo miedo que Lucho, tu novio por cinco años tenga que ver con tus decisiones, y no pienses con cabeza fría. –expresó. —No, estoy segura de lo que quiero, sólo quiero tomar un par de semanas Papá para darte una respuesta definitiva de mi aquí. –especificó. —Excelente, bueno está semana vi en la agenda que ibas a viajar, ¿qué ejecutivo crees que podamos enviar? Andy debe coordinar ello, es lo más apremiante, las otras juntas yo te voy a suplir, o Andy, espero contar con tu ayuda para decidir ello, sólo eso hija. –tomó su café y cruzo sus piernas descansando su espalda en el sofá. —Precisamente, quiero tomar el viaje a México, Papá. —¿Seguro? –preguntó asombrado. —Sí, visitaré la filial de allá y cerraré la negociación que pude crear. No hay problema. –dijo tranquilamente. Su padre estaba extrañado porque ella odiaba ir a países latinos. Siguieron hablando y finiquitando todo lo relacionado a sus días alejada del cargo. En todo momento su padre asumió que estaría bien que se despejara, eran demasiadas sus responsabilidades, y aunque no sabía lo que Lucho le había hecho a su hija, estaba seguro que era una traición, lo cual era imperdonable para cualquier Carvajal, y más para su hija con un alto sentido de la honestidad. En México Se quitó los lentes de sol, sentándose en una mesa apartada en el restaurante de su mejor amiga. También se despojó de su gorra negra y de su gran abrigo del mismo color, fue la única manera en la cual pasó desapercibida ante los paparazzi. Llevaba tres días sin poder salir de su apartamento, porque tenía miedo de encontrase con ellos. Aun así, la siguieron, pero por suerte logró despistarlos, después de que casi hacen que la morena sufriera un accidente, obligándola a relucir, por suerte, su audacia detrás del volante. Sabe que no se van a detener y que vendrán peores percances, es una presa de interés, la hija rebelde de los famosísimos arquitectos Valdés, su apellido tenía un gran peso; ahora con más razón ansiaba alejarse de México. —¿Es necesario que uses ese disfraz? –una sonrisa se formó en sus labios al ver como Mateo se estaba acercando y tomando asiento frente a ella, al igual que su mejor amiga–, en serio que te ves muy fuera de onda. –volvió a decir su amigo, a Mateo lo conoció en un antro.
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