Valentina decidió caminar esa tarde. Necesitaba aire, para pensar, recapitular era necesario.
Los guardaespaldas se percataron y la siguieron; la idea de tener guardaespaldas era imposición de su padre, nunca lo vio necesario y si una molestia. La idea de caminar con dos hombres tan distintivos como ellos, no le agradó. Aunque muy pocas veces decidía caminar y menos socializar con ellos, pensó en hacerlo.
—¿Es neta? Ustedes no entienden que necesito caminar para tomar aire… y ustedes con su tamañote me lo impiden. –encaró a los guardaespaldas de 2.15 mt con su ceño fruncido y sus brazos en jarra.
—Lo lamentamos señorita, pero su padre nos pide cuidarla. –se defendieron, al nombrarlo la menor de los Carvajal quiso tambalear, su padre ere su único amigo, su confidente, y necesitaba de él.
—Sí, si… ya sé el discurso. –respondió molesta, y miró a los lados, su mirada quedó fija en un food truck que estaba en la vía, había varios en esa zona, pero un llamativo grafiti capturó su atención: “Vive México”, estaba escrito y las V estaban dibujadas similarmente a como ella las usaba en su firma, una caligrafía muy poco común. Luego de unos instantes cayó en cuenta que nunca había caminado en esa vía tan transitada, había mucha gente no se estaba cómoda, llegó a sentirse insegura, lo suyo no era socializar con la plebe.
—Llévenme a mi casa ya. –ordenó. En menos de un minuto la camioneta la camioneta estaba al frente de ella.
En la camioneta decidió llamar a su asistente.
—Andy, tendrás que hacer magia.
—No entiendo, y no has llegado a tu cita ¿sucedió algo?
—Necesito la tarde libre.
—Definitivamente si te pasó algo, dime ¿ya llamaste a urgencias? –preguntó divertida, sabía que estaba bien por su tono de voz, conocía a su jefa, pero el hecho de que tomara la tarde libre era algo épico, sin precedente, no podía desaprovechar la ocasión para demostrar su asombro, pues con su jefa todo era tan ¿cuadriculado? Sí, definitivamente.
—Andy, tu tono de burla te traerá consecuencias. –fingió molestia.
—Valentina en serio, ¿qué sucede? ¿A dónde me dirijo por ti? –ya centró su interés en su jefa, quien consideraba su amiga, estudiaron juntas en la Universidad y tenían un laso de amistad muy fuerte, por ello era su asistente ejecutiva; la menor de los Carvajal no confiaba en nadie, era alérgica a las personas, así bromeaban entre ellas.
—Quiero descansar esta tarde, sólo eso.
—Valentina te recuerdo que tú nunca descansas “máquina Carvajal”.
—Andy, deja de exagerar, necesito esta tarde y… –tomo su tiempo para cerrar sus ojos y continuar– mañana hasta después de almuerzo. –espetó.
—¡¿Qué?! Dime, ¿dónde está mi amiga? ¿Qué hicieron con ella? –preguntó absorta.
—Andy qué exagerada eres, necesito descansar, me lo ha pedido mi doctor y en realidad si me hace falta, mejor sal de la oficina en lo que puedas y te espero con cena en mi apartamento, ¿sí?
—Valentina sí, yo voy tenemos que hablar.
—Excelente, bye. –cortó sin más.
Valentina colocó su clave en el ascensor privado para subir a su pent-house, todo estaba pasando muy rápido. Necesitaba un buen baño de burbujas, leer y un té. Su terapia preferida de relajación.
Al pasar por el living, encontró el escenario menos esperado. Solo en fracción de un segundo le costó entender lo que sucedía, avanzó a su habitación, los ruidos eran sugestivos. No hacía falta confirmar nada, sin embargo, decidió abrir empujar la puerta, estaba allí, su prometido en su cama con otra mujer.
“Mierda”, pensó, retrocedió ante la repulsiva escena.
La rubia caminó de nuevo al living y respiró profundamente.
Valentina era una mujer demasiado ecuánime, maquinaba cada movimiento; nadie de su familia la había visto llorar desde que tenía quince años. Siempre alardeaba para sí de saberse dominar las situaciones, nunca dejaba que las situaciones la dominaran a ella.
Lo aprendió a la mala, pues en una ocasión realizó un mal negocio, al darse cuenta entró en pánico y la decisión que tomó fue la peor, teniendo como consecuencia que perdieron un par de miles de millones de dólares, fue su peor fracaso profesional. Se juró y trabajó para nunca más dejarse dominar por las situaciones, por lo menos hasta ahora, de ninguna pendía de su vida.
“Definitivamente no se merece mis lágrimas, pero sí las consecuencias por haberlas querido causar…”, pensó
Fue a la cocina y preparó un té. Tomó su celular y llamó.
—Alirio sube con los dos guardaespaldas. La clave para llegar al pent-house es 2505. –colgó sin esperar respuesta.
Tomó su taza y se dirigió al sofá del living y esperó. Tocaron el timbre, ella decidió no levantarse, sabía que Lucho lo escucharía, y así fue, salió al tercer sonido, apurado y angustiado hacia la puerta, no se percató de la presencia de la rubia en living.
—¿Qué hacen aquí? –preguntó Lucho aliviado.
—Nos han llamado señor, aquí estamos. –respondió Alirio.
—No, debe ser alguna equivocación. –refutó el hombre. Recibiendo como respuesta que Alirio elevará la mirada sobre su hombro y se enfocará en su jefa parada unos metros atrás de él.
—Pasen. –les indico la rubia. Dejando a Lucho con la boca abierta en su sitio, los tres hombres pasaron por su lado hasta donde estaba. Él reaccionó y buscó forma de ganar aire para sus pulmones y hablar mientras iba camino a ella. Ante la acción miró a uno de sus guardaespaldas, fue sutil al darle a entender que él era una amenaza.
Uno de los hombres detuvo el avance de Lucho, y este iba a empezar a gritarle, cuando Valentina comienza a dar órdenes.
—Alirio por favor acompañe y espere a este hombre para que saque todas sus pertenecías de la habitación, y luego lo escoltan hasta que esté fuera del edificio junto con la zorra que está allí adentro –tomo un sorbo de su té, Lucho seguía insistiendo, pero Valentina lo ignoró–. Tiene diez minutos para abandonar las instalaciones, en caso contrario procedan. –indicó mirando al otro guardaespaldas y se sentó de nuevo tranquilamente.
—Vale, no es lo que te imaginas podemos…
—Camine y obedezca por las buenas señor. ––el guardaespaldas no lo deja hablar, lo toma del brazo y lo aparta del sitio junto con Alirio.
La rubia se sentó, e ignoró todo lo que le decía. Los guardaespaldas hicieron lo que les ordenó, que incluía también sacar y cambiar la cama, por una nueva.
Todo pasó allí mientras ella observaba tranquila, librándose de su anillo de compromiso, ese momento fue memorable para ella. Después de cinco años juntos, todo terminaba así, el contraste de lo que era su vida ayer a lo que era su vida hoy distaba de cualquier razonamiento lógico que manejara.
Decidió relajarse y tomó un libro al azar de su biblioteca, al abrirlo, encontró una foto de ella, hace unos años atrás, estaba en México, se perdió en el recuerdo de ese día, le agradó recordar su experiencia allí. Volvió a sentarse en el sofá libremente.
Llegó a su mente, “México, Vive México, ¿será acaso una señal?”, pensó. Recordó los detalles de su día, y lo reconoció, era una señal.
Luego de meditar un rato sólo llegaba a su mente una palabra, destino.
Las señales que le estaba dando este día, parecían orquestadas, si, había recibido una mala noticia, pero no sucumbió, y para seguir así decidió que se apoyaría en el hombre de su vida, quien sería su esposo, y la situación la llevo allí a esa hora exacta, para que en un abrir y cerrar de ojos se diera cuenta que, aunque algo pareciera sólido en su vida, nada era seguro.
Juego del destino, quizás, pero en un orden perfecto, pensó, así que decidiría seguir sin dar nada por sentado.