—¿Y la libertad política?... El profesor acogió esta pregunta con un gesto de menosprecio. —¡La libertad política!... Únicamente los pueblos decadentes é ingobernables, las razas inferiores, ansiosas de igualdad y confusión democrática, hablan de libertad política. Los alemanes no la necesitamos. Somos un pueblo de amos, que reconoce las jerarquías y desea ser mandado por los que nacieron superiores. Nosotros tenemos el genio de la organización. Este era, según el doctor, el gran secreto alemán, y la r**a germánica, al apoderarse del mundo, haría partícipes á todos de su descubrimiento. Los pueblos quedarían organizados de modo que el individuo diese el máximum de su rendimiento en favor de la sociedad. Los hombres regimentados para toda clase de producciones, obedeciendo como máquinas

