Viejos conocidos

4142 Words
El edificio se veía mejor de lo que recordaba y entró en el interior. — ¿Puedo ayudarle en algo? — cuestionó la recepcionista. — Sí, vengo a ver al señor Killian. — ¿Tiene cita? El joven de ojos verdes y cabello castaño obscuro negó, pero su brillante sonrisa e impecable porte obró el milagro. — Creo que no será un contratiempo, suba por el ascensor y en el último piso la secretaria del señor Killian podrá darle mucha más información que yo. — Muchas gracias. Así pues, llegó al último piso y con paso calmo y seguro se acercó a una secretaria atareada que respondía llamadas. — Buenos días— saludó sonriente. — Buenos días, permítame un segundo por favor— fue la respuesta de la mujer procurando poner en espera aquello que le impedía atender al seguramente "cliente de su jefe"—. Ahora sí, mi nombre es Sarah, ¿en qué puedo servirle? — Que eficiencia, debería raptarla y llevármela a mi empresa. Las mejillas de la secretaria se sonrojaron ante el cumplido de un joven tan apuesto. — Gracias, señor. — Solo digo la verdad. La mujer asintió aguardando el motivo de aquella visita. — De acuerdo, sin más demora... he venido a ver a tu jefe. — Lo lamento, el señor Killian no se encuentra en estos momentos. — ¿No?, que raro, siempre está, no hay momento en que se parte de su amada compañía. — Lamento informarle que el señor Killian ya no viene a la empresa por las mañanas. — Vaya que desgracia— dijo bajando el rostro como desconsolado. La secretaria se sintió mal por el joven al cual, después de tomarle simpatía, intuyó que no era una mala persona, por lo que decidió decirle el paradero de su jefe. — Tal vez pueda darle información de donde se encuentra, señor. — ¿En verdad?, se lo gradecería mucho, digamos que soy... un viejo conocido de Alex. Después de que la secretaria tomara un papel y bolígrafo escribió rápidamente la dirección donde su jefe se encontraba en esos momentos, posteriormente el muchacho lo leyó e hizo acopio de toda su fuerza para no reírse. Agradeciendo la ayuda salió rápidamente de la corporación. — Esto es excelente, ya me imaginó la cara que pondrá cuando me vea en su... universidad— dijo tono burlón.   *     *     *   Grace se recargó en la pared del salón donde compartía clase con Trisha, la clase de danza fue extenuante pero muy agradable, aunque no era el cansancio lo que la tenía tan extraña, aquello que comenzaba a sentir no era posible, era una tontería que había nacido solo de unas horas el día anterior. — July me está contagiando de su locura— murmuró bebiendo un poco de agua de su botella — ¿Te sucede algo Grace?, haz estado muy pensativa durante la clase— indagó Trisha. — No, solo estoy un poco cansada. — ¿Segura?, hace días te noto rara, si pasa algo malo sabes que puedes decírmelo — Gracias, pero no es nada. — Ok, bueno vámonos, la clase por fin terminó— anunció feliz mientras se estiraba. Luego de ducharse y cambiarse, mientras caminaban por el campus hacia la cafetería volvió a escuchar la voz de su amiga. — Es extraño, July no llegó a clases. La pelinegra se exaltó por unos segundos, sospechaba en donde estaría la rubia, así que procuró aparentar que no sabía nada para poder estar en paz, sin embargo, al doblar una esquina sus ojos violetas notaron a lo lejos algo que detuvo su mundo e hizo a su corazón latir a todo galope, sin estar preparada para afrontarlo, decidió que lo mejor era huir, así que tomo a la castaña de la muñeca y se la llevó rápidamente a la cafetería. — Grace ¿estás bien?, ¿qué está ocurriendo? — Nada, yo... yo... Su mente estaba en caos, solo podía pensar en la persona que vio. — «Por todos los cielos solo fue un aun auto... solo fue un auto y ayudar a un extraño... ¿por qué me pasa esto?» Mientras tanto el muchacho del que Grace había escapado se encontraba mirando la universidad y aún no creía que el genio más grande que conocía estuviese estudiando ahí donde había "personas". Sabía que sería tarea fácil encontrar al ojiazul, así que empezó preguntando a un muchacho que caminaba por ahí. — Disculpa ¿sabes dónde puedo encontrar a Alex Killian? El chico meditó un poco la pregunta, era difícil no saber de la celebridad del campus, aun mas cuando solo quería pasar desapercibido y entonces recordó haberlo visto de reojo hace poco. — Si no me equivoco lo vi en la cafetería. — ¿Sí?, ¿en dónde queda? El universitario señaló la dirección que el otro gustosamente agradeció con una sonrisa. — Esto va a ser divertido. Con el paso despreocupado avanzó, admirando el panorama e ignorando los cuchicheos que se debían a su persona, no obstante, algo llamó poderosamente su atención, seguramente ese lugar le serviría muy bien a su propósito. Con una última mirada a la estructura, camino más aprisa y finalmente llegó a la cafetería. Observando detenidamente inspeccionó el lugar encontrando a Alex en la mesa más apartada del sitio como siempre trabajando con su inseparable amante: la laptop. Sonrió macabramente e iría a su encuentro, o al menos lo haría después de su rápida escala al visitar a otra personita que hasta el momento no se había percatado de su presencia. — Nos volvemos a encontrar— mencionó deteniéndose a lado de la chica bajita que le resultaba conocida. — Señor Dante— contestó asustada la pelinegra. — No me digas señor, me hace sentir viejo... lo bueno es que recuerdas mi nombre. — Cla...claro, ¿por qué no lo recordaría?— indagó la chica admirando los verdes topacios del joven. — No es nada en especial, es solo que me habría sentido triste si me hubieras olvidado tan pronto. Eso alteró aún más el corazón de Grace, haciéndola sonrojar, algo que no pasó desapercibido para nadie. — Oh, pero que desconsiderado, yo hablando como si nada y estas acompañada por... ¿tu amiga?. — S-sí, es mi amiga... Trisha — Ya veo. Trisha seguía con sumo interés aquella "charla". — ¿Así que aquí estudias?, que pequeño es el mundo; no solo te encuentro cuando más ayuda necesitaba, sino también ahora, ¿no crees que el destino está jugándonos una pequeña trampa? — N-no lo sé— tartamudeó la ojivioleta ante el acercamiento del chico. — Pues yo me imagino que sí. Grace estaba a punto de colapsar cuando Dante le dio un suave beso en la mejilla y se separó lentamente con aire seductor. — Bueno, ahora que se dónde encontrarte, te veré después, gusto en conocerte amiga de Grace, adiós. Dante se alejó de las chicas guiñándole un ojo a la pelinegra quien después de sonreírle bobamente fue encarada por su amiga. — Con que no me pasa nada, ¿eh? Grace, tú y yo tenemos mucho que hablar. — ¿Nosotras? ¿de qué? — ¿De qué? ¿llamas a ese atractivo chico un "de qué"? La ojivioleta no entendía a qué se refería Trisha, solo quería que su corazón se calmara, y era verdad el mundo era muy pequeño, aunque había huido de Dante el destino se obstino en reunirlos. Cuando el motor del auto de Dante por fin funcionó, gracias a los conocimientos que July le enseño sobre motores y que su vez la rubia había aprendido por Christian; el apuesto joven de ojos verdes había invitado a la chica a comer no aceptando un "no" por respuesta, así durante unas horas pudo interactuar con él. Y sin darse cuenta solo podía pensar en aquel chico, sabía que Dante era un desconocido amable que solo le había pagado el favor que ella le había hecho y que jamás volvería a verlo, así que decidió no hacerse muchas esperanzas, pero de la nada ahora se podían encontrar cuando menos lo esperase y eso empezaba a convertirse en una expectativa que se reclamaba mentalmente mientras Trisha parloteaba de algo a lo cual no prestaba atención y veía de reojo a Dante caminar a las mesas del fondo. Alex maquinaba la manera más eficaz de despedir a su mesa directiva, lo cual le costaba mucho debido a las legalidades, debía encontrar una solución eficaz a todo eso antes de que su hermano pagara consecuencias que no le correspondían; estaba tan abstraído en su mundo que no le hizo caso al tipo sonriente sentado frente a él. — Veo que no has cambiado nada, el universo bien puede dejar de existir y tu seguirías trabajando. Aquella voz fue un retroceso en su no muy lejano pasado, aunque cinco años fueran un lapso considerable, gruño algo inteligible y alzo la azul mirada a su interlocutor. — Debí suponer que no te quedarías quieto en un solo lugar, Dante. — Tanto tiempo sin vernos y eso es lo primero que recibo, hieres mis sentimientos. — ¿Qué demonios quieres?— preguntaba Killian volviendo a su portátil. — Tan buen anfitrión como de costumbre, ¿qué se supone que haces aquí Alex? — Eso no es de tu incumbencia. — No, pero quiero saber, vamos, al menos sé cortés con los viejos camaradas. — Jamás fuimos camaradas, y que tú te hayas retirado para jugar otra cosa no me incumbe a mí tampoco, te superé hace años y ahora soy el mejor, que no se te olvide. Por supuesto que Killian era el mejor, pero no lo admitiría ni aunque lo torturasen. — ¿Te importa si nos retiramos a un lugar menos bullicioso? Tengo un asunto que tratar contigo. — Si es tan importante haz una cita, no tengo tiempo para más. — Que gracioso, te veré en tu oficina esta tarde a cambio de retirarme ahora. Killian no respondió, Dante lo tomó como acordado y emprendió la retirada, no sin antes guiñarle nuevamente el ojo a Grace que se sonrojo con violencia. — Que chica tan curiosa y adorable— se dijo a si mismo mientras se retiraba. Cuando Alex se sintió solo expulsó el aire que retenía, odiaba cuando las personas lo sorprendían o cuando se juntaba el pasado con el presente, ¿por qué de todas las personas en el planeta tenía que ser precisamente Dante el que regresara? Obviamente era por negocios muy importantes como para que viniera a buscarlo en vez de esperarlo en la corporación.   *         *          *   Noa volvió a mirar muy de cerca la tubería y terminó por convencerse que lo que le habían dicho era verdad, aquel tubo era demasiado viejo, necesitaba nuevas tuberías o la cocina se inundaría. — ¿Qué decidió, señor?— cuestionó el mayordomo quien había acompañado a su amo hasta allí. — Renueva la tubería, esa chica tenía razón, me sorprende que no hubiera fugas antes. El hombre asintió a las palabras de su señor y de inmediato llamó por teléfono para hacer los arreglos necesarios. El azabache salió de la cocina pensando aun en la joven que acababa de irse de su casa. Desde temprano llamó un plomero para que solucionara la fuga de la cocina, y cuando terminara su labor, había ordenado al mayordomo que llevara al plomero a su despacho; sin embargo, tenía que reconocer que de todas las imágenes que se había formado del plomero, ninguna le llegó a la mitad de lo que miró cuando la hora de pagar llegó. Se trataba de una chica casi de su edad, usaba una gorra bajo su cabello rubio trenzado hasta los omoplatos y un overol algo sucio por el trabajo, así que debido a la educación de Roderick no pudo evitar interrogar firmemente a la chica que con total valentía había respondido, quedo entonces algo de curiosidad en él cuando la rubia se retiró y constató las palabras que le dejó, al parecer la chica era muy sabia para su edad. Sonrió sin saber por qué, quizás por el ánimo sincero de aquella joven, él también había sido como ella; dinámico, curioso, sensitivo y libre, pero lo que le sucedió marcó su existencia para siempre, dejándolo en un estado fluctuante entre la depresión y la realidad. — Ella está en lo correcto, no debo darme por vencido, siempre he hecho lo que he deseado y esta vez no será la excepción. Con el ánimo extrañamente renovado por una total desconocida, rodó su silla hasta la sala donde aguardó por la persona que lo ayudaría a seguir con su plan para Alex, era un hombre en el que podía confiar ciegamente por lo que en cuanto se presentó ante él sonrió verdaderamente. — Es un gusto volver a verle, señor Noa. — Hola Ed, ¿cómo estuvieron tus vacaciones? — Perfectamente señor, le agradezco su generosidad. El chico en silla de ruedas asintió, Ed era el empleado más fiel que los Killian tenían, no solo porque siempre demostraba su lealtad, sino además porque era un buen confidente y jamás olvidaría el acto heroico de salvar a su hermano, estaba ciertamente en deuda con el fornido hombre. — Lamento si tus vacaciones se acortaron. — Descuide, para mí un mes fue más que suficiente; en realidad tenía mucho tiempo libre. Ed había sido enviado de vacaciones por órdenes de Alex, el hombre trabajaba más que toda la seguridad junta y era necesario que tan eficiente elemento no fuera a enfermar por la carga excesiva de trabajo, por ello se le dio un pequeño respiro en las islas canarias donde salió con un buen bronceado y más renovado que nunca. — ¿En qué puedo servirle, señor?, mencionó por correo electrónico que era importante. — Y lo es. Quiero que me ayudes con Alex. — ¿Le ocurre algo malo al señor? Noa constató la desinteresada preocupación por su hermano mayor y negando sonrió un poco. — No, pero quiero hacer algo para que salga de su ensimismamiento. El guardaespaldas estaba de acuerdo, su amo Noa tenía buenas ideas y sentimientos nobles para con su frio hermano, si era algo que beneficiaría al magnate estaba dispuesto a ayudar. — ¿Qué tiene en mente? — No es la gran cosa, sin embargo, puede significar el primer paso de su independencia — ¿Su independencia? — Sí, una independencia que podría darle un buen cambio. Ed no comprendía muy bien aquella idea, no obstante, creía ciegamente que su amo haría lo mejor para ayudar a Alex. — Haré lo que esté en mis manos, señor. — Gracias. Y el resto de la tarde Noa se la paso explicándole su idea y lo que él tenía que hacer para llevarla a cabo.   *     *     *   July miraba atentamente hacia la puerta donde se suponía que Tom salía todos los días, aquella mañana no pudo estar con su adoración porque su jefe le exigió que fuera a trabajar, le advirtió que si seguía faltando la despediría, sin duda necesitaba el dinero, aunque terminó con la sorpresa de que el trabajo era en una de las zonas más ricas de la cuidad, era una residencia magnifica pero con asombro comprobó que no era como se lo imaginaba en la infancia, aun así estaba llena de riquezas y objetos valiosos que procuró no romper. Por ello estaba emocionada y quería compartirlo con su persona especial, había pasado toda la mañana trabajando tratando de compensar sus "pequeñas vacaciones" faltando a clase en el intento. Había tenido buenos trabajos ese día en particular, aunque que tal vez la que siempre recordaría, sería la casa del chico en silla de ruedas, el interior de su mirada era tan triste y llena de resentimiento, que pudo causarle dos cosas, ternura y un poco de miedo, pensaba que ojos tan bonitos como los de ese muchacho no tenían por qué sumirse en la desesperanza cuando obviamente podía hacer mucho en la vida. Sin embargo, aún se preguntaba donde había mirado sentimientos tan profundos como los de ese chico, pero antes de llegar a la respuesta salió de su ensoñación viendo a varios estudiantes salir y con el corazón latiendo de felicidad trato de ubicar al objeto de su afecto, no logrando encontrarlo por más que se esforzó. — Disculpa— llamó la rubia a un chico que caminaba en solitario. — ¿Sí? — ¿Conoces a Tom Evans? — Sí, vamos juntos a varias clases, ¿por qué? — Es que...— July no quería comunicar cosas demás— es que soy su amiga y lo estoy buscando, quería saber si no lo habías visto. — No, hoy solo asistió a la primera clase, después simplemente se fue. — Ah, ya veo, gracias... — De nada. El chico se retiró y July fue buscar a Tom a los lugares donde probablemente estaría, sin embargo, después de horas de intensa búsqueda lo único que consiguió fue terminar exhausta y muy hambrienta. — Creo que iré a buscar a Grace, tal vez me invite a comer a su casa. No sabía que pensar, aunque la vaga y oculta idea de que algo pasaría no dejaba su pecho, era una sensación agobiante, quizás solo estaba exagerando, pero muy dentro de ella sabía que no era la primera vez que sentía eso que se presentaba cada vez que regresaba con Tom. — Esta vez no, por favor— rogó al cielo, pensado que solo estaba imaginando cosas.   *    *    *   Dante por fin estaba sentado frente al escritorio de Killian y miraba la oficina del millonario. — Al parecer nada aquí ha cambiado, sigue tan austero como siempre. — Si solo viniste a hacer una inspección de mi oficina, te hubiese ahorrado el viaje enviándote una foto. — Tan gracioso como de costumbre. Alex no tenía tiempo para reencontrarse con el pasado, pero debía hacerlo o el otro no se iría. — ¿A qué viniste? — Al grano sin siquiera preguntarme cómo estoy— la mirada fría del ojiazul le hicieron desistir de más comentarios burlescos y fue directamente a tratar el tema—. Como sabrás hace algunos años dejé el mundo de las finanzas para crear mi propia empresa, aun no es tan grande ni prospera como la tuya, no obstante, hago lo que me gusta. — Más bien creo que te cansaste de actuar según las reglas de tu padre. Dante no menciono palabra alguna pero el castaño dio en el blanco. El muchacho de ojos verdes provenía de una pomposa familia italiana, cuyo líder era su progenitor, ese sujeto era un astuto inversionista de la banca, Roderick lo tenía como socio y rival en los negocios, como tales presentaron a sus vástagos que jamás lograron llevarse bien. Dante era astuto y siendo millonario trabajaba con el fin de solo pasar el rato. — ¿Y, bien?— indagó el castaño, ya había recordado de más. — Solo estaba pensado como plantearte la situación que me trae aquí. — ¿Me incumbe? — Si me apoyas, sí. — En ese caso... — Antes de que te niegues déjame explicarte. El mayor supo que sería difícil lograr que Killian le ayudase con su idea, sin embargo, su total autonomía dependía de eso. — Mi padre aún continua con el negocio familiar mientras yo, inicie el mío propio. — Detengan las malditas imprentas, mira que novedad; ¿y qué? ¿lo vas a dejar cuando te aburras de ello también? — No, esta vez no— realmente le molestaba que le echaran en cara sus errores—, ya quedaron atrás mis días de testarudo adolescente Alex, ahora soy diferente. — ¿Y volviste hasta acá para informármelo? Que considerado de tu parte. Dante bufó molesto, sus antecedentes no eran muy buenos. — Entonces, iré al grano— anunció el extranjero tras suspirar—. Mi padre piensa dejarle mi parte de la fortuna a mis medios hermanos y eso no puedo permitirlo. — Hasta que el juguetero puso en su lugar al juguete— asintió burlón el castaño. — Mi padre se enfadó cuando deserté de la empresa familiar y me advirtió que no sería digno de confianza hasta que me lo volviera a ganar— Dante continuó ignorando la burla de Alex—. Durante cinco años he cumplido con mis cometidos y le he demostrado que soy capaz de valerme por mi mismo en las áreas que él me educo. — ¿Pero? — Puso una condición para no desheredarme. — Y tú por supuesto no quieres que eso suceda, ¿verdad? — Obviamente no, porque los estúpidos de mis medios hermanos no se merecen ni un centavo... nunca han hecho nada de su vida, yo en cambio... — Sí, sí, sí, deja tus disputas familiares en casa, ¿qué es lo que quieres de mí? Había olvidado lo exasperante que era hablar con Alex, pero era el único que podía ayudarlo. — La cosa es que me pidió una prueba más de que podía salir de cualquier situación con éxito. — ¿Qué te ordeno hacer? — Bueno, recuerdas que nuestros padres tenían en común el gusto por las bellas artes. — Sí ¿y?— Killian enarcó una ceja en señal de molestia, quería que Dante terminara ya con su cacareo. — Me pidió que pusiera en escena una obra de teatro con el mejor guion y actores que pudiera conseguir con un presupuesto limitado. Y Alex Killian quien jamás reía, en ese momento lo hizo, porque lo que había escuchado era totalmente ridículo. — ¿Tú? ¿Un productor de una obra teatral?, ¿qué víbora ponzoñosa le ha picado a tu padre? — Es exactamente lo que le dije, no tengo ninguna experiencia en el área, el teatro nunca me ha interesado, pero solo me dio  cinco meses para hacerlo— externó el italiano, causando más la risa del famoso millonario. Dante sabía que lo que exponía era estúpido, sin embargo, para alguien con su orgullo tenía que evitar a toda costa que su dinero fuera a parar a inútiles mantenidos, estaba perdido y su única esperanza se estaba riendo de su maldita suerte. — Ya cállate, no es gracioso. — Para mí sí, estoy disfrutando esto como nunca— agregó burlón el ojiazul. Pasaron unos minutos para que el estoico millonario recuperara su compostura. Posteriormente miró fijamente al de ojos verdes. — ¿Qué? — Nada, estoy esperando a ver cómo vas a salir de esto. — Por eso vine a pedir tu... — ¿Ayuda? — Colaboración— arregló rápidamente, jamás diría que era por ayuda. — No veo en que pueda yo "colaborar" contigo. — Pues hay mucho, eres casi el dueño del mundo Killian, con solo chasquear los dedos puedes tener todo en bandeja de plata, debo tener listo esto en menos de cinco meses o... — Es tentadora la idea de verte perder ante la supremacía de tu padre, la cual tú, dependiente y mimado jamás terminaras por superar— Dante frunció el entrecejo—.  Aunque sería divertido ver que tan lejos puedes llegar con solo un poco de "cooperación", y si aun con todo eso fallas, estaré en primera fila para el espectáculo. Al italiano no le gustaba que su acérrimo rival se metiera en eso solo para verlo fracasar, se veía que no tenía ni pizca de fe en que lo fuera a lograr, pero... — ¿Eso quiere decir que vas a...? — Considerarlo— advirtió el genio inmediatamente—. Ya veré que puedo sacar de esto, así que no te confíes y mejor comienza a elaborar tu plan de salvación. — Pero yo no conozco actores, ni mucho menos... — Pues a ver cómo le haces, usa algo de tu cerebro, seguramente ya te creaste varias alternativas que podrían ser loables para ti. Así como es tu padre no hace falta mucho para que recuperes su confianza y dinero, mejor apresúrate con esas ideas, Dante. El extranjero supo que la charla se había acabado y no teniendo nada más que hacer en ese lugar salió de la corporación, Alex era un maldito sádico, sin embargo, le dijo que lo consideraría, al menos había conseguido una luz entre tanta desesperación, un plan indefinido se estaba formando en su cabeza, pronto tendría la confianza de su padre, su herencia para poder expandir sus negocios y la libertad de volver a hacer lo que quisiera con su vida. Todos esos pensamientos se juntaban mientras conducía al hotel que sería su hogar esos meses, eso, o al menos hasta que encontrara algo más barato, tenía que economizar si quería invertir hasta el último centavo en su plan. Una faena comenzaba, una que el destino también se encargaría de hacer rodar.
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