Grace Miller vivía con su abuelito, el anciano en su juventud fue un gran arqueólogo y ahora tenía una tienda de antigüedades.
Los padres de la pequeña murieron cuando cumplió cinco años, pasando su custodia a su abuelo materno, quien tuvo que darle su apellido para poder adoptarla oficialmente. La chica era una clase extraña de criatura obediente que anteponía los deseos de su tutor por sobre los suyos.
— Gracias, que disfruten su compra.
Sin embargo, la pelinegra no dejaba que su abuelo viera sus preocupaciones y verdaderos deseos, a la única en quien confiaba para ello era July, si, definitivamente era la persona más confiable de su vida, más que el resto de sus amigos, aunque sonora discriminativo.
— ¿Todo bien, mi querida nieta?
— Sí abuelito, acabo de despedir a unos clientes.
— Qué bueno.
Henry Miller siempre había sido un fan de las antigüedades, y no solo las vendía también se dedicaba a repararlas; siendo viejo, pensaba que viviría su vida con tranquilidad después de retirarse, pero Grace cambio sus planes de partir a alguna isla caribeña y refugiarse en sus memorias hasta el fin de sus días, aunque eso ya no importaba, amaba a su nieta como en su tiempo amo a su difunta hija, por lo que mirar a Grace crecer era como recibir un maravilloso obsequio.
— ¿Abuelito...? Yo...
— ¿Sí, dime?
— Yo... quería saber... bueno...
— Habla claro hija, parece que el gato te comió la lengua.
Grace sonreía con nerviosismo, pero como no estar nerviosa cada vez que preguntaba lo mismo.
— Esta noche mis compañeros harán una fiesta y me preguntaba si...
— Ya sabes la respuesta.
El señor ni siquiera se había detenido a mirar el rostro desilusionado de su nieta, como él había dicho la respuesta era la misma de siempre.
— Pero abuelito...
— Sabes que no deberías salir por ahí con quien sabe qué tipo de gente a riesgo de que algo pueda pasarte.
— Abuelo, no va a pasarme nada, ya tengo veinti...
— No me importa que tengas cincuenta años, mientras tú estés a mi cargo debes obedecer.
Grace bajó el rostro, era costumbre que pasara eso cada vez que se mencionaba la palabra "salir a divertirse". Su abuelo había creado una barrera alrededor suyo donde muy pocas personas habían logrado traspasar con suerte y entre ellos se encontraban sus amigos más cercanos. La muchacha comprendía él por qué del miedo de su abuelo, había perdido a su hija en la flor de su vida y pensaba que su nieta solo estaría segura bajo su ojo vigilante, no obstante, olvidaba que la chica era joven y como tal la diversión y las distracciones estaban a la orden del día. El cómo había logrado que su abuelo le permitiera estudiar artes y humanidades había sido un misterio, pero muy por dentro sabía que se debía a cierta chica rubia con sonrisa inigualable, como sea, le debía mucho a su amiga y ahora estaba por utilizarla.
— July va a ir...
Henry se dirigió a la cocina y mientras encendía la estufa, el nombre de la rubia llegó a sus oídos.
— ¿July?
— Sí... ella también irá, sabes muy bien que cuando salgo con ella siempre regreso sana y salva.
El señor Miller podía desconfiar de la escandalosa moto de Christian, del auto deportivo de Daniel, o incluso de la bicicleta de Trisha, pero cuando se trataba de July hacia una excepción y no porque ella fuera precisamente una santa.
— No lo estás diciendo solo para que te dé permiso, ¿verdad?
Grace negó mirando la oportunidad de poder salir de noche.
— Déjame pensarlo...
— ¿Qué tienes que pensar abuelito? July te ha demostrado muchas veces que es de fiar, sobre todo cuando se trata de mí, por favor... no me va a pasar nada, July jamás lo permitiría.
Y para la seguridad de Henry así era, su niña tenía razón, July era una chica hiperactiva e impulsiva, sin embargo, cuando se trataba de Grace la rubia la cuidaba cual figurilla de cristal y siempre la regresaba a casa sin ni un solo rasguño, al parecer su nieta no podía estar en mejores manos que en las de July.
— Mmm... puedes ir, solo si prometes llegar a temprano.
La joven sonrió abrazando a su abuelito quien le devolvió el gesto resignadamente.
— Gracias, muchas gracias, te prometo que nada malo pasara y estaré aquí tan puntual como siempre.
— Más te vale o esos amigos tuyos... hey, ¿a dónde vas tan deprisa?, ni siquiera he terminado de... ay, esta juventud— suspiró el anciano, al notar que estaba hablandole a la nada, otra vez.
* * *
Sábado, era su día menos favorito de la semana porque no podía actuar y tenía un montón de trabajos.
— Maldición— susurró la rubia cuando el tubo del lavabo de aquel baño goteo por sexta vez.
— ¿Algún problema?
— No señora, al parecer el que arregló su baño la vez anterior hizo un desastre con esto.
— ¿En verdad no puede solucionarlo?
— Me temo que hoy no, hasta el lunes y solo si mi jefe tiene la pieza correcta.
July se sentó en el frio piso secándose el agua que le cayó en el rostro, no le gustaba que sus clientes pusieran cara de desconsuelo, pero no había nada en ese momento que hacer.
Salió de esa casa con una módica cantidad que no valía su esfuerzo y subiendo al vehículo propiedad de su jefe, se dirigió a su siguiente cliente, donde salió empapada y con menos efectivo. Al regresar su jefe le gritó por tardarse tanto y no cobrar los extras que hacía, finalmente después de quince minutos salió de la oficina de su empleador como quien decía: "con la cola entre las patas".
— «Mi vida es un desastre»— pensaba, cuando de la nada un escaparate llamó su atención.
Un lindo conjunto se encontraba puesto en un maniquí, era una falda verde claro, con una polera blanca sin mangas y una chaqueta de un material sintético que le daba estilo a la combinación. Sin poder evitarlo comparó su reflejo con el maniquí de la vidriera, sus ropas más parecían harapos que salidas de una tienda departamental; después estaba su educación que, aunque buena, no se comparaba con la de los clientes que salían sonrientes de dicha tienda y por ultimo su condición de pobreza, a veces más indigente que universitaria.
— «Supongo que no hay comparación entre el despojo de persona que soy y...»
¡No! no lo aceptaría ni aunque le sangrase la boca, jamás diría que comparada al muchacho de ojos azules era completamente nada.
— Maldito, incluso en mis pensamientos de auto-humillación metes la nariz.
Gruñó apartándose del escaparate para regresar a su apartamento, odiaba todo lo relacionado con ese sujeto, pero el pelearse con él se había vuelto tan inevitable como sentir hambre o sed. July se había dado cuenta lo diferentes que eran cuando miraba a distancia al engreído sin que éste se percatara. Por un lado, el niño rico tenia clase a pesar de su pesado carácter, tenía dinero (evidentemente) y contaba con una inteligencia que ella ni de broma poseería, debía alejarse de ese sujeto, especialmente cuando al objeto de su afecto no le gustaría que ella se acercara al castaño.
Por pocos era conocido (o eso creía), lo que July guardaba, pues temerosa de que la fantasía se terminara como muchas otras en el pasado había decidido que se guardaría para ella y para Grace el nombre de la persona que su corazón había elegido. Era inevitable haberse enamorado, pues el solo evocar su nombre le provocaba un leve sonrojo y un cosquilleo en el estómago, pero sin duda esa persona eventualmente querría confrontar al ojiazul y eso nunca lo permitirá, por su propio bien.
Mientras estaba en su mundo, su teléfono sonó de la nada.
— ¿Hola?
— July necesito que me hagas un favor— la voz de Grace sonaba algo desesperada.
— ¿Un favor? o ¿un favor del tamaño del Everest?— preguntaba la rubia mientras llegaba a su apartamento.
La línea se quedó muda por unos segundos.
— Everest.
— Sí eso pensé.... ¿qué puedo hacer por ti?
— Quiero que me acompañes a la fiesta de Jack.
— ¿De ese patán?, para qué ¿para verlo hacerse el chistoso?, no, olvídalo.
— Por favor July no sabes cuantos deseos tengo de salir y divertirme un rato, por favor, por favor (X10) ...
— De seguro que le dijiste a tu abuelo que yo iría, ¿verdad, Grace?... ¿Grace?...
— Sí.
La respuesta apenas y se escuchó.
— Ayúdame July, te juro que si me ayudas yo...
— Guárdate tus ofertas, sabes que no puedo negarte nada.
— ¿DE VERDAD? ¡GRACIAS JULY ERES LA MEJOR!
— Sí, sí, sí, pasaré por ti a las ocho.
— Enserio gracias, algún día te lo pagaré.
— Y con intereses, jajajaja.
Tras la risita ambas colgaron, July se sentía cansada pero la idea de una fiesta le agrado, sobre todo porque entre los invitados seguramente estaría la persona por la cual suspiraba, si todo salía bien, terminaría su día de una linda manera.
Llegó a su departamento mientras hablaba consigo misma.
— No es mala idea irse a divertir un poco... ¿dónde habré puesto mis jeans negros?
La rubia se dirigió a su armario que, aunque era pequeño tenía un desastre de proporciones colosales.
* * *
Alex estiró sus brazos mientras volvía a acomodarse sobre su silla giratoria, si bien descuidaba la empresa entre semana los dos días restantes estaban dedicados enteramente a ella, no podía dejarle todo el trabajo a su hermano menor, aunque estuviese cansado. Él no se esforzaba para nada en sus clases, todo su estrés se derivaba de los incompetentes que trabajaban para él, idiotas que no podían entender sus ideas futuristas.
Se concedió pues un minuto de descanso, pero la voz de su secretaria lo interrumpió.
— Señor Killian, su hermano le habla por la línea tres.
— Bien.
Con rapidez apretó el botón y voz de su hermano resonó por el teléfono.
— Hola.
— ¿Pasó algo?
— No, solo quería saludarte y peguntarte si vendrás a comer o no.
— No lo sé, estoy ocupado.
— No es cierto, ayer le eche un vistazo a tu agenda y no tienes nada.
— Hoy en la mañana me confirmaron que...
— Mentiroso.
El castaño gruñó al verse descubierto.
— ¿Y que ganaría yo con mentirte?
— No lo sé, afortunadamente mi mente no es tan retorcida como la tuya.
— Noa— retó Alex un tanto exasperado.
— Te estaré esperando y si no vienes... bueno... ya lo averiguaras.
La amenaza quedo en una interrogante, en ocasiones Noa podía ser maquiavélicamente creativo cuando se trataba de hacerlo enojar, especialmente cuando se sentía ignorado por él.
Maldiciendo en voz baja continúo tecleando, pero conociendo perfectamente al azabache se podría esperar cualquier cosa y por ello su humor cambio drásticamente, pasada una hora no se podía concentrar, así que apagó el computador y regresó refunfuñando a la mansión, para hablarle a su hermano de la mala educación que estaba adquiriendo tras haber muerto la mano indómita del que no toleraba imperfecciones.
Por otro lado, Noa sonreía al imaginarse la molestia de su hermano mayor, el cual se hacía cargo de todo como siempre y aunque había decidido estudiar en la universidad no veía un cambio, así que él le ayudaría para que pudiera vivir su vida más "normalmente" y eso era un gozo para el chico en silla de ruedas.
Sin embargo, para su desgracia, en la posición en la que se encontraba no podía hacer mucho, en ocasiones deseaba volver a andar libremente con sus extremidades, conducir y romper una nueva marca, amaba la libertad que las carreras le daban, eso que su padre nunca pudo aceptar. Aun así, a pesar de que su progenitor crio a Alex y a él de manera igual podía decirse que en realidad había muchas diferencias entre ellos, una era que el castaño lo tomaba todo a pecho y él por su parte se daba el lujo de tomar la vida con paciencia y hasta pereza.
Mirando la bella tarde ladeó su cuello para que este doliera menos, ese día las terapias de rehabilitación habían sido dobles, en ocasiones odiaba a los especialistas que solo querían quedar bien por el dinero, aquellos que le decían que avanzaba bien pero que él sabía que no era cierto, esos idiotas que venían a torturarlo cada dos días y le daban alabos innecesariamente estúpidos. Lo que él pedía era una mano firme y directa que lo retara a continuar, que le diera a su orgullo nuevamente el deseo de vencer, para que la inmensa frustración que guardaba la convirtiera en un esfuerzo para darlo todo. Pero solo era un sueño, jamás podría volver a caminar
— Esto es una pesadilla ¿por qué creaste una máquina de intelecto perfecto, si no puedo hacerlo que yo quiero?— le murmuró al gran retrato de su padre que estaba en la sala.
Siempre había hecho su voluntad aun retando a Roderick, desde adquirir un caballo a los seis, hasta entrenar con el mejor corredor de carreras, donde conquistar la velocidad se volvió una obsesión en su cerebro. La diferencia más marcada entre hermanos seguramente era que él si tenía agallas para realizar sus deseos, mientras que Alex los reprimía y trataba de olvidarlos con exceso de trabajo, eso era lo que más le preocupaba, por qué su hermano prefería formalizar una relación con un proyecto o su computador que con un ser humano de carne y hueso.
— Tal vez porque el afecto no es para nosotros... o al menos eso era lo que decías, ¿no papá?
El impávido hombre pasmado en la imagen le hizo experimentar el frio venenoso que en vida Roderick era capaz de trasmitir cuando se enojaba, no obstante, nunca creyó en los principios de su padre, estaba seguro que algún día él y su hermano serian felices, estaba convencido de que Alex aún tenía salvación, aun cuando necesitara mucha fuerza para sacarlo de donde su loco padre lo metió.
— Ya verás cómo le ayudo, siempre me salí con la mía a pesar de tus retos, mucho más ahora que no te encuentras aquí, no dejaré que Alex se consuma por la amargura y la soledad que tu tuviste.
Sonrió con esa maniaca manera que solo él y su hermano mostraban cuando un plan se fraguaba en sus mentes, salió de la sala y le indicó a la servidumbre que removieran el cuadro de su padre y lo llevaran al desván, después de todo era solo un recordatorio de sus ataduras.
— Viniste— se mofó el azabache cuando su hermano hubo llegado.
— Ni creas que fue por tu llamada.
— Por supuesto, ¿cómo podrías tu perturbarte con tan solo una llamada?, todo es iniciativa tuya y nada más.
El castaño gruñó ante la ironía de su hermano mientras este reía, el mayor estaba a punto de dirigirse a su estudio cuando oportunamente fue detenido por el azabache.
— Hey, hey, hey ¿a dónde crees que vas?
— ¿No es obvio?
— No, el comedor no está de ese lado.
— ¿Estas ordenándome a mí?, ¿desde cuándo se alteró el orden natural del universo?
Noa le dio la espalda al ojiazul y se dirigió al comedor.
— Desde que se me dio la gana, ahora camina.
Alex suspiró y aunque el comentario le hizo rabiar no podía ir en contra de su sangre, Noa era el único al que le permitía retarlo en cualquier área incluyendo el poder sobre la familia o la corporación.
Ya juntos, Noa ordenó que se sirviera la comida, saboreaba la victoria, amaba ganarle a su hermano, sobre todo cuando éste se mordía la lengua y no decía absolutamente nada.
— Y ¿cómo estuvo tu día?— cuestionó el menor, escuchando un bufido del otro.
— Tu bien sabes cómo.
— Alex, ¿por qué no puedes ser más normal?
El castaño enarcó una ceja, mientras Noa sonreía agradeciendo el plato que le servían.
— Ay hermano, si fueras normal hablarías del trabajo o sobre la universidad, todo lo que sé es que pones en ridículo a los que menos saben o que te enfrascas en trabajo que yo como "segundo" al mando debería hacer.
— Pues eso es lo normal— replicó el mayor haciendo un gesto desaprobatorio hacia la sopa verde que le servían—, ¿qué diablos es esta cosa?
— Sopa de apio, es buena para la digestión.
Alex tomó un poco de la extraña mezcla con la cuchara y la observo como quien mira una rata muerta o algo desagradable, después volvió a dejarla sobre el plato y se negó rotundamente a comerla.
— No piensas comer, está buena.
— Que a ti te guste comer pasto no quiere decir a mí también.
— Deberías cuidar más tu alimentación, anda sé un buen niño y come tu sopa.
Noa se llevó la cuchara a su boca e hizo sonidos como si fuera lo más sabroso del mundo, consiguiendo una mueca y un gruñido de enfado de exasperación por parte de su hermano.
— Ya no eres el mismo de antes— murmuró el castaño.
— No sé a qué te refieres.
— Sabes perfectamente a que me refiero, antes, aunque hacías lo que deseabas, aún si a papá no le gustaba, tu carácter era...
— ¿Tan serio como el tuyo?
El mayor asintió, desde que su padre había fallecido Noa había cambiado, aún conservaba cierta seriedad que los caracterizaba, pero definitivamente un cambio enorme se había evidenciado. El chico en silla de ruedas sonrió ante el comentario.
— Que lleve el apellido Killian en la sangre no significa que deba continuar fingiendo, con papá fuera de nuestras vidas ¿por qué no ser yo mismo o cambiar como tú?
— Yo lo hago por venganza, que no se te olvide...
— Y yo por gusto, estamos a mano.
No sabía porque se seguía molestando siquiera, no podía discutir con su hermano, siempre terminaba exasperado, de mal humor o peor, perdiendo. Algunas veces Noa era demasiado extraño para su gusto, tal vez era por la edad.
— Si eso es lo que quieres te apoyaré.
— Gracias, no esperaba menos de ti, además si fuera lo contrario, igual no hubiera hecho caso.
— Tan rebelde como siempre.
— Sí, y tú nunca dejarás de ser "papá Alex".
El aludido miró con extrañeza al otro muchacho.
— No me mires así, sabes perfectamente que tu complejo de "padre" es lo que no te deja avanzar.
— No tengo ningún complejo de padre.
— Oh sí, claro que lo tienes y muestra de ello es que pronto cumplirás veintidós y no te conozco intenciones de emparejarte con alguien.
— No tengo tiempo para eso— respondió con enfado, no tenía ni idea del porqué de ese comentario.
— Eso dices tú, pero sabes perfectamente que has tenido tiempo desde que papá murió, yo creo que solo estas evadiendo la situación.
Era suficiente, Noa se estaba extralimitando con sus comentarios y no contemplaba nada productivo en esa charla.
— Mis prioridades no incluyen nada parecido a esa estupidez y nunca lo tomaré en cuenta.
— Nunca digas nunca.
— Será mejor que te calles hermanito.
— Oh ¿me callas?, entonces di en el blanco, ¿no es así?
Alex azotó los cubiertos sobre la mesa y mirando gélidamente al chico sonriente, no se sorprendió de que éste le regresara una mirada fija, demonios, era el único que podía sostenerle su mirada asesina.
— No lo volveré a repetir Noa.
— Bueno, si no es cierto que evades las situaciones, te propongo un trato.
— No entraré en tu juego.
El castaño se levantó de su asiento para retirarse, no estaba para bromas estúpidas por parte de su hermano.
— Si tú haces esto por mí, yo te prometo no interferir en los próximos proyectos de la empresa y me quedaré quietecito en casa portándome bien.
— Dije que no entraré en...
— Si no lo haces, tomaré mi permiso especial de hacerme cargo de la corporación y no permitiré que pongas un pie en la empresa hasta que yo lo ordene.
La seriedad de Noa lo hizo virar para mirar su rostro, él hablaba verdaderamente enserio.
— No estoy para bromas.
— Ni yo; sabes cuando estoy hablándote muy enserio.
El ojiazul no tenía objeción en que su hermano menor se inmiscuyera en los asuntos de la empresa o que opinara, sin embargo, otro asunto era si el otro heredero lo excluía, eso era jugar sucio y aunque el tuviera el titulo como dueño absoluto, sabía que si Noa se lo proponía lo podrá alejar de todo.
— ¿Qué es lo que quieres?— cuestionó enfadado, cruzándose de brazos tras regresar sobre sus pasos.
Sin perder la seriedad con la que había logrado atraer la atención de su hermano, el menor respondió.
— Es algo muy sencillo.
— Habla ya.
— Tómatelo con calma, siéntate y hablémoslo como personas civilizadas.
— No tengo...
— Yo haré que tengas todo el tiempo del mundo, hazlo o perderás la empresa.
— Chantajista.
— El mejor de todos, al final tu y yo somos iguales.
Alex terminó sentándose de nuevo a la mesa, se encontraba bajo las garras de un adolescente que podría arruinarlo con solo chasquear los dedos, ¿por qué se parecerían tanto?