La nieve, tan blanca como la misma espuma, cubría los lados de la carretera. El aire soplaba brevemente pero con su gélido característico, los nogales estaban cubiertos completamente por la nívea nieve y las ardillas bajaban con rapidez de los grandes árboles. Caminaba por la orilla de la calle, algunas personas que se encontraban entre su caminar, le miraban con intriga. Era alguien que nunca antes han visto por toda la manzana y mucho menos a una mujer tan hermosa, de tez bañada por el mismísimo sol. Su abrigo n***o resaltaba en cierto punto, y su caminar lo hacía igual. Se limitó a devolver el saludo a los pocos que pasaban. No prestaba atención a la mirada de los demás. De hecho está vez, solo necesitaba llegar al lugar que quería. Nunca pensó admitir esto, pero el frío estaba hacien

