Reconociendo a mi hijo: Capítulo XI (Parte2)

3122 Words
Cuando ya es hora de que se vayan a descansar, decido llevarlos antes que llamar a un taxi porque creo que es más seguro. El español de ambos no es de los mejores, y puede que no se comuniquen bien con el taxista, y prefiero evitar alguna desgracia. Estoy abriendo la puerta para bajar con mis hermanos hacia el estacionamiento, haciendo un esfuerzo para llevarlos al hotel donde se hospedan, cuando veo a Pablo que está a punto de llamar a la puerta. «Vi las luces encendidas del apartamento y pensé que quizá podían necesitar ayuda», mi amigo siempre tan dispuesto a auxiliarnos, más ahora que estoy recuperándome. Le presento a mis hermanos, y él se ofrece a llevarlos, para que yo ya me vaya a descansar. Agradezco el gesto, y me despido de los tres. El día de la boda ha llegado, y yo despierto muy nervioso. No es que presienta que algo va a salir mal, sino que eso de tener los ojos de todos sobre mí como que nunca me ha gustado mucho. Sí, sé que durante buen tiempo estuve trabajando en el hotel como maestro de ceremonias, pero el repetir el mismo papel por varias noches hizo que tomara confianza y los nervios desaparezcan, cosa que no siento hoy. Temo que los nervios me traicionen y decir «no» cuando debo decir «sí», u olvidarme de alguna de las pautas a seguir en los rituales religiosos o en la ceremonia civil de casamiento. Lo que me preocupa es que en los recuerdos de Eliana y en los vídeos que luego verá Sebastián queden grabados alguna anécdota por mi error, y que eso manche el momento. —A lo mucho, Eliana y Sebastián reirán al recordar y ver en los vídeos el error que pudimos hacer un meme —dice Maximiliam tras explicarle la razón de mi nerviosismo. Yo pongo cara de espanto al imaginarme que mi error se hace viral en r************* —, cosa que prometo no haré —agrega Maximiliam tratando de darme paz. —Max, sé un buen hermano menor y no pongas más nervioso a Mateo —lo regaña Greta mientras sonríe porque de seguro le causa gracia que Maximiliam, con catorce años, sea capaz de hacerme sentir terror—. Mateo, tú tranquilo. Por lo que me ha comentado Eliana, los invitados no superan los sesenta, por lo que será una ceremonia muy íntima, haciendo que te sientas en confianza. Nadie espera perfección, solo ver a Eliana y a ti siendo muy felices junto a Sebastián y a todos quienes los acompañaremos. Maximiliam me acompaña a subir al apartamento de Pablo, donde me cambiaré, ya que en el nuestro Eliana se preparará para ser la novia más hermosa del universo entero. Greta se queda con mi novia, ya que ella junto a Olena y los estilistas que hemos contratados la ayudarán a estar lista. Ya donde Pablo, mi hermano menor y yo tomamos desayuno. Son las 8 a. m., todos hemos despertado temprano porque la ceremonia está programada para el mediodía. Tomándonos nuestro tiempo, con mi amigo y hermano menor estamos conversando de todo un poco, cuando Pablo menciona un detalle en el que no había reparado. —Eliana ingresará del brazo de Aleksandr porque él junto a Olena la ayudaron cuando llegó a la capital, pero tú, ¿con quién ingresarás a la iglesia? —la pregunta de Pablo me deja pensando, pero notar que una idea ha llegado a Maximiliam hace que me distraiga. —Quizá es mucho abusar, pero ¿qué tal si ingresas a la iglesia del brazo de Greta? —la ilusión en los ojos azules de Maximiliam me hace sonreír. A su edad, yo no tuve ninguna oportunidad de verme así como luce él en este momento: alegre porque la vida le está sonriendo al encontrar un hermano mayor en recompensa por perder a un padre que nunca se mereció tener un hijo como él o a cualquiera de sus hermanos—. Ella es una mujer de tu familia, la que apenas acabas de conocer, pero familia al fin. No será como si tu madre te lleve, pero al menos no caminarás solo. Ya no estás solo, Mateo. El último enunciado dicho por Maximiliam me suena tan lleno de un consuelo liberador que me siento reconfortado. Miro a Pablo, y mi amigo me ofrece una sonrisa de oreja a oreja a la par que asiente con la cabeza, y parece que quiere llorar por lo que ese niño de catorce años, aunque luce mayor al ser casi tan alto como yo, acaba de decir, sonando tan maduro. Como dicta la tradición, soy el primero en dirigirme a la iglesia, pero antes de hacerlo, Maximiliam baja a mi apartamento para llevarse a Greta, ya que ella debe ingresar conmigo a la iglesia. Cuando mis hermanos me dan el alcance en la puerta de ingreso del edificio, Greta me abraza intentando no llorar, para que el maquillaje no se le estropee. Cuando el auto de Pablo parte hacia la iglesia, una hermosa limosina llega y veo a Aleksandr bajar de ella: ha llegado por Eliana. Al llegar a la iglesia, saludo a los invitados que ya están llegando para acompañarnos durante la ceremonia y al sacerdote que nos va a casar. Por Olena conocimos al Padre Juan, quien, al escuchar nuestra historia, se hizo “fan de nuestra relación” (ja, ja, ja, ja), y con mucho gusto aceptó casarnos y bautizar a Sebastián. Cuando nos avisan que Eliana ya llegó, Greta se pone a mi izquierda, me toma del brazo y nos disponemos a empezar nuestro ingreso a la iglesia, pero, sin que se lo espere, jalo a Maximiliam, y los tres terminamos avanzando con el acompañamiento musical. «Greta me acompaña en representación de mi madre y tú en representación de mis hermanos», le digo a mi asombrado hermano menor, quien se aferra a mi brazo derecho y nos dice que brillemos para deslumbrarlos a todos. Ingresar con ellos es una experiencia que nunca olvidaré. La risa nos invade cuando todos empiezan a aplaudir incentivados por Pablo, y siento que entre nosotros crece una complicidad propiciada por la fraternidad implícita que está despertando al conocernos cada día más y más. Ya en mi sitio enfrente al altar, es el momento de esperar el ingreso de Eliana. Al inicio de las notas de la marcha nupcial veo a Olena avanzar como la dama de honor, y unos cuantos pasos detrás, aparecen Aleksandr llevando a Eliana de su brazo. Sin querer, lágrimas empiezan a caer por mis mejillas cuando me doy cuenta que de blanco luce más hermosa de lo que ya es, y que el corte del vestido, así como el maquillaje y peinado la hacen ver lo joven que es con ya veintidós años cumplidos. Mi amigo ucraniano deja cariñosos golpecitos en mi hombro cuando me entrega a Eliana, y ella limpia con sus suaves manos las lágrimas que aún recorren mi rostro. Al dar inicio la ceremonia, ambos escuchamos atentamente al Padre Juan para no perder ningún detalle de los ritos que debemos seguir. Cuando es el momento en que debo responder si acepto o no a Eliana en matrimonio, respiro hondo y entrego un rotundo y fuerte «sí, acepto» que arranca la risa de Maximiliam al recordar lo nervioso que estaba por la mañana, y termino soltando un par de carcajadas. Todos empiezan a reír, en especial Sebastián. Ya cuando es el turno de Eliana, todos se calman, y ella, muy segura y sin nervios que la nublen, responde de tal manera que arranca suspiros por lo dulce que se escucha su voz ante el micrófono. En el momento de intercambiar los anillos, Pablo me ayuda entregándome la cajita de joyería donde están nuestras alianzas, y Olena toma el ramo de novia que Eliana lleva en sus manos. Cada quien con su respectiva alianza en el anular izquierdo nos miramos sonrientes, y tras decir el Padre Juan que puedo besar a la novia, acerco a mi amada Eliana tomándola por la cintura, y dejo un suave beso. «Te amo», le digo inmediatamente después, y ella se me acerca una vez más para besarnos de una manera más apasionada, ante la cual todos aplauden y festejan. De inmediato, Olena se acerca donde Sebastián, quien está en los brazos de la abuela de Jasón, para llevarlo hacia la pila bautismal. Lo bonito de esta ceremonia doble, es que tanto padres como hijo saldremos de la iglesia obteniendo un sacramento. Aleksandr y Olena, flamantes padrinos de nuestro niño, lo tienen en brazos mientras el Padre Juan ofrece un breve discurso sobre la importancia de la participación activa de los padrinos en la vida de sus ahijados. Cuando llega el momento de mojar la cabeza de Sebastián con el agua bendita, este no tiene ningún problema en que Aleksandr lo coloque echado en uno de sus brazos, con la cabecita hacia atrás, ya que en los últimos días ha estado practicando con mi hijo esa postura, y con total calma, mi niño recibe el sagrado sacramento que lo inicia en la Iglesia católica. Ya en la recepción de la boda, nos espera el representante municipal para realizar el matrimonio civil, y después de unos breves quince minutos, Eliana y yo ya somos marido y mujer ante Dios y los hombres. Como todavía no puedo moverme a mis anchas, con Eliana bailamos un par de minutos y a un ritmo cadencioso que disimula muy bien que no puedo agitarme. Para el almuerzo, hay un apetecible bufé para nuestros invitados, mientras que yo solo como la dieta que Eliana estrictamente ha supervisado. Cuando llega el momento de cortar el pastel, lo miro con una añoranza apunto de romper en llanto, pero me controlo al escuchar a Aleksandr recordarme la promesa que me hizo. Por mi condición, la luna de miel se aplazó, por lo que solo tendremos una noche de bodas en el hotel donde nos conocimos y enamoramos. Sebastián se quedará con los Shevchenko, así que mi ahora esposa y yo podemos partir tranquilos hacia el hotel. Ya en nuestra suite, una que elegimos en el piso más alto del hotel, nos quedamos contemplando la vista que tenemos desde el ventanal, mientras, una vez más, soñamos despiertos con el futuro que nos depara la vida. —Me alegra que ya no seamos solo nosotros tres, sino que nuestra familia ha crecido considerablemente —dice Eliana mientras se acurruca sobre mi pecho, pero en el lado izquierdo, para no presionar donde está mi hígado—. Primero fue la declaratoria de Aleksandr de tratarnos como familia y ahora es tu cercanía con tus hermanos, algo que le pedí a Dios que nos conceda —quedo mirando a Eliana por lo que acaba de decir—. Así es. He orado mucho porque te des cuenta que esos muchachos son tan o más víctimas de lo que tú fuiste de ese hombre. Crecer con un padre así debe ser horrible, peor de lo que fue para ti ser abandonado antes de nacer o para mí el ser rechazada por haber quedado embarazada. —Que hayas sido rechazada por tu embarazo siempre me parecerá un acto abominable —le repito una vez más. Nada es peor que dejar solo a un hijo cuando está más vulnerable que nunca. —Lo sé, y creo que está en el top cinco de los actos más repudiables realizados por padres, pero hacer de la vida de tus hijos un infierno y aparentar que todo está bien, eso es más cruel. Eliana tiene razón. Encima de la decepción, del desencanto y del abandono, vivir una mentira debe ser castrante. Crecer con un sentimiento de inferioridad fue lo que hizo que Devin buscara refugio en las drogas, algo que casi lo mata. En Greta ya empieza a notarse el daño por haber crecido con un padre como Hermann Schwarz, ya que mi joven hermana, con apenas dieciocho años, se niega a enamorarse, a creer en un hombre, por lo que la maternidad y el matrimonio son dos realidades que no las contempla para su vida. Y Maximiliam, quizá sea el único que no desarrolló anticuerpos contra la enfermedad que es haber vivido con ese tipo porque sus hermanos mayores lo protegieron, pero saber que su padre no dudó en firmar el documento para desistir de la patria potestad que tenía sobre él, debió doler mucho. —Les he prometido que cuidaré de ellos —digo y Eliana deja un beso sobre mi pecho, a la par que acaricia la cicatriz que ha quedado después de la cirugía de donación de hígado. —Gracias —dice Eliana y siento que ha empezado a llorar—. Yo sé lo importante que es tener un hermano mayor comprensivo y presto a escuchar porque yo no lo tuve. —Ofreciéndole a otros lo que no hicieron por nosotros será la manera que tenemos de retribuirle a la vida —digo y ella busca mi mirada. —¿Es por eso que desde que conociste a Sebastián has sido tan bueno con él? —su pregunta me hace sonreír. —Sí y no —digo y ella se llena de más duda—. Yo te amo, pero no es el amor que siento por ti lo que hace que ame y reconozca como mi hijo a Sebastián. No sé cómo explicarlo, pero de alguna manera él me eligió para ser su padre y yo lo elegí para que sea mi hijo. No estaremos relacionados por la sangre, los genes, pero lo estamos por el corazón, el alma; así que, de alguna manera, nacimos para ser padre e hijo. Por otro lado, yo, que no tuve padre, me propuse ser el mejor de todos cuando tenga hijos, y al aceptar a Sebastián como mi hijo, he iniciado con él mi objetivo, de ser el mejor padre de todos los tiempos. —El maravilloso hombre que me iba a perder por mi baja autoestima —susurra avergonzada. —En eso te doy toda la razón —digo bromeando al mostrar un poco de vanidad ante el comentario que hizo. Eliana sonríe y deja un beso sobre mis labios, uno suave para que no despierte la pasión, ya que aún estoy en recuperación, así que esta noche no va a haber más acción que conversar y contemplar lo bonito que se ve la ciudad desde lo alto del hotel. —Vamos a tener que construir nuestra propia casa, con habitaciones para recibir a tus hermanos y a la señora Hanna. Ella no me parece una mala persona. Su mirada está llena de tristeza y arrepentimiento cada vez que te mira —el comentario de Eliana nos regresa al inicio de nuestra conversación. —Tras recuperarme de la cirugía, voy a trabajar incansablemente para comprar un terreno en la mejor zona de la ciudad y construir la casa más bonita de todas. Yo mismo diseñaré los planos de aquel lugar que será nuestro hogar definitivo, al cual siempre podrán venir a refugiarse mis hermanos, Hanna y nuestros hijos cuando decidan hacer sus vidas al crecer —lo que acabo de decir capta la atención de Eliana. —Mateo, nunca hemos hablado de tener más hijos —resalta ese punto, aquel que se notó cuando pluralicé el sustantivo “hijo”. —Sebastián aún está tan pequeño que no quise tocar ese tema porque aún faltan algunos años para ampliar la familia —agrego mientras dejo un beso sobre su nariz, la cual ha quedado a mi alcance tras haber levantado la cabeza para mirarme a los ojos mientras conversamos. —¿Cuántos hijos más quieres? —pregunta con ilusión en su rostro y voz. —No lo sé. Soy muy sincero al decirte que no he reflexionado sobre una cantidad exacta de niños que sean tan tuyos como míos. Creo que eso lo podemos dejar a cómo vaya evolucionando nuestra situación económica, nuestra salud y las necesidades de los hijos que ya tenemos —lo que comento le parece bien porque sonríe animada. —Gracias por pensar en el presente, en lo que tenemos y somos antes de soñar con el futuro —Eliana suena tan ilustrada con lo último mencionado, y me recuerda que ella, aunque no haya continuado estudiando, es muy inteligente. —Antes de tener un segundo hijo, creo que debes estudiar —comento lo que pienso que es lo más adecuado para ella y para nosotros después de recordar que al terminar la escuela no pudo seguir estudiando porque simplemente sus padres no pensaban que una hija mujer necesitara superarse en la vida—. Tener educación superior, técnica o universitaria, te servirá para mejorar el negocio y para criar con mayor sabiduría a nuestros hijos, ya que tu criterio se ampliará. —Siempre quise estudiar panadería y repostería —me recuerda al comentar una vez más el sueño que tenía de niña, el de aprender a ser pan y ricos postres para vender en una enorme tienda. —Entonces, no esperes más para iniciar con tus estudios. El negocio ya lo tienes bien organizado, de tal manera que nuestros empleados pueden trabajar sin que tú estés sobre ellos, solo siguiendo tus indicaciones. Y yo, aunque no puedo hacer mucho, estoy en casa por el descanso médico que tengo por los próximos siete meses. Solo tenemos que contratar a alguien que se encargue de preparar los alimentos y de ayudarme con Sebastián cuando hay que cambiarle el pañal o bañarlo, ya que no puedo cargarlo ni hacer mucho esfuerzo con él. De ahí, todo está bajo nuestro control. Eliana duda un poco, ya que no le gusta la idea de que otra mujer se encargue de cuidar de su hijo y de nuestra alimentación. Yo le aseguro que contrataré a un hombre, y ella ríe mientras asegura que no es porque sea celosa conmigo, sino que lo es con Sebastián; ella no quiere que nuestro bebé termine llamando a alguien más «mamá». Tras asegurarle que nuestro hijo no le dará el título que ella se ha ganado con creces a otra mujer, Eliana acepta iniciar con sus estudios ni bien empiece el siguiente semestre académico en el instituto de alta cocina donde soñó estudiar. —No me cabe la menor duda que tú eres el amor de mi vida —dice, y yo sonrío como un bobo mientras nuevamente ella reposa su cabeza sobre mi pecho. —Ya somos dos que no tenemos duda alguna de que somos el amor de nuestras vidas —y entre risas, nos quedamos dormidos al estar tan cansados por el agitado día que tuvimos.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD