—Por favor, ya no llores. Entiendo que, entre tu madre, hermana y yo, más les creas a ellas, pero te aseguro que yo te respeto en todo sentido, que jamás haría algo para herirte —le digo, y escucho que ella se tranquiliza. —Está bien, Braulio, te creo. Disculpa que te haya llamado, pero mi mamá me ha dicho tantas cosas que me sentí muy mal —al recordar lo que mi madre me dijo después de llegar de la primera cita con nuestros hijos, imagino por lo que la pobre ha tenido que pasar por este malentendido. —Te entiendo, Alejandra. Solo te pido que estés tranquila y regreses a tu casa. Ahora estoy en pleno lonche familiar. Mis hermanos Fernando y Cecilia han venido a casa con sus familias. Deja que me excuso con ellos y salgo hacia tu casa, para explicarle a tu madre y hermana que se han equiv

