—Ah, ¿y crees que está bien ponerme en una situación de culpabilidad sólo porque eres mi madre? —grito, retorciéndome una mano en el pelo mientras los sentimientos me suben a la garganta. Las lágrimas inundan mis ojos rápidamente y me nublan la vista, los naranjas, rosas y amarillos del cielo se funden frente a ellos. —¡Será mejor que cuides tu boca cuando me hables, Rebecca! Tienes la puta boca de tu padre. Todo lo de hoy. Las palabras que me han escupido. Los insultos. Los que fueron nivelados y cubiertos con una fina capa de disculpa por él. Ahora, está la de ella. Las miles de palabras que odio leer y escribir. Toda la falsa alegría. El maldito tráfico. Todo lo que se sienta sobre mis hombros me tira hacia abajo. Mi cabeza cae y va a parar a mis brazos cruzados mientras lágrimas cali

