—¡Sergio! —. Bramó desde atrás Marlín. Al escuchar la voz de su madrina, Kristhel recobró el aliento, con la mirada, Marlín le indicó que ingresara. De forma rápida se introdujo a la habitación, caminó hasta el baño y puso seguro. —¿Que crees que haces? —¿Piensas que miento cuando digo que si no vuelves a mí cama me cogeré a tu ahijada? —¡Pat!, una cachetada se estrelló en el rostro de Sergio. —¡Maldito infeliz! —, empezó a golpearlo —¡No te atrevas!, ¡déjala en paz! —¡Quieta! —, le tomó las manos —Está en ti detenerlo, solo en ti. —¡Me das asco!, ¿¡no puedes entenderlo!?, solo de verte se me revuelven las tripas y piensas que podré pasar una noche contigo. —Muchas noches, esposa mía—, le acarició el mentón—, Marlín escupió. —Ni muerta—, seguido se fue. —Espera y verás Marlín. S

