Antes de acabar la cena agarré el control y encendí la televisión que se encontraba pegada a la pared, di play al vídeo esperado que le gustara, llevó la mirada a la televisión y se quedó observando a ese pura sangre, en la comisura de sus labios se dibujo una sonrisa, posó su codo en la mesa y asentó su cabeza sobre su mano —¿Recuerdas las carreras de los pura sangres en Valleral? —, asintió sin mirarme, es que a ella le gustan tantos los caballos, que verlos personalmente o tras una pantalla acapara toda su atención. Un día le prometí trabar duro para regalárselo —En la próxima carrera participaré—, atraje su mirada. —No sabes montar —Yo no, pero contrataré un jinete—, volví a llevar una cucharada de comida a mi boca —Y cuando eso ocurra, los dos estaremos contemplando la carrera desde

