En el país del norte, Kris, acariciaba el delgado rostro de su madre, ya casi tres meses habían pasado desde que la vio por última vez. Dejando rodar las lágrimas recostó su cabeza sobre el cuerpo de su madre y sollozó con fuerzas. —Mamita, abre tus ojos y abrázame, necesito de tus abrazos. Desde la puerta, Jacinto Stephens la contemplaba, soltó un suspiro al escuchar los lamentos de Kris. La culpa lo volvió asechar, «si tan solo hubiera dejado de lado la frustración y hubiera sido un buen esposo, si no se hubiera dejado llenar la cabeza con los malos consejos de su hermano y le hubiera dado la oportunidad a Magda, quizás habrían sido muy felices, sin embargo, su obsesión por Clementina le hacía lastimar a su esposa, quería que ella sufriera como él sufría, quería cobrar en ella la pérdi

