Al día siguiente
- bueno días tía, buenos días tío!- saludé a toda prisa... Es probable que estemos atrasadas -
- buenos días tíos! - habla Tati, igual de apresurada que yo-
- buenos días niñas-dicen al unísono... Tomo una manzana y Tati hace lo mismo, ya íbamos saliendo cuando mi tía nos llama-
- niñas, deben alimentarse bien - alega mientras llega a nuestro lado-
- pero tía, llegaremos tarde a la universidad - dije haciendo un puchero-
- nada de eso, Samuel y Alan, las llevarán a la universidad pero deben comer-en ese instante, Alan y Samu, bajan las escaleras de forma apresurada y llegan a la mesa-
- madre, debemos desayunar rápido, don jamás llegó tarde, tiene prisa-dice Samu, mientras toma una manzana, Tatiana y yo, nos reímos bajo- Dios... Tu y Sam son tan parecidos - empecé a toser mientras mi tía y me ayudaba y Tati se reía -
- chicos, lamento molestarles pero ya le prometí a estas señoritas que ustedes las llevarán a la universidad - dijo mi tía mirándoles - no hay problema, cierto? - les miró de forma interrogativa -
- por supuesto que no madre... Alan y yo, las llevaremos - dice mirándome - ahora si, no veo que hayas saludado a tu novio casi esposo... Y no se han hablado porque me costa que no ha hablado pro teléfono - mi rostro palideció -
- como puedes ser tan entrometido? Deja de perseguir a tu prima y a tu mejor amigo, Samuel- dice mi tía, sacándome de un gran problema-
- no es entrometido madre... Es solo que en ocasiones, parece como si no se amarán realmente-dice pensativo mientras se masajea la oreja que mi tía le había jalado, Alan y yo nos miramos -
- Tienes razón hermano, no nos hemos saludado pero tu te has dado cuenta, no coincidimos con los tiempos aunque eso no signifique que no nos amemos- dice alan mientras mantiene fija su mirada en mi... Amor, una palabra muy fuerte -
- ya, ya... Los dejo en paz- dice levantando sus manos, yo respiré - después de que se den un beso, un beso de verdad - dijo mirándonos seriamente... estoy segura que mis mejillas están a punto de explotar... No podía ni siquiera, mirar a Alan, jamás había dado un beso-
- hijo... - quiso interferir mi tía -
- no madre... Si es cierto que están enamorados, esto no será un problema, si están comprometidos, este no debería ser el primer beso que se dan, no? - dijo Samu, mirando a mi tía -
- claro que no, tonto-dije tratando de disimular mis nervios, Alan no dejaba de observarme y de un momento a otro, se acercó tan rápido que escasamente pude reaccionar, juntó nuestros rostros y unió nuestros labios en un beso romántico y por un instante, solo por un instante, nos olvidamos del resto, el tomó mi cintura con su mano derecha, mientras con la izquierda, tomó mi rostro. En mi caso, coloqué mis manos en su pecho, apretando la chaqueta que llevaba puesta. Una vez nos separamos, nuestros ojos se encontraron, los de el eran unas perlas azules ilegibles, mientras que yo sentía mi rostro arder-
- muy, bien, muy bien... Como soy un hombre de palabra, los dejaré en paz-Alan y yo nos separamos inmediatamente, casi como si dos imanes nos alejaran, Alan solo asintió -
Alan solo asintió, como si nada extraordinario hubiera ocurrido, pero yo sabía que para él tampoco había sido tan simple. Sus ojos azules aún estaban clavados en mí, con una intensidad que me hacía sentir el corazón desbocado.
—Bueno… —dije aclarando mi garganta, intentando recuperar algo de dignidad—. ¿Nos vamos o quieren que también hagamos una segunda demostración?
Tatiana soltó una carcajada inmediata.
—¡Sam! —dijo entre risas—. Mira que te salió carácter después del beso.
Samuel levantó ambas cejas, sorprendido, pero luego sonrió con una expresión divertida.
—Vaya… al parecer sí se aman —dijo con tono burlón—. No esperaba menos de mi mejor amigo.
Alan tomó su chaqueta del respaldo de la silla sin dejar de mirarme.
—¿Lista? —preguntó con calma.
Asentí rápido.
—Sí.
Mi tía suspiró aliviada.
—Vayan con cuidado, niños. Y ustedes dos —miró a Samuel y a Tatiana—, dejen de molestar.
—¡Yo no molesto! —se defendió Samuel levantando las manos—. Solo soy un observador de la verdad.
—Un chismoso profesional —murmuró Tatiana.
Salimos finalmente de la casa. El aire de la mañana estaba fresco y el sol apenas comenzaba a iluminar la calle. Caminamos hasta el auto de Alan, y por primera vez en todo el tiempo que lo conocía, el silencio entre nosotros se sentía… extraño.
No incómodo.
Solo… distinto.
Tatiana se subió atrás con Samuel, que también iría a la universidad por la misma dirección. Yo quedé en el asiento del copiloto.
Alan encendió el auto.
El motor rugió suavemente.
Nadie habló durante unos segundos.
Hasta que Samuel rompió el silencio.
—Debo decir que fue un gran beso.
—¡Samuel! —gritamos Tatiana y yo al mismo tiempo.
Alan soltó una risa baja.
—¿Qué? —continuó Samuel—. Solo digo lo que todos vimos.
—¿Quieres que te deje aquí? —preguntó Alan con calma mientras manejaba.
—No, gracias. Me gusta vivir.
Tatiana volvió a reírse.
Yo miraba por la ventana intentando calmar el calor que todavía sentía en las mejillas. Mi mente seguía repitiendo lo que había pasado hacía unos minutos.
Mi primer beso.
Con Alan.
Mi… prometido.
Sentí entonces su mirada.
—¿Estás bien? —preguntó en voz baja, solo para mí.
Asentí.
—Sí.
Pero cuando giré la cabeza para verlo, me di cuenta de algo.
Alan no estaba sonriendo.
Parecía… pensativo.
Demasiado pensativo.
—Lo siento —murmuré.
—¿Por qué?
—Por lo de hace rato… Samuel te presionó.
Alan negó suavemente.
—No me presionó.
Fruncí el ceño.
—Entonces…
Por un instante, sus ojos azules se posaron en los míos otra vez. Esta vez eran aún más difíciles de leer.
—Solo hice lo que debía hacer.
No supe por qué, pero esas palabras me dejaron una sensación extraña en el pecho.
Como si aquel beso…
hubiera significado algo más para él.
O quizás…
mucho menos.
Samuel volvió a interrumpir desde atrás.
—Por cierto, Alan.
—¿Qué?
—Si ese fue el beso frente a la familia… no quiero imaginar cómo serán los privados.
—¡SAMUEL! —gritamos los tres al mismo tiempo.
El auto se llenó de risas.
Pero mientras reíamos, no pude evitar notar algo.
Alan no volvió a mirarme.
Ni una sola vez.
Y no tenía idea de por qué… pero una pequeña sensación de inquietud comenzó a crecer dentro de mí.