Casa de campo Roberto 09:00 Ignacio llegó temprano, como había prometido. El aire fresco de la sierra entraba por las ventanas abiertas, pero en la cocina el ambiente era denso, cargado de una espera silenciosa. Mara sostenía la mano de Carmen con fuerza, como si quisiera prestarle parte de la calma que a ella misma le faltaba. Roberto permanecía erguido, los brazos cruzados, como un hombre que sabe que ya no puede huir de lo que se avecina. —Ya está hecho —dijo Ignacio apenas entrar, dejando su maletín sobre la mesa—. Las denuncias se han presentado esta mañana. Es cuestión de horas que los medios lo filtren. Mara tragó saliva. Sabía lo que significaba: su nombre, su rostro, su vida profesional quedarían en entredicho. Para la prensa sería “la doctora que fingió su muerte”. Y Lydia no

