Fundación Laura Sanchez. 09:00 El despacho olía a café recién hecho y a papel antiguo. Francisco cruzó la puerta sin anunciarse, con el rostro endurecido y un pliego de papel arrugado en la mano. Ignacio levantó la vista de sus notas, percibiendo la tensión en el aire. —¿Qué ha pasado? —preguntó, dejando la pluma sobre la mesa. Francisco extendió el papel sin sentarse siquiera. —Esto. Ignacio tomó el documento y lo desplegó con calma. Era un recibo viejo, amarillento, con iniciales codificadas y una fecha marcada pocos días antes del accidente del padre de Francisco. Lo revisó con ojos expertos, deteniéndose en los detalles. —¿Dónde lo encontraste? —preguntó con voz baja. —Gómez. El mecánico que trabajó en el coche de mi padre. Marco lo localizó, y terminó confesando. —Francisco apo

