Casa de campo Roberto 07:00 La casa de campo de Roberto olía a madera húmeda y a café recién hecho. Afuera, los primeros rayos del sol iluminaban el jardín, pero dentro, la penumbra mantenía un silencio tenso, como si la vieja casa supiera que se estaban preparando para una guerra. Mara estaba junto a la chimenea apagada, con un libro abierto entre las manos que no leía. No podía. Cada página le temblaba como si pesara toneladas. Francisco, apoyado contra la mesa de roble, la observaba en silencio, con la chaqueta sobre el respaldo de la silla y el gesto duro. —No soporto la idea de verte con ella —rompió Mara, al fin, dejando el libro a un lado. Su voz cargada de un miedo que apenas reconocía como suyo. Francisco dio un paso hacia ella, hasta inclinarse lo suficiente para que sus mano

