Mansión Valverde. Despacho de la abuela 09:00 El despacho estaba cargado de penumbra a pesar de la luz de la mañana. La abuela se mantenía erguida tras el escritorio, con el bastón apoyado al alcance de su mano. Sus ojos helados lo seguían como si intentaran doblegarlo con solo mirarlo. —Te veo demasiado en la Fundación últimamente —dijo con voz pausada, cada palabra impregnada de autoridad—. Recuerda que tu deber es con el apellido, no con las distracciones que arrastras. Francisco sostuvo su mirada sin vacilar. —Mi deber es con lo que creo justo. No contigo. Ella entrecerró los ojos, afilada como una navaja. —Cuidado, Francisco. Cuando se escarba demasiado, se corre el riesgo de encontrar verdades que aplastan. El apellido siempre será más fuerte que tú. Él sonrió, pero no había c

