Island cerró los ojos con fuerza, intentando bloquear el impacto de sus palabras. Sabía a qué condición se refería: darle un hijo a cambio de su libertad. La idea la había atormentado desde que la mencionó, pero jamás había pensado en aceptarla. No podía ceder a ese nivel, no cuando significaba atarse a él de una manera tan irrevocable. —Nunca lo haría —respondió finalmente, su voz apenas un susurro, pero llena de determinación. Daska se rio suavemente, un sonido que envió escalofríos por la espalda de Island. —¿Estás segura de eso? —preguntó—. Porque yo podría hacerte cambiar de opinión. Island sintió la desesperación mezclada con su furia, y se debatió nuevamente en sus brazos, pero él no la soltó. La mantenía cerca, atrapada en una prisión de su propia creación. —Nunca —repitió con

