Island lo miró fijamente, notando la intensidad de sus ojos en la oscuridad. Estaba jugando con fuego, y lo sabía. Pero algo en su interior, una pequeña chispa de desafío se encendió. —¿Por qué quieres que te dé un hijo? —preguntó, su voz apenas un murmullo—. ¿Eso es lo que te haría sentir poderoso? Daska arqueó una ceja, sorprendido por el cambio de tono en ella, pero no respondió de inmediato. En lugar de eso, aflojó ligeramente su agarre, dejando que ella tomara una bocanada de aire, pero sin perder el control del todo. Island aprovechó ese momento de vulnerabilidad. Giró su cuerpo bruscamente, empujándolo hacia el lado de la cama con toda la fuerza que pudo reunir. El movimiento fue tan repentino que Daska, sorprendido, perdió el equilibrio por un segundo, lo que le dio a ella la op

