Mis primeros días en casa de la Familia Parra los llevo con tranquilidad, el sábado y domingo disfrutamos conversando y recordando buenos momentos. No es que se pueda hacer mucho con una señora de setenta y cinco años y un señor de ochenta y siete años, más que hablar y contar algunas anécdotas de vida que ellos hayan tenido, por mi parte los escucho gustosa tengo suficiente tiempo sin verlos como para simplemente ignorarlos; aunque claro está que no es que planee quedarme todos los días encerrada sin hacer nada, no quiero añejarme aquí y pasar a ser parte de los adornos que hay en toda la casa.
Por suerte a dos cuadras hay un centro comercial, y no solo eso. Hay muchas cosas que me quedan cerca, como el centro de la ciudad, algunos paseos agradables para caminar y una que otra cosa que ver en el camino. Una de las cosas que más me gusta es el clima de esta temporada, donde por fin después de una larga espera hace frio y puedo usar suéteres sin sancocharme en mi propio sudor como ocurriría el resto del año por las altas temperaturas presentes en Oremurt o Todragi.
Es lunes veinticuatro de diciembre, el día antes de Navidad. Como es tradición en Kalos este es el día donde comienzan las fiestas, están las compras de última hora, aparecen algunas cosas en ofertas y otras exageradamente caras. Nos levantamos temprano por la mañana, por suerte la hayacas ya están preparadas desde días anteriores y solo hay que hervirlas para comer en la cena, así que solo queda por preparar la ensalada de gallina y el pernil, comprar un pan de jamón y unos refrescos. He quedado en salir con la señora Carmen por algunos supermercados dela ciudad.
— Dianita, ¿Ya estas lista para salir? — me llama la señora Carmen desde la sala del apartamento.
— Deme un momento, ya casi estoy lista.
— Te espero.
Me estoy vistiendo lo más rápido posible. Me coloco un pantalón de blue jean y una camisa negra con blanco, mojo mi cabello, le retiro el exceso de agua y me peino. Estoy presentable, con la camisa algo mojada. Nada que no se pueda secar.
— Ya estoy lista señora Carmen.
— Perfecto, vámonos ya antes de que se llene todo y sea imposible comprar.
— Adiós ma — me despido de mi madre que se ha encargado desde temprano de hacer la ensalada y pernil al horno.
— Nos vemos en un rato cariño. Cuídense por allí.
En el supermercado todo es una locura, la gente, que al parecer tiene mucho dinero, lleva carritos de mercado full de refrescos, bebidas alcohólicas, jugos y botanas. A duras penas logramos conseguir dos refrescos y unos panes de banquete que venden en el supermercado. Nos dirigimos a la caja y pagamos lo más rápido posible para continuar con lo que falta, el pan de jamón.
— Ese supermercado era una total locura, pensé que no íbamos a conseguir nada con tanta gente comprando como si no hubiera un mañana.
— Si, las personas llevaban muchas cosas, ¿Ahora a donde vamos?
— Solo nos falta el pan de jamón, así que vayamos a la panadería la ópera, allí hacen unos panes muy buenos para esta época.
En auto no tardamos nada en llegar a la panadería. Pedimos el pan, lo pagamos y nos fuimos. Por suerte en este lugar casi no había. Solo nos queda regresar y terminar los preparativos de hoy.
Al entrar al apartamento nos rodeó un delicioso olor a cerdo horneado.
Mmm, huele tan bien. Llevo tiempo sin probar este platillo por parte de mi madre.
— Rouse, huele delicioso. Se nota que te has esmerado con esa comida. — dice la señora Carmen con admiración.
— Como siempre. Espero que quede tan bien como huele. — responde orgullosa.
— Seguro que si mama, ¿Necesitas que te ayude en algo?
— En este momento no cariño. Descansen que ustedes vienen de la calle, más tarde acomodaremos la mesa para cenar.
— Vale.
Durante el tiempo libre que tengo aprovecho de revisar una biblioteca que hay en el apartamento. Consigo muchos libros interesantes, entre ellos uno llamado Como agua para chocolate. Su título me llama la atención y lo tomo para leer tengo tiempo sin una buena historia.
Las horas se me pasan leyendo y para cuando me doy cuenta son las seis y cuarenta de la tarde. Debo bañarme antes de que comience a hacer más frio. Salgo del cuarto donde estoy quedando para darme una ducha. Efectivamente el agua está congelada, por suerte hay un calentador y de a poco el agua mejora su temperatura a una más agradable. Estoy lista, salgo del baño y solo me queda arreglarme para la cena de esta noche. Mi madre y la señora Carmen arreglaron la mesa por su cuenta, dejándome sin nada que hacer. No sé porque ocurre eso cuando estamos rodeados de personas mayores, ellos procuran encargarse de todo y no dejan que los más jóvenes participen o no los incluyen. Y luego escuchamos quejas como: Pero no hace nada; ahí está vagando, que lento es, y así cualquier cosa despectiva. Espero que no ocurra en este caso.
Ya de regreso en el cuarto procedo a vestirme. Me coloco mi ropa interior y busco en la maleta las prendas que me colocare hoy, saco un pantalón de licra grueso de color n***o con cierres dorados a los lados con pretina alta, y una blusa color rosa coral con un diseño muy básico pero hermoso con un suéter ligero rosa más claro. La combinación se ve bien, armo mis rizos como de costumbre y procedo a maquillarme, me veo en un espejo pequeño y creo que luzco bien, de todas formas no voy a salir a ninguna parte.
Una idea cruza mi mente.
Debería enviarle una foto a Ram, él siempre tiene una buena opinión en cuanto al gusto. No pierdo tiempo y me tomo varias fotos y se las envío.
¿Qué te parece?, ¿Me veo bien?
Diana.
Espero paciente su respuesta.
Hermosa.
Ram.