8 Llanus

2253 Words
Había luna llena y las calles de Francia se inundaban con su luz, la misma luz de la que se escondían los luchadores callejeros, justo en las catatumbas y desagües pluviales, las paredes y el suelo adoquinado se llevaban de sangre conforme los oponentes se acribillaban sin piedad los unos a los otros. Una amplia red de apuestas y peleas clandestinas se llevaban a cabo a la media noche en la ciudad del amor justo en las catacumbas. — ¡Dale más fuerte!—Vocifero. — ¡Patéalo en la cara! — ¡Debes ganar! — ¡No te detengas! Los humanos agresivos vociferaban y exclamaban una y otra vez lo mismo, debía haber un ganador y ese debía ser el más fuerte. Había entrado un nuevo retador, se encontraba sentado sobre una caja de madera esperando que la pelea terminará. Observaba con atención al robusto hombre moreno golpear con sus nudillos ensangrentados al hombre enaltecido pálido, parecía ser un profesional pues el pálido hombre no le había atinado ningún golpe, sin embargo, era clara la desventaja, pero el retador sabía que el hombre robusto le haría falta fuerza después de terminar su pelea. — ¿Payki Nizan?—Pronuncio la chica encapuchada que manejaba el dinero de las apuestas. El chico giro rápidamente su rostro hacia ella, su cara no tenía ningún desperfecto, sus ojos eran achinados y su cabello encrespado, su piel era morena, pero su mirada era fría y poco agradable. —Si. La chica sonrió levemente. —No creo que le ganes, el coronel no tiene puntos débiles...ha pasado toda su vida luchando, estuvo un tiempo en Vietnam—Relato al colocarse contra la pared llena de moho. Payki volvió la vista hacia el hombre que rugía al golpear con su cabeza la del oponente, dejo inconsciente con su impacto al hombre blanco. —Todos tienen un punto débil—Severo. La chica se rió. —Te toca Pa-y-ki...—Anuncia. La gente a su alrededor gritaban feroces, pues una vez más el hombre que la chica encapuchada denominaba "el coronel" había salido victorioso de la pelea, pero esta vez no tendría tanta suerte. —Jajaja... ¡¿quieres comer asfalto chico?!—Grito lleno de entusiasmo, actuaba petulante y enérgico. Payki se quitó la camisa y luego acomodó en sus manos los vendajes blancos que protegían sus nudillos, exhaló el aire contaminado; lleno de adrenalina, euforia y excitación. Preparo su cuerpo para el primer golpe y ni se inmutó. El coronel se irguió casi dos metros frente a él y por un momento pareció tambalearse un poco por el cansancio, pero no era excusa para no enfrentar con todo lo que tenía a Payki. Payki lleno una pierna hacia atrás y luego ladeó un poco su cabeza, tenía los puños frente a él, estaba concentrado y seguro de sí mismo, pero el mastodonte contra el que estaba a punto de luchar podría ser capaz de acabar con esas esperanzas en un abrir y cerrar de ojos. El bullicio de la gente a su alrededor le llenaban de irritación, todos apoyaban al mastodonte, para cuando recibió el primer golpe en un costado de su torso, el público se había quedado en silencio. El coronel continúo acribillando su torso con golpes sin detenerse. Payki ni se inmutó, sujeto por el brazo a el coronel y dirigió un golpe certero contra su mandíbula. El público contemplo en silencio la velocidad con la cual el chico se movía, el coronel sujeto su mandíbula después del impacto y parecía estar aturdido, Payki sujeto sus manos llenas de sangre y corrió hacia él, atajo entre sus piernas la cabeza del coronel y logró ponerlo contra el suelo. El hombre robusto no había visto venir tal movimiento, se encontraba forcejeando desesperadamente el agarre del chico, mientras sentía como perdía el aire lentamente. El hombre quedó inconsciente y Payki se levantó victorioso, las vendas blancas estaban llenas de sangre y su mirada seguía igual de severa. La chica encapuchada se acercó hasta él, para levantar su mano en el aire y proclamar su victoria inesperada. — ¡Tenemos un nuevo campeón!—Anuncio la chica encapuchada. Payki no parecía estar fatigado. Había derrotado con éxito a su primer oponente. Recibió la paga del combate, como ganador se llevaba el premio gordo, mientras los espectadores que habían apostado en su contra se arrepentían rotundamente de su decisión. Se colocó la camisa negra y tomo una gorra para cubrir su rostro, aún seguir más combates después del suyo, pero nadie cuerdo quería enfrentarlo, tenía un aire inhumano, salió de las catacumbas y se aventuró a la calle principal. Payki se había retirado del oscuro lugar y mientras caminaba en el medio de la carretera, un auto llamo su atención. — ¡Hey!—Llamo— ¿A dónde vas?—Pregunto la chica encapuchada. La misma se quitó la capucha y reveló sus cabellos rosados. —Voy a Mónaco—Severo. —Te puedo llevar—Insistió—Me dirijo hacia allá—Sonrió. Payki negó, actuó cauteloso, pues sus órdenes eran claras. —Puedo caminar—Continuo avanzando sin ningún interés en su propuesta. Ella avanzó lentamente con el auto. —En cualquier momento llegará la policía—Revelo. Payki abrió bien los ojos y se dirigió a abrir la puerta del auto rápidamente, se sentó en el asiento del copiloto, miró de reojo a la chica mientras avanzaban por la avenida principal. — ¿Por qué me llevas?—Pregunto Payki. La chica sonrió ligeramente. —No eres humano ¿cierto?—Intuyo al fijar las manos en la volante. Payki se exaltó. —Soy humano...tú debes estar loca—Replico. —Atacaste como atacaría un demonio...no como atacaría un humano y lo sé porque los estudio—Menciono entusiasmada—Soy Adele...tu eres un demonio joven, puedo verlo—Anuncio. Payki sintió repelús por primera vez, mientras se encontraba en la tierra. El chico trago saliva. —Si eres una humana loca—Concluyo lleno de alarma. —Pues tenemos los mismo intereses tal vez...Mmm, buscas a alguien ¿no?—Pregunto curiosa. Payki abrió bien los ojos y saco sus garras, coloco su mano de un golpe bajo la mandíbula de la chica, ella disminuyo la velocidad del auto. — ¡¿Cómo sabes tanto sucia humana?!—Amedrento encolerizado. Adele se sonrojo. — ¡Me encantan los demonios! ¡Desde chica me gustan las cosas paranormales...tengo un sentido de la intuición muy desarrollado y puedo ver a través de las cosas!—Menciono excitada. Payki se hizo hacia atrás y se incorporó nuevamente en el asiento. «Es mucho más aterradora que un demonio adulto» Pensó asqueado. Adele lo miro llena de emoción. — ¡Si eres un demonio joven!—Exclamo mientras continuaba en la vía. Payki apretó la mandíbula. —Si lo soy...si sigues molestando te mataré—Amenazo lleno de desconfianza. Adele sonrió amablemente. —Cuidare de ti...—Insto. Payki era un demonio joven, entre las jerarquías era muy débil, pero en un cuerpo humano aparentaba ser adulto cuando en realidad era solo un niño, debía mantener su camuflaje, después de todo solo sería un espía meticuloso, como era un niño débil difícilmente podrían sentir su presencia los adultos por ende, podría esconderse con facilidad. «Debería aprovechar su ayuda, no pierdo nada con tener un lugar donde vivir sin levantar sospechas» Pensó cauteloso al mirarla con detenimiento. —Está bien humana, aceptaré tu ayuda—Murmuro al revelar su verdadera forma. Era un demonio pequeño, solo se revelaban sus cuernos y su aparecía en si era humana. —Puedes estar cómodo...no te haré daño—Menciono Adele amena. Payki se quedó inmóvil y por primera vez en días se quedó dormido en el asiento del copiloto. +++ —Vas a llegar tarde Aniel—Advirtió Lucifer al peinar su cabello mirándose frente al amplio espejo del recibidor. —Lucí...hoy tienes reunión, tu eres el que llegara tarde, si sigues peinándote—Anuncio la niña mientras flotaba hasta las puertas de la salida. Había pasado dos horas intentado aplacar un mechón de cabello que se había revelado, no había crema para el cabello que detuviera su rebeldía y Lucifer estaba hartándose. Mefisto se hacerlo a él, lleno su mano de saliva y la paso por sobre su cabello. A Lucifer se le erizo la piel, gruño como un perro enojado y volvió a mirar a Mefisto. — ¡¿Qué crees que haces?!—Vocifero al mirarse nuevamente al espejo y descubrir que su cabello había cedido. —Solo intento hacerlo ver más majestuoso señor—Confeso al acomodar su corbata. Llanus se levantó obstinado cargaba su cabello revuelto y las gafas manchadas de algo que parecía ser grasa, había estado toda la noche lidiando con algo en el Limbo y detestaba tener que regresar a la tierra, para encontrase con su cuerpo humanizado. Lucifer frunció los labios. —Que guapo te ves hermano—Se burló con amabilidad al mirar a Llanus. Llanus lo miro severo y camino hasta la cocina. —Tu reunión empezara en unos minutos Lucifer, se supone que eres el dueño de la red de casinos más grande del mundo y estas aquí actuando como un niño sin responsabilidad, puntualidad y dirección...no he criado a un mantenido bueno para nada—Regaño. Lucifer se echó a reír y chasqueo los dedos. —Buen punto, has lo he quieras Llanus, tomate el día, después de todo has estado muy ocupado en el intersticio—Anuncio amable. Llanus frunció el ceño. En un abrir y cerrar de ojos, la mansión quedó desolada y el sonido que emitían los inquilinos se había apaciguado, Llanus era el único residente en el amplio sitio. «Por fin, se presenta en una reunión sin mi» Piensa aliviado. Llanus parecía tener sus pensamientos un tanto dispersos, debido a la enorme tarea con la que tenía que lidiar todas las noches, en el atardecer y el amanecer, justo cuando el lugar sagrado era más vulnerable, se dirigió a su refugio del conocimiento, la biblioteca donde guardaba todos sus secretos y se sentó en el diván, recostó su cabeza del filo del mismo, acomodo sus lentes y por primera vez en años se quedó profundamente dormido. Nunca antes había descansado, ni siquiera sentía la necesidad, hasta ese día, sin embargo, mientras se aventuraba en las aguas profundas de un sueño, discernió que la realidad no estaba muy lejos del mundo de ficción y que aun en sueño visitaba en intersticio sin problema alguno. Se sentía como bailar sobre un enorme charco de agua, salpicando la misma por todos los lugares y sin mojarse, era algo poco común para él, algo vago y perdido que jamás había experimentado, se sentía más humano. Despertó de ipso facto, con la respiración agitada como si hubiera corrido un maratón, algo sin duda alguno lo atraía a ese oscuro y cálido lugar, se llevó una mano a su frente y sus lentes estaban empañados por su constante respiración, miro de reojo la salida de la biblioteca y observo a Alice Salir corriendo, Llanus bajo la mirada hasta su pecho y se encontró con la sorpresa de que su camisa no estaba por ninguna parte, se levantó rasco su cuello y ladeo su cabeza, mientras caminaba hasta los amplios ventanales de la habitación. Su espalda, torso, caderas y pecho estaban llenos de marcas, cicatrices profundas que emitían un brillo leve y a su vez corría sangre a través de ellas cuando se alteraba, algunas parecían quemaduras de metal y otras cortes profundos de espadas, incluso marcas de disparos en el mismo, había un mapa y una historia grabado en su piel. — ¡ALICE! —Llamo con cólera. La chica oculta en un costado de la puerta se revelo avergonzada, poseía la camisa rota y ensangrentada de Llanus en las manos. Ella se acercó llena de temor. —Creí que no había nadie—Alego— ¡No se te ocurra volver a entregar en una habitación en la que me encuentre solo! —Ordeno mientras sus heridas se cicatrizaban y su cuerpo volvía a mostrarse como el de un humano común y corriente. La chica asintió, estaba embelesada con la escultural figura de amo, nunca había visto a Llanus sin ropa que lo cubriera y presenciar ante sus ojos tal belleza, la dejaban sin aliento, después de todo era el juguete de Lucifer y Mefisto por gusto, pues ella ocultaba un oscuro secreto, era una ninfómana, una pecadora lujuriosa que deseaba suplir sus deseos carnales a diario. Llanus le dio la espalda, mientras intentaba calmarse. Pero no había sido víctima de Llanus, él era el único hombre que no parecía tener ningún interesa carnal sobre nada. Ella se acercó a Llanus e intento tocar su espalda, pero una fuerza sobre natural la hizo deslizarse por el suelo hacia el otro lado de la habitación. Llanus se acercó a tocar su frente con su dedo índice. Borro su memoria en cuestión de minutos, se acercó a susurrar a su oído. —La próxima vez que te acerques así a mi…te matare—Amedrento con desdén al salir de la biblioteca y dirigirse a su habitación. Alice despertó sin recordar nada, tenía una camisa negra un poco llena de polvo en sus manos y una jaqueca muy fuerte, estaba acostada en el diván. Creyó que debía lavar la camisa, pero antes de eso decidió reposar un momento ignorante de lo que había pasado.
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