KHOA
La mañana siguiente llegué a la oficina con una energía renovada muy extraña. No era felicidad exactamente, pero tampoco sentía la pesadez que había cargado desde el escándalo con Alexa. Era algo más ligero, tal vez era solo que sabía que vería a Kylie.
Ella ya estaba en su escritorio cuando llegué, como siempre, pero hoy llevaba un vestido verde esmeralda que hacía que sus ojos brillaran, su cabello recogido en ese moño que ahora sabía que podía estar suelto y hermoso.
—Buenos días, señor Galeano —dijo con esa pequeña sonrisa que ya empezaba a reconocer como especial para mí.
—Kylie, anoche cenaste con mi familia. Creo que podemos dejar el "señor Galeano". —dije fastidiado de las formalidades entre nosotros.
—¿Ah, sí? ¿Y cómo debería llamarte? —dijo dejando el lápiz sobre la mesa y poniendo sus codos sobre la misma, juntando sus manos.
—Khoa funciona bastante bien. —dije dando un paso más hacia su escritorio.
—Pero estamos en la oficina. Profesionalismo y todo eso. —dijo ella con la ceja alzada.
—Te vas a casar conmigo en menos de tres semanas. El profesionalismo salió por la ventana hace días. —Ella se rió, ese sonido que estaba comenzando a anhelar todos los días.
—Buen punto. Buenos días, Khoa.
—Mejor. —Me apoyé contra su escritorio—. ¿Dormiste bien?
—Mejor de lo que esperaba. Tus hermanas son agotadoras —dijo levantando su teléfono del escritorio y mostrándome la pantalla donde se podían ver los mensajes entrantes de un grupo de chat con Jade y Cristal y del cual evidentemente estaba excluido.
—Eso es quedarse corto. ¿Qué te han enviado? —Y para mi sorpresa ella me ofreció su teléfono para que lo mirara.
Abrí el chat e inmediatamente leí los planes de compras, ideas para la despedida de soltera, emojis por todas partes. Moví mi cabeza en negación ante esta acción de mis hermanas, ya que esto no fue algo que nunca hicieron con Alexa.
—Empezaron a las siete de la mañana. —dijo y con eso le devolví su teléfono.
—Bienvenida a mi vida. —Sonreí—. ¿Café?
—Ya me preparé uno y también el tuyo. —Señaló una taza en su escritorio—. Doble espresso, sin azúcar, como te gusta.
Tres años trabajando juntos y nunca había notado que memorizaba mi orden de café o tal vez siempre lo había hecho y yo nunca presté atención.
Tomé la taza, nuestros dedos rozándose en el intercambio. Un toque breve, pero sentí la suavidad de ellos.
—Gracias.
—De nada. —Nos quedamos ahí por un momento, mirándonos, ninguno de los dos moviéndose. Como si estuviéramos en una burbuja separada del resto del mundo.
—Khoa —dijo Kylie suavemente—. Tienes una reunión en quince minutos.
—Cierto. Sí. Reunión. —Me enderecé, aclarando mi garganta—. ¿Los archivos?
—Ya están en tu escritorio. Junto con los reportes que pediste ayer y los números actualizados del trimestre.
Por supuesto que sí. Porque Kylie siempre estaba pasos adelante de todo.
La mañana pasó en una serie de reuniones. Inversionistas a los que les debía informar la actual situación de la empresa para que mantuvieran la tranquilidad, proveedores, el equipo de diseño presentando bocetos para la próxima colección. Entre reuniones, encontraba excusas para pasar por el escritorio de Kylie y preguntar cualquier cosa.
—¿Tienes los contratos de Milán?
—¿Confirmaste la llamada con la empresa de seda en Japón?
—¿Sabes dónde puse mi teléfono?
Cada vez, ella me miraba con esa expresión que decía que sabía exactamente lo que estaba haciendo, pero no me llamaba la atención. Solo sonreía y me daba la respuesta a lo que necesitaba o me señalaba mi teléfono que estaba en mi bolsillo.
A las dos de la tarde, estaba diseñando algo por mi cuenta cuando Kylie tocó la puerta de mi oficina. Lo escondí entre otros documentos para que no los mirara y levanté la vista de nuevo.
—Tienes visita. —Algo en su tono me puso en alerta.
—¿Quién?
—Alexa. —Por supuesto, todavía no habíamos firmado formalmente su despido. Quería saber qué utilizaría en mi contra esta vez.
—Dile que...
—Ya está entrando. —Y efectivamente, Alexa empujó la puerta, pasando junto a Kylie con una mirada desdeñosa. Llevaba un traje blanco impecable, su cabello perfectamente peinado, cada centímetro la socia confiada que solía ser.
Excepto que ya no era socia.
—Khoa. Necesitamos hablar.
—Creo que ya dijimos todo lo que había que decir. Los documentos de liquidación son lo único pendiente.
—No sobre nosotros. Sobre la empresa. —Dejó caer una carpeta en mi escritorio—. Los términos de mi salida. —Miré la carpeta sin tocarla.
—Tu liquidación ya está siendo procesada por Sebastián de recursos humanos. Habla con él.
—No es sobre la liquidación. Es sobre mi gente.
—¿Tu gente?
—Los empleados que traje a esta empresa. Los contactos que cultivé. Las relaciones que construí. —Se inclinó sobre mi escritorio—. Me los llevo todos. —Ahí estaba de nuevo. El verdadero motivo de su visita. Otra amenaza.
—No puedes llevarte empleados, Alexa. No son propiedad.
—No, pero son leales a mí. —Abrió la carpeta, sacando una lista—. Veintitrés nombres. Tu mejor equipo de ventas, tres diseñadores senior, dos gerentes de producción. Todos han acordado venir conmigo cuando lance mi propia línea.
Miré la lista y sentí que mi sangre hervía.
Sib Chen, director de ventas de Asia. Sofía Reyes, gerente de producción en España. Thomas Wright, diseñador senior. Nombres que había contratado yo personalmente. Gente en la que yo confiaba.
—Puedes facilitarlo o dificultarlo, pero estos empleados vienen conmigo de una forma u otra.
—¿Les preguntaste? —pregunté levantando la vista del papel en mi mano.
—¿Disculpa?
—A estas veintitrés personas. ¿Les preguntaste si quieren irse contigo? ¿O solo asumiste que seguirían a la mujer que los ha estado usando como peones? —Vi cómo su mandíbula se tensaba.
—No te atrevas a darme la vuelta a esto. Tú eres quien...
—Kylie —Grité al ver la puerta abierta, manteniendo mis ojos en Alexa. Kylie apareció en la puerta inmediatamente.
—¿Sí?
—¿Puedes llamar a todas las personas en esta lista? —Le extendí el papel—. Pídeles que vengan a mi oficina. Ahora, por favor.
Kylie tomó la lista, sus ojos escaneándola rápidamente. Luego asintió.
—En seguida. —Alexa la miró con desdén cuando pasó a su lado.
—Esto no cambiará nada. Ya hablé con ellos. Ya tomaron su decisión.
—Entonces no tendrás problema con que yo hable con ellos también y que me den la cara. —Los siguientes quince minutos fueron tensos. Alexa se paseaba por mi oficina como si aún tuviera derecho a estar ahí. Yo revisaba emails, ignorándola deliberadamente.
Hasta que Kylie tocó de nuevo.
—Están aquí. Los veintitrés.
—Hazlos pasar. —La gente empezó a entrar. Sib, con su traje siempre impecable. Sofía, luciendo confundida. Thomas, claramente incómodo. Uno por uno, hasta que los veintitrés estaban apretados en mi oficina.
—¿Qué está pasando? —preguntó Sib.
Me puse de pie, caminando alrededor de mi escritorio para estar al mismo nivel que ellos. Recordando lo que leí en mi libro, Liderazgo 101: nunca hables desde arriba cuando necesitas lealtad.
—Alexa me informó que todos ustedes planean dejar Libón & Galeano Designs para seguirla en su nueva empresa. —Dejé que las palabras se asentaran—. ¿Es cierto?
El silencio fue absoluto. Luego, Sib.
—¿De qué estás hablando?
—De esto. —Levanté la lista—. Alexa dice que todos ustedes acordaron irse con ella.
—Yo nunca... —Sib miró a Alexa—. Nunca acordé nada de eso.
—Ni yo —añadió Sofía cruzando sus brazos sobre su pecho—. Alexa nunca me mencionó nada sobre dejar la empresa. —Uno por uno, cada persona en la habitación negó con la cabeza, otro me miraron con confusión y sorpresa.
Eso solo hizo que mi creciente enojo se dirigiera a Alexa.
—Esto es ridículo —dijo Alexa, pero su voz temblaba ligeramente, perdiendo esa confianza—. Claramente hay un malentendido...
—No hay malentendido. —Mi voz cortó el aire como un cuchillo, ya estaba harto de esa mujer—. Intentaste mentir. Intentaste usar a mi gente como palanca para negociar tu salida. Probablemente pensaste que entraría en pánico, que te ofrecería más dinero para que te quedaras.
—Khoa...
—No he terminado. —Di un paso hacia ella—. Pero aquí está el problema con tu plan, Alexa. Esta gente no es leal a ti. Nunca lo fue. Porque lealtad se gana con respeto, con integridad. No con manipulación y mentiras.
Me volví hacia mis empleados.
—Quiero que sepan algo. Alexa Brown ya no es parte de esta empresa. No solo por motivos personales, sino porque los valores en los que Libón & Galeano se funda están siendo directamente atacados por sus acciones.
Hice una pausa, dejando que las palabras se asentaran.
—Esta empresa se construyó sobre tres principios: innovación, sostenibilidad, y respeto. Respeto por nuestros clientes, por nuestro planeta, y por cada persona que trabaja aquí. Desde el CEO hasta el personal de limpieza. Todos importan. Todos contribuyen a una misma causa.
Vi cabezas asintiendo. Bueno, en eso estábamos claros.
—Alexa olvidó eso o tal vez nunca lo entendió. Pensó que la gente era intercambiable. Que podía usarlos como piezas en un tablero de ajedrez. —Miré directamente a Alexa—. Estaba equivocada.
—Esto es una farsa —escupió Alexa—. Todos saben que esta empresa no es nada sin mí. Los contactos que traje, los contratos que cerré...
—¿Los contratos que cerraste? —Kylie habló desde la puerta, su voz suave pero afilada—. ¿O los contratos que yo salvé cuando tú casi los arruinaste con tu incompetencia? —Alexa se volvió hacia ella, furia en sus ojos.
—Cierra la boca, secretaria.
—Es asistente ejecutiva. —Kylie entró a la oficina, moviéndose con una gracia que nunca había visto en ella—. Y pronto será vicepresidenta, pero esos son solo títulos. Lo que realmente importa es el trabajo.
Kylie me miró, y en ese momento, vi un destello de algo en sus ojos. Una pregunta silenciosa.
Asentí. Adelante.
—El contrato de Harrods que casi perdimos en marzo —continuó Kylie—. Alexa marcó los diseños finales como "no prioritarios" el día antes de la presentación. Yo me quedé hasta las tres de la mañana reorganizando todo y enviándolo directamente al comprador.
Sib, quien personalmente había liderado esa venta, se volteó hacia Alexa, incrédulo.
—¿Eso es cierto?
—El inversionista japonés en julio —Kylie no se detuvo—. Los números no cuadraban porque Alexa había estado desviando fondos de marketing a cuentas personales. Yo recalibré los reportes para que la discrepancia no fuera obvia.
Sofía ahora también miraba a Alexa con horror.
—¿Desviaste fondos?
—Esto es... esto es... —Alexa, tartamudeaba.
—¿La verdad? —terminé por ella—. Sí, Alexa. Esto es verdad y la razón por la que no sabías que Kylie estaba arreglando tus desastres es porque ella nunca buscó crédito. Solo hizo el trabajo mostrando su lealtad a este lugar.
Me volví hacia mis empleados.
—Lo cual me trae al punto real de esta reunión. No los llamé aquí para exponerla. —Señalé a Alexa—. La llamé para darles una opción.
Kylie, sin que yo se lo pidiera, me pasó un papel. Cuando lo miré, casi sonreí. Era un desglose completo de los salarios de cada persona en la habitación. Rangos del mercado. Comparaciones con empresas competidoras.
Por supuesto que Kylie ya lo tendría preparado. Porque ella siempre estaba tres pasos adelante.
—Puedo ofrecerles aumentos. Mejores beneficios y una oportunidad de acciones en la empresa. —Sostuve el papel—. O pueden irse. Con Alexa, con otra empresa, con quien sea. La puerta está abierta, siempre lo ha estado.
—Pero quiero que sepan —continué— que si se quedan, será porque creen en esta empresa. En lo que estamos construyendo. No por el dinero, aunque el dinero estará ahí. Sino porque compartimos los mismos valores.
Sib fue el primero en hablar.
—Nunca tuve planes de irme. Esta empresa... Khoa, cambiaste mi vida cuando me contrataste. Me diste una oportunidad cuando nadie más lo haría. No voy a ningún lado.
—Yo tampoco —añadió Sofía—. Y honestamente, me siento insultada de que Alexa pensara que podía hablar por mí sin siquiera preguntarme.
Uno por uno, cada persona en la habitación reafirmó su lealtad. No porque se los ordenara. No porque les ofreciera más dinero. Sino porque querían.
Alexa estaba pálida, su confianza completamente destruida.
—Esto no termina aquí —amenazó débilmente.
—Sí, sí termina. —Me acerqué a ella—. Tienes dos opciones, Alexa. Firmas los papeles de terminación que Sebastian preparó, tomas tu liquidación, y te vas calladamente o peleo esto en la corte, saco a la luz cada transacción sospechosa, cada mentira, cada manipulación, y me aseguro de que ninguna empresa respetable te toque jamás y la enorme posibilidad de que termines en la cárcel.
—Estás bromeando.
—Pregúntale a mi padre si estoy bromeando. —Sonreí, pero no fue amable—. Oh, espera. No has hablado con él, por lo que no te he dicho exactamente cuán sólido es mi caso legal. ¿O no es por eso que viniste aquí hoy? ¿Un último intento desesperado de negociar algo antes de que te destruya completamente?
Vi el momento exacto en que se dio cuenta de que había perdido.
—Todos ustedes. —Alexa señaló a los empleados—. Van a lamentar esto. Cuando esta empresa fracase sin mí...
—No va a fracasar. —Mi voz fue absoluta—. Porque nunca necesitó de ti. Fuiste un obstáculo, no un activo y ahora que te has ido, finalmente podemos hacer lo que siempre debimos hacer, crecer.
Me volví hacia Kylie, quien estaba de pie cerca de la puerta, observando todo con esos ojos inteligentes que no perdían detalle.
—Cariño —dije, dejando que la palabra colgara en el aire—. ¿Podrías solicitar la liquidación de Alexa Brown de nuestra empresa?
Vi cómo los ojos de todos en la habitación se abrieron de par en par. Ante ese Cariño. No "Kylie". No "señorita Henderson". Cariño.
Kylie no perdió el ritmo. Sonrió, esa sonrisa pequeña que me derretía.
—Por supuesto, amor. —Sacó su teléfono—. ¿Quieres que también contacte a seguridad para escoltarla fuera del edificio?
—Eso sería perfecto. Gracias. —Kylie asintió, tecleando en su teléfono, luego me miró con una calidez que hizo que olvidara que había otras personas en la habitación.
—¿Necesitas algo más?
—Solo tú. —Las palabras salieron antes de que pudiera detenerlas, pero no me arrepentí. Kylie se sonrojó levemente, pero mantuvo su compostura.
—Siempre. —Y salió, dejando un silencio atónito detrás. Alexa me miraba como si no me reconociera.
—¿Ella? ¿Tu secretaria? ¿En serio?
—Ella. —Confirmé—. Mi futura esposa. La mujer que ha estado salvando esta empresa mientras tú la sabotabas. Sí, ella.