Debo admitir que fue una película algo divertida aunque no como lo esperaba, aunque propia de un remake de Disney. Y la verdad que no paro de repetir en mi mente "fábula ancestral, música inmortal, bella y bestia son".
Molly se rió mucho. En realidad se rió muchísimo.
—Tú sí sabes divertirte—le digo.
—Quizá sea lo único que sepa hacer bien.
—No creo que sea lo único. Pero si lo fuera, tal vez merecerías el premio Nobel de la diversión.
—Joe, eso no existe.
—Pues deberían crearlo. Para que lo ganes.
Reímos.
—Deberíamos hacer una película llamada "En defensa del pobre Gastón".
—¿Por qué el "pobre Gastón? El tipo era un patán.
—Porque, en su defensa, Gastón a pesar de ser un patán también merecía ser feliz. Digo, en la película lo recriminan tal vez demasiado. Digo, las personas que son malas se les puede dar una segunda oportunidad, no es necesario odiarlas para toda la vida. Cuando ves a Snape, por ejemplo, notas que él fue malo por el resentimiento que le proporcionó el no estar con Lili, sin embargo ese mismo amor logró que Snape se arrepintiera y se aliara con Dombuldore. Lo que quiero decir, es que demonizamos a personas solo porque fallaron una vez, y pareciera que por un error las marcamos de por vida, y yo creo que las personas pueden enmendar sus errores.
—Wey, no puedes enmendar el error de Gastón, casi que matan a Bestia por culpa de ese idiota.
—¡¿Acaso escuchaste algo de lo que dije hace un minuto?!
—Lo siento—río—. Claro que entendí lo que dijiste. Solo que me impresiona que puedas filosofar de esa manera.
—Bueno, que me den el Nobel de filosofía. Ese premio sí existe–volvemos a reír.
.Estamos caminando a la salida del Angells Mall. Solo hay pocos vigilantes. Está casi desierto y uno de los vigilantes nos dice que debemos salir ya.
—Wow Joe, amamos tanto nuestro trabajo que nos tienes que decir que vayamos a casa.
—Vaya que sí—río.
Salimos. Pienso que olvidé recordarle a mamá que pasara por mí. Ahora debo caminar. Son 30 minutos de camino. Es casi media noche en Barcelona. Debo pasar varias calles oscuras que con solo pensar me da mucho miedo que me asalten y me quiten el celular. Eso es lo que llamo un "miedo de momento venezolano". Cuando salimos notamos que hay tanta nubosidad que ni siquiera se ven las estrellas. Molly se coloca una chaqueta oscura de cuero.
—¿Vienen por ti? —le pregunto.
—No. Vivo cerca de aquí, me puedo ir caminando. ¿Y tú?
—También me iré caminando. Vivo a media hora de camino. Te puedo acompañar hasta tu casa y después sigo camino a mi casa.
—No. No es necesario, Joe. Yo vivo súper cerca y no hace falta que me acompañes.
—Pero si de todas maneras debo caminar. No tengo problemas.
—Es que... bueno, está bien.
—Espero que no llueva porque entonces tendrás que darme tu chaqueta para yo cubrirme.
—¿Y yo con qué me cubriría?
—Tú no tienes que cubrirte. Tendrás un Nobel de diversión y uno de filosofía. Eso es mucho dinero. No necesitarás cubrirte.
—Ok, Joe. Debemos tener claro que en este equipo yo soy la graciosa y no tú.
Reimos y seguimos caminando.
Hace un poco de frío, propio de esta época. Estos últimos días han sido fríos y lluvioso.
Vemos que pasan carros y Molly los saluda a veces. No entiendo por qué lo hace. Molly parece estar muy alegre, en realidad siempre parece estar así salvo la vez que sucedió lo de aquel chico motorizado.
A veces me pregunto cómo me verá la gente. Me pregunto si podrán verme como veo a Molly, que irradia alegría de una manera tan espontánea que hasta parece practicada. Me recuerda mucho a Rylie, aunque Rylie solía ser un poco superficial con la ropa, y lo podía entender debido a que era modelo. Pero Molly tiene una personalidad tan radiante que hace que cualquier cosa, por más sencilla que sea, se le vea hermoso.
Es allí donde me da la ansiedad de querer ser así, alguien que irradie alegría o simplemente que haga todo con tanta naturalidad y espontaneidad que no le importe lo que los demás digan o piensen.
.Caminamos y Molly me cuenta las veces que ha tenido que buscar tallas de zapatos muy grandes y otras muy pequeñas. Su trabajo debe ser un poco irritante al tener que buscar tantas veces una talla.
Yo solo debo limpiar a veces y servir café... y tomar café mientras trato que el loco Patch no me cache cantando una canción de Sheeran.
Caminamos por 15 minutos aproximadamente.
—Mi casa está por esta calle—me dice al llegar a una esquina donde se cruzan un par de calles—. Puedo caminar desde aquí.
puedo acompañarte hasta tu puerta. O tengo prob...
—¡No Joe!... quiero decir... si mis padres ven que llego tan tarde con un extraño se molestarán mucho, de veras.
—¿Pero no se molestarán más si llegas a medianoche sola?
—No, Joe... no entiendes... de verdad lo siento, ya me tengo que ir—dice mientras se va—. En verdad te agradezco por esta noche tan divertida.
—Está bien. Que tengas buenas noches.
La veo alejarse por la calle a la derecha y sigo por la vía principal. Eso fue un poco raro. Los padres de Molly deben ser muy estrictos. Papá no era muy estricto, y mamá es tan tranquila que debe estar placenteramente dormida. Ni sentirá cuando llegue.
Sigo caminando y el trayecto se me ha hecho muy largo. Tal vez me haga falta caminar más. Cruzo otra calle y escuchó detrás de mí una motocicleta. Me asusto un poco y trato de pensar en otra cosa. Volteo y no hay nadie. Camino más deprisa. Veo hacia delante y todas las calles están desiertas. No hay personas circulando a estas horas y menos en esta zona. De repente escucho algo detrás de mí e inmediatamente volteo a ver. Hay un tipo a cierta distancia. Cruzo a la siguiente calle a la izquierda y cojo otra ruta. Cinco minutos después noto que el mismo tipo está otra vez detrás de mí. Obviamente me está persiguiendo. Se me ponen los nervios de punta y me da por correr hacia delante. Las calles están muy oscuras.
Maldigo al gobierno. Sigo corriendo. El tipo también ha empezado a correr detrás de mí. No paro de correr a pesar de que ya no coordino dónde estoy. Por favor que no me robe, por favor que no me robe. Dios mío, sé que casi nunca te nombro pero te pido que no me robe por favor. Estoy sudando. Cruzo a la siguiente calle a la derecha y casi me caigo. El hombre detrás de mí está más cerca. Cruzo una vez más a la derecha y entro en un restaurante que se encuentra abierto. No hay más de 5 personas. Me siento en una mesa cerca de la ventana a esperar que aparezca el tipo. Pasan cinco minutos y no se ve más nadie en la calle más que las luces del restaurante donde estoy.
—Compre algo o váyase—me dice una señora asiática con un delantal aún más ridículo del que me obliga a usar el loco Patch en el Tiempos de Café.
—Disculpe, es que alguien me venía persiguiendo para asaltarme.
—Compre algo o váyase—repite.
—Lo siento... no traigo efectivo.
—Compre algo o váyase.
—(...), ¿tiene... café?
—¡Café! —grita y hace que me estremezca en la silla—¡Quiere café!
Alguien entra y veo que está pidiendo. No le veo la cara por estar de espalda, pero sé que es quien me estaba persiguiendo. Tiene llaves de un auto, pero no hay ningún auto afuera.
Estoy pensando muy rápido. La señora asiática se le acerca y le dice "Compre algo o váyase". Le dice algo que no logro escuchar, pero la señora grita "¡Whisky! ¡Quiere whisky! Me vuelvo a estremecer con los malditos gritos de la vieja asiática y golpeó sin querer la mesa haciendo ruido. Me escondo debajo de la mesa.
Trato de escabullirme y de repente se abre la puerta nuevamente y el tipo sale.
Se va hacia la izquierda. Espero un poco de tiempo, decido ir y cuando voy a salir aparece la señora con una taza de café.
—¡Su café!—me grita mientras me da la taza.
—Señora... ¿tiene para pagar por débito?
—Compre o váyase.
—Lo siento... me tengo que ir...
—Compre o váyase.
Salgo de ese maldito restaurante. Esa vieja casi me deja sordo.
Retomo mi camino de vuelta a casa cuando de repente escucho nuevamente la motocicleta detrás de mí. Corro a todo lo que puedo. El corazón se me va a salir y el sudor me entra como lluvia a los ojos. La motocicleta fácilmente me alcanzará. ¡Dios! Qué es lo que quiere ese tipo. Sigo corriendo y cruzo la siguiente calle a la izquierda y luego a la derecha. Sigo corriendo frenéticamente pero cuando voy a volver a cruzar otra calle me tropiezo con el borde de la acera y doy vueltas en el asfalto. Caigo boca bajo. Veo como se acerca la motocicleta y quien la conduce se baja y viene hacia mí. Siento que me falta el aire.
—Oye chico, ¿estás bien? —me dice el policía extendiéndome la mano. Es un policía ¡Es un policía!
—Sí, lo siento. Me tropecé con la acera.
—Eso vi. ¿Por qué corriste al verme? ¿Estás en problemas?
—No no no no...—me vuelve a faltar el aire—. Es que... creí que era un ladrón que quería asaltarme.
—Me lo imaginé—dice mirándome fijamente—. Ya levántate de la carretera, ¿quieres que te lleve a casa?
—No hace falta, gracias.
Cuando el policía tomó su motocicleta y se fue reviso mi celular. Son las 12:45a.m. creí que habían pasado horas mientras corría ¡Dios!
Tengo un w******p de Molly.
"Joe, disculpa que te haya dejado así. Mis padres son muy enredados y se enojan por cualquier cosa. Por favor no vayas a pensar mal de mí. Tuvimos una noche muy divertida, agradezco mucho que me hayas acompañado a ver esa peli que sé que no te gustó mucho, pero lo hiciste por no dejarme sola. Definitivamente eres un gran chico. Ojalá me den el Nobel de filosofía para poder comprarte un auto y que no te tengas que volver a ir caminando tan tarde. Ten dulces sueños."
Me impresiona que aún por mensajes sea tan graciosa.
Llego a mi casa. Agradezco al de arriba por al fin haber llegado y porque no me asaltaron. Por un momento me sentí en una película de terror.
Entro y voy corriendo a mi habitación. Ya mamá y Sophy están durmiendo y yo también estoy muy cansado.