Es sábado en la mañana. El estúpido despertador da su endemoniado tono de sirena que anuncia que son las 6:45am. Abro mis ojos y de una patada apago el despertador. Pienso mil veces que debo levantarme pero pareciese que mi cuerpo hubiese muerto durante la noche. Ya los rayos del sol empiezan a aparecer y la tenue luz me indica que se hace tarde y ya debo ir a trabajar.
Me levanto, voy al baño y mientras me ducho pienso en que quizá soy el único loco de 17 años que se levanta un sábado a estas horas. Maldigo mi vida, pero luego recuerdo el pago, que es igualmente una porquería de miseria pero mejor algo que nada. Me visto muy de prisa y me doy cuenta que ya son las 7:15 y solo me quedan treinta minutos para estar listo. Me visto en un abrir y cerrar de ojos. Bajo corriendo las escaleras y el hermoso olor a café que inunda la casa me alegra un poco el día y me da a entender que mamá está en la cocina y el desayuno está listo.
Entro y me siento en el comedor.
-Buenos días, cariño- saluda mamá cariñosamente.
-Hola- digo mientras tomo mi taza de café y trato de ajustar bien mis pantalones negros.
-Joe, recuerda que antes de irte al mall debes dejar a Sophy en su academia de danza.
-¿Qué? No, mamá. Ya estoy sobre la hora y si llevo a Sophy llegaré aún más tarde al mall y el loco Patch me matará.
-Te dará tiempo, hijo. Ahora come y ya vete. Sophy está en su habitación ya lista.
Veo que es inútil discutir así que como mi pan con huevos revueltos lo más rápido posible. Me despido de mamá. Corro a la sala y grito:
-SOPHYYY YA ME VOYYYY- abro la puerta simulando irme.
-Espéramee, ya voy, ya voyyy- se escucha su chillona voz mientras baja las escaleras.
La veo vestida con su típico atuendo de ensayos, que es una combinación de estilo deportivo y sexy, y me pregunto si es legal que una niña de 12 años pueda salir así a la calle.
La tomo de la mano y vamos a la espera del autobús que nos llevará a la “plaza de los cuatro vientos” donde dejaré a Sophy, su academia queda a una cuadra pero creo que ella desde ahí puede irse sola.
Llega el autobús y subo apresuradamente para tomar un puesto y no quedarme de pie. Sophy ha podido tomar uno delante y yo uno más atrás. Parece que el camino a la plaza es más largo hoy que de costumbre. Saco mi celular y noto que solo me quedan diez minutos y lo más seguro es que, nuevamente, vuelva a llegar tarde. El autobús se detiene. Hemos llegado a la plaza. Dejo a Sophy y salgo corriendo al Angels Mall que queda a tres calles de allí. Solo faltan cinco minutos para las 7:45am. Ya he comenzado a sudar y solo me preparo psicológicamente para el grito que me dará el loco Patch, o peor, el despido.
El Angels Mall es conocido en toda la ciudad por ser el más grande y por consiguiente el más visitado. Trabajo en “Tiempos de café”, una repostería/café desde hace ya cinco meses.
Había salido con unos amigos del cole al cine del Angels Mall y vi el cartel que solicitaba empleado. El loco Patch, quien es el dueño del café, me atendió, tenía un aspecto de malhumorado y gruñón pero me supo recibir bien, aunque claro, cuando se molesta es peor que Hitler gobernando Alemania.
Entro al Angels Mall ya con un minuto tarde.
-Hola, Joe!- me saluda el vigilante de la puerta y solo me limito a darle un saludo con la mano al estilo militar.
Corro escaleras arriba, paso las centenares de tiendas y por fin llego al café.
-Joe! Qué raro tú llegando tan temprano al trabajo- me saluda Gen irónicamente.
Gen Harper tiene mi edad, es mi mejor amigo y también trabaja en el “Tiempos de café” conmigo.
-Déjate de payasadas, Gen- le contesto dándole la mano, saludándolo- ¿Qué ha dicho el loco Patch?-pregunto asustado.
-Aún no llega-contesta Gen y siento que todo mi cuerpo recibe una sobredosis de paz.
-Dios! Casi muero de un infarto-digo sin aliento.
-Relájate, Joe- dice Gen dándome una taza con café humeante-. Hoy no es tu día-ríe.
Me siento en la mesa de pedidos del restaurante y tomo un sorbo de café tratando de relajarme un poco. El café está bien cargado y eso me gusta. Comienzan a llegar y clientes y Gen me hace una mueca con la cabeza dándome a entender que vaya y tome su orden. Ya las cocineras del local están en su labor y el rico olor del café y chocolate ambienta el lugar. Comienzo a trabajar, tomo las órdenes de los clientes y veo la gente pasar por el cristal de las ventanas que cubren casi toda la pared. Espero sentado a que lleguen más clientes y siento la necesidad de cambiar la música que está sonando. Coloco “Let her go” de Passenger y siento que el día se torna de paz y tranquilidad. Escucho la letra y siento que me sumerjo en ella. Veo que algunas personas llegan y se sientan, pero ahora me siento en otro mundo y sin darme cuenta estoy cantando con ojos cerrados. Y justo cuando viene mi parte favorita, ya culminando, se deja de escuchar la música. Abro los ojos y me encuentro con el feo rostro del loco Patch.
-Krump!!! ¿QUÉ HACES?- me grita aun cuando su rostro está a tan solo centímetros del mío- EL CAFÉ SE LLENA DE CLIENTES Y TÚ SOLO TE SIENTAS A CANTAR COMO UNA NIÑA!!
-Eh… ehh… solo descansaba, Patch- me excuso titubeando-, no había notado que habían llegado tantos clientes.
-¡Ya vete a tomar órdenes antes de que te sirva a ti en cubitos!
Por más que sienta muchas ganas de gritar y defenderme no lo hago, siento mucho respeto por el loco Patch. Es un hombre alto y robusto de grandes músculos que debe tener como cuarenta años. Su esposa, Noris, es quien cocina en el café. Viven en los suburbios del norte y no tienen hijos. Cuentan los del negocio vecino que el loco Patch y su esposa vivían en un barrio popular, en una casa que ni siquiera era de ellos. Patch y Noris se conocieron en la universidad central, se enamoraron y más tarde se casaron. Cuentan que estando casados tuvo una hija que los llenó de felicidad, pero a los nueve años producto de la inseguridad, la corrupción en el país y las malas políticas del gobierno que azotan aun al país, se produjo una manifestación de personas que protestaban por la falta de comida y la alta inflación que dificulta la compra de los mismos. La manifestación que parecía pacífica al principio fue reprimida por la guardia nacional lanzando bombas lacrimógenas provocando que los manifestantes se alzaran y los enfrentaran, a lo que la guardia nacional, sin ningún tipo de pudor, dio paso a las armas de fuego por todos lados causando la dispersión de muchos y dejando gravemente heridos a otros. Disparos eran escuchados por todos lados. Patch, Noris y su bebé se escondían en lo más recóndito de aquella casa. Pero fue inútil, por ser el techo de asbesto una bala perdida entró y acabó con la vida de la pobre niña que se encontraba en los brazos del loco Patch.
Nos dicen que para entonces después de eso no quisieron tener más hijos, y no volvieron a ser los mismos. Se vieron obligados a salir del barrio, y a surgir.
Poco a poco lograron montar un pequeño negocio de desayunos. Lograron comprar una hermosa casa en el norte de la ciudad y poco a poco fueron surgiendo hasta lograr adquirir el local del Angells Mall y establecer el “Tiempos de café”.
.
Se hacen las 4:00pm y ya acabó mi turno. Me quito el ridículo delantal que me obligaban a usar de uniforme y tomo mi bolso.
-Oye, espérame- me detiene Gen-. Sé que estás enfadado porque Patch te cachó cantando como una ballena en celo- ríe a carcajadas y lo golpeo en el hombro derecho-. ¡Oye basta! Solo quería saber si querías acompañarme a jugar bolos esta noche. Irá Becca con sus amigos. Quizá tu menudo trasero tenga suerte y consigas de una vez por todas una chica que te guste-vuelve a reír.
-Cállate gordo. Yo podría conseguir novia si tan solo me lo propusiera-le digo jugando, obviamente no es cierto.
-Sí, bueno, como digas-me dice-. ¿Irás o no?- preguntas mientras se quita el delantal.
-Está bien.
-Ese es el Joe que yo quiero- Dice mientras sale cantando Thinking Out Loud tratando de imitarme.
Solo me limito a reír y salgo del café. Me despido de Patch y Noris que se quedan a seguir la noche hasta las 11:00pm y voy rumbo a casa.
Llego a casa. Voy a la cocina, paso a la sala, subo y noto que estoy solo. De seguro mamá y Sophy están comprando algo de cenar. Estoy muerto del cansancio. Pongo a preparar algo de café y coloco música mientras me hundo en el sofá de la sala con la música a todo volumen sonando Million reasons de Lady Gaga y me sirvo el café estando en su mejor punto caliente. Siento como mis ojos se cierran poco a poco y me quedo dormido. Me despierto y siento que he dormido una eternidad. Siento un desagradable sabor en mi boca, veo mi celular y noto que solo he dormido una hora y media, son las 6:58 p.m. tengo un mensaje. Es de Gen, preguntándome sí iré a los bolos. Mis ganas de salir se desvanecen. Pero me entusiasma la idea de conocer las amigas de Becca, así que subo a ducharme. Me colocó unos jeans negros, una franela negra y una camisa manga larga de cuadros negros y rojos arriba. Me coloco mis converse negras y trato de peinarme mis rebeldes cabellos. Y seguido me siento en mi cama a esperar a Gen. Pasan 5 minutos y ya me desespero, típico de mí. Me siento en mi computadora y reviso mi f*******:. Nada interesante como siempre. Suena la bocina del carro de Gen y corro escaleras abajo. Casualmente viene llegando mi mamá con Sophy y traen lo que parece ser pollo frito de Kfc, me limito a sonreír y gritarle a mamá que volveré antes de medianoche. Subo al muy codiciado convertible n***o del padre de Gen, el cual por cierto dice que es de él.
—Hey Joe! Te ves lindo— bromea Gen.
—Ya cállate y maneja—subo al copiloto.
—Es en serio— sigue bromeando— Créeme que si Becca no fuera mi novia me volvería gay solo por ti.
—¿Podrías mover tu gordo trasero y sacarnos de aquí?—digo entre quejas y risas. Salimos de las calles de mi urbanización y Gen toma la vía del lado este y me anuncia que pasaremos buscando a Becca. Pongo los ojos en blanco y Gen lo nota. Son novios desde la mitad del verano. Se conocieron en una fiesta a la que nos invitaron. Becca Deboy estaba con varias chicas y se tropezó en la pista de baile con Gen quien estúpidamente le tiró una cerveza encima sin querer. Gen le ofreció llevarla y al ver el auto sus ojos casi que se le quiebran los agujeros oculares. Sin pensarlo accedió. Ya cuando nos estábamos yendo Becca estaba totalmente borracha. Mientras conducía, ella y Gen estaban atrás besándose. Ya Becca no podía ni con su alma. Llegamos a su casa pero no quería bajar, así que Gen asustado trató de persuadirla para que se bajara y fuese a su casa, pero fue inútil. La muy ebria comenzó a decir incoherencias y a declararle a Gen que era el amor de su vida por el hecho de que accidentalmente bañara de cerveza sus tetas. De pronto dijo que tenía mucho calor y desenfrenadamente se comenzó a bañar con las latas de cerveza que Gen llevaba en el auto. Yo no entendía nada. Gen se quería morir. Yo me senté en las aceras frente al auto en plena vía pública y Gen ya no conseguía qué hacer. Cuando ya por fin decidió sacarla por la fuerza impulsado por la rabia se encontró que Becca yacía en el auto completamente desnuda. Tomó a Gen por la fuerza y lo metió en el auto junto con ella. Yo solo pude quedarme en la acera sentado a unos cinco metros de distancia mientras veía cómo el auto se movía y se escuchaban los agonizantes gritos de Gen.
Pensé que el gordo de Gen tendría algo de moral y se olvidaría de esa zorra. Pero no fue así. El fin de semana siguiente volvieron a salir y así poco a poco el idiota de mi amigo le pidió que fuese su novia. No es que tenga algo en contra de las zorras. Es que simplemente son zorras. Becca solo quiere al gordo porque su papa es rico. Ya la he visto cómo discretamente fitrea con otros, pero me temo que Gen ya se ha enamorado.
Hemos llegado a casa de Beca y el gordo me hace seña con su cabeza para que me vaya al asiento de atrás. Becca sale de su casa con otra chica y se acerca al auto. Salgo del copiloto y beca solo se limita esbozar una hipócrita sonrisa.
—Ella es Tina Shum—me presenta a su amiga—. Tina, él es Joe Krump, el chico del que te hablé.
¡¿La zorra de Becca Deboy me cuadra a una chica?! ¡¿Qué le pudo haber dicho?!
—Eh, eh—eh titubeo un poco—Mucho gusto—digo al fin estrechándole la mano y abriéndole la puerta trasera. Ella sube y solo se limita a sonreír y decir un gracias. Me subo al auto y ahora vamos a los bolos. Me siento un poco incómodo y trato de no ver tanto a Tina lo cual se me hace casi imposible puesto que es muy atractiva. Es un poco alta, de piel morena, tiene una cabellera oscura y un cuerpo bien definido que cualquier tipo quisiera que su novia tuviera. Gracias a Dios que no parece una zorra. La incomodidad de estar muy cerca el uno del otro se hace cada vez más clara ya que en los cinco minutos que llevamos en el auto solo se escuchan los asquerosos de Gen y Becca. Ella solo me ve de reojo y ve su celular para disimular su aburrimiento. Quiero hablarle pero no quiero sonar torpe. Ya hasta Becca y Gen dejaron de hablar y solo se escucha una música de porquería que sale de la radio, parece será el rock más satánico que haya escuchado y siento que debo tener las bolas de por primera vez en años, ser yo quién inicia la conversación.
—¿Qué edad tienes?—le pregunto. Siento que no pude preguntar algo más estúpido.
—Diecisiete— me responde. Vuelve a haber otro silencio aún más incómodo y siento que me sudan las manos.
—¿Vas a la SOM(Secundaria de Oriente Montesquieu)?
—Antes no, pero ahora sí. Comienzo el lunes. Acabo de mudarme a la ciudad.
—Oh, bueno—no sé qué más decir—espero que podamos vernos en clase—digo, y creo que sonó muy aburrido.
Al fin llegamos al Angels Mall Dónde están los bolos. Está repleto de personas por todos lados cómo lo es cada sábado en la noche. Veo parejas y grupitos que se la pasan juntos, otros que se toman selfies, otros se besan sin vergüenza alguna y otros simplemente caminan juntos, tantas cosas que veo que pueden hacer muchos y yo no consigo qué carajos inventar para no arruinarme frente a las sexy chica que tengo mis izquierda. La veo un tanto tímida y eso me llena de ternura. Despierta en mi un sentimiento de grata atracción hacia ella. Becca y Gen van delante tomados de la mano. Siento que debo hablarle y digo lo primero que se me ocurre:
—Me gusta como estás vestida— ni siquiera había notado bien lo que llevaba puesto—creo que es un estilo único —. Lleva puesto un ajustado pantalón n***o con un suéter fino color beige y rayas negras. Unos elegantes pero casuales botines negros y su largo cabello n***o semi ondulado amarrado en una cola. En realidad se ve hermosa.
—Gracias. Eres muy lindo.— se pone un tanto nerviosa.
Seguimos caminando. Nuestras manos se rozan de a momentos y veo que se le escapa una pequeña risa nerviosa con su cabeza baja. Por fin hemos llegado al segundo piso del Mall y entramos al salón de los bolos. Gen anota nuestros nombres y vamos a colocarnos los tenéis para empezar a jugar. Trato de ser lo más caballero posible con Tina y voy a buscar los suyos. Me acerco a los estantes y pido un par talla 34 y otro talla 41. Yo mientras, me quedo viendo a Tina a lo lejos, que se ve súper tierna mientras ríe con Becca. No quiero hacerme ilusiones, pero creo que le he gustado y nada de nada, ni aún mi absurdo comportamiento impedirán que sea un éxito con Tina.
La chica de las tenis vuelve y nota que solo veo a Tina fijamente.
—Disculpa, solo espera un segundo, es que no alcanzo a encontrar tu talla.
—Oh, tranquila— le respondo y ella vuelve a entrar al pequeño armario de estanterías.
—Oye chico, ¿podrías darme una mano?—escucho que dice la chica desde el armario. Entro y noto que trata de alcanzar unos tenis azules que están muy alto. Ambos tratamos de alcanzarlos pero al momento que logré tomarlos mi pierna izquierda y ambos caímos, y tras nosotros centenares de tenis. Ella ha caído encima de mí. Trata de levantarse y nuestros rostros han quedado tan cerca que puedo sentir su aliento. Nos quedamos viendo fijamente durante no más de cinco segundos. Ella se levanta rápidamente y se disculpa.
—Eh, oye—trato de hablar mientras me levanto— yo tuve la culpa. Mi estúpido pie, bueno, ya sabes…
—Tranquilo, en serio— me dice mientras trata de recoger todo el desastre.
—Oye, te ayudaré…
—No—me interrumpe cortésmente— de verdad. Déjalo así. Este es mi trabajo. Además tu novia debe estar preguntando por ti. No quiero crearles una pelea, ni nada.
—No, no, no— le respondo—, Tina no es mi novia… estem… solo nos estamos conociendo.
—Bueno, de todas maneras ya deberías ir con ella. Me llamarian la atención si te vieran aquí dentro.
—Está bien—digo algo confundido. Ahora salgo y voy rumbo a donde están los otros.
—¡Hey!—escucho que grita la chica detrás de mí.
—¿Cuál es tu nombre?—me pregunta.
—Eh, Joe. Joe Krump— respondo y ella solo se limita a sonreír y sigue trabajando.
Parece amigable. Quizá tenga entre 17 y 19 años. Debe medir como uno setenta. Su piel blanca realza el color rubio de su cabellera.
Regreso a donde está Tina. Gen me ve confundido y me dice entre dientes
—Creo que te agradó la de los tenis.
Solo hago como si lo ignoro y me dirijo a Tina.