Cuando se hizo la hora de ir a la playa y aún las chicas no habían llegado me empecé a incomodar ya que el papá de Gen estaba allí y ese señor es tan serio que tan solo mirarlo me da miedo hasta respirar. Trato de concentrarme en leer el periódico de hace dos meses que estaba en la mesa de la sala y que solo uso como pretexto para pasar de inadvertido en la muy rigurosa y extraña vida del papá de Gen. Veo en el periódico que en Valencia fue desarticulada una red criminal que se dedicaba a la trata de personas y que prostituían a sus víctimas. Habla de lo peligroso que se ha vuelto ese estado en el país y me alegro de que Tina se haya venido de allá. Nunca he ido a Valencia y no tengo ninguna urgencia por conocerlo… o por lo menos no mientras haya un cambio de sistema en el que en verdad me sienta seguro de viajar a cualquier parte del país.
Momentos después el señor Harper se levantó de su silla y se metió al baño.
Busco a Gen y no aparece. Subo las escaleras para buscarlo, entro a su habitación y ahí está el puto gordo afeitándose las piernas.
—Mierda, Gen ¿A qué horas crees que iremos a la playa? ¿Y por qué diablos las chicas no han llegado?
—No te preocupes por la hora—me dice sin dejarse de rasurar las piernas mientras trato de evitar mirar sus calzones—. Es nuestro día libre y hace bastante rato que tu mamá debió irse. Estamos sin compromisos de llegar a cualquier hora.
—Wow, Gen, eres todo un adulto.
—Y tú una sucia que te encanta ver hombres gordos mientras se rasuran.
Gen se levanta y se va al baño. Escucho el agua de la ducha correr y vuelvo a bajar. No veo al señor Harper. Escucho un carro llegar y traer a las chicas. Tina viene con un vestido amarillo de girasoles, lentes oscuros y el cabello suelto. Es sencillamente hermosa. Becca, por su parte, tiene un short súper corto que hace lucir sus voluminosas piernas y una blusa holgada para dejar ver sus también voluminosos senos.
Tina me saluda con un abrazo.
—¿Dónde está mi hombre? —pregunta Becca.
—Bañándose.
—Joe, estás muy guapo—me dice Tina—, me gusta tu franela.
—Tú eres la que está muy guapa, de verdad. Me gustan tus girasoles.
—Hoy estoy alegre como una flor.
Reímos.
Escucho a Gen bajando por las escaleras y le digo
—¿Ya terminaste de maquillarte?
—Sí, terminé después de que me dejaste desnudo en el baño.
Tina me mira raro.
—Solo están jugando, Tina—le dice Becca—. Yo no permitiría que estos dos tuvieran algo. Gen es solo mío—dice mientras me ve a los ojos.
Becca está loca o yo la odio mucho.
Nos subimos al auto de Gen y arrancamos. Gen dice que mejor iremos a "Playa Lido" ya que es la mas cercana.
Tina y yo vamos detrás y obviamente Gen y Becca delante.
Esto me hace tener un momento flashback de la vez que conocí a Tina en este mismo auto y con esos dos babosos allí delante.
Para entonces yo estaba súper nervioso y Tina también. Ya hemos tomado más confianza y Tina parece de lo más segura que antes.
Me da tanta curiosidad que Tina tenga cierta complementariedad conmigo. Digo, ambos nos conocimos y estuvimos nerviosos toda esa noche y ahora ambos nos tratamos con tanta facilidad que parece raro. Si no conociera Tina diría que es todo menos tímida.
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En el transcurso de camino a la playa Gen coloca a Caramelos de cianuro y minutos después Becca lo quita y pone a sonar su rock satánico. No entiendo cómo le puede gustar tanto ruido.
—¿Qué tipo de música te gusta a ti, Tina? —le pregunto.
—Escucho muy poca música, pero me gusta mucho Mago de Oz. Me relajan sus canciones y hacen que pueda pensar mejor.
—Wow, bueno, la verdad es que he escuchado algunas de sus canciones y sí que son buenas.
—Sí, son muy buenas.
—Bueno, ve esa nube que se ve allá. Parece que lloverá a cántaros.
—El pronóstico dijo que iba a haber mucha nubosidad pero que no llovería–digo.
—¿Quién lo pronosticó?
—Google.
—Si lo dijo el señor Google yo le creo.
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Al llegar a la playa Gen se emocionó de ver a muy pocas personas pese a que es sábado. Encontró un buen lugar para estacionar y otro aún mejor para sentarnos.
Gen y Becca se metieron inmediatamente al agua y yo me quedé con Tina en la arena escuchando música y tomando gaseosas. Desde la orilla se escuchaban los gritos de Gen que decía que el agua estaba fría. Becca no se separa de Gen y me pregunto si en dado caso de tener novia podría soportar el tenerla tanto tiempo pegada hacia mí. Digo, obviamente me gustaría estar mucho tiempo con esa persona, pero no pegados como chicles. Se supone que las parejas son dos personas distintas que tienen vidas completamente distintas y que hacen (necesariamente) cosas distintas, basado en eso me pregunto si es buena idea que dos personas se encierren en un mundo absurdo en el que solo existan ellos dos. Pienso que el amor entre parejas va mucho más allá de esas escenas pasionales en los que abunda el intercambio de saliva y el apareamiento en tu auto mientras te encuentras estacionado en un popular centro comercial. Creo que esas relaciones deben ser más… ¿amistosas? Quizás esté pensando mucho… en verdad estoy pensando demasiado…
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El día en la playa está muy peculiar. Está todo el cielo gris y hace una leve brisa fría, no hay mucha gente y solo se escucha el sonido de las olas junto a la música que he puesto del reproductor de mi celular.
--Sería genial que pusieras algo de Mago de Oz—me dice Tina.
--No creo que sea muy propio escuchar ese tipo de música en un día de playa.
--Para mí cualquier momento es propicio para escuchar a esa banda.
--No sé si sea el caso con esa banda, pero con Imagin Dragons sí que se puede escuchar en cualquier momento.
--Joe, ¿crees que pueda llover?
--Nuestro amigo Google dijo que había un 10 por ciento de probabilidades de que lloviera… o sea, que no creo que llueva.
--¿Ese 10 por ciento de probabilidad significa que es posible que llueva o que no?
--Ambos—reímos.
--En una oportunidad mi padre me llevó a una playa en otro estado del país, fuimos solo nosotros ya que mamá trabajaba mucho y soy hija única. Papá fue a buscar algo en la camioneta y me dejó sola bañándome en la playa. Tenía 12 años así que ya “estaba grande” como para ser vigilada todo el tiempo. Para entonces era una niña malcriada y peleé con papá por no querer quedarse, le hice un berrinche en plena playa y papá se sintió avergonzado con todos los que se estaban bañando también. En fin, estaba gris como está aquí, y papá decía que no llovería. Por alguna razón la gente adulta cree predecir el clima. Solo sé que ese día papá se equivocó y sí empezó a llover mientras yo estaba en la playa sola. La gente que se estaba bañando empezó a correr hacia sus tiendas y autos y yo me quedé paralizada del miedo. Se me olvidó como se nadaba y empecé a tragar agua. Quedé totalmente inconsciente y cuando desperté estaba en la camioneta con papá.
Me quedo casi sin aliento.
--Debió ser algo traumático—me limito a decir.
--A decir verdad, lo fue. Y no quise ir a la playa durante algunos años, sin embargo, por diferentes motivos tenía que encontrarme con el mar así que hice un trato con él (el mar), yo no volvería a pelear con papá si él no me tragaba—ríe—y de un momento a otro volví a bañarme en la playa sin miedo, pero cuando veo el mar con el cielo gris siento una pizca de miedo.
--Te aseguro que no tienes nada que temer. El mar cumple sus tratos, si tú cumples tu parte—reímos de nuevo.
En un momento nos quedamos solo viendo el cielo gris. Vuelvo a recordar a Harry Potter y me imagino toda una escena random en el que llegan mortífagos y empiezan a atacarnos. No sé lo que pueda pensar Tina, pero se ve serena y feliz.
—¿No te piensas bañar? —le pregunto—recuerda que ya el mar no podrá tragarte.
—Justo iba a preguntarte lo mismo—me dice y ríe. Se ve muy tierna cuando sonríe y aún más con esos lentes oscuros.
—El agua está fría, no soy amante del agua fría.
—Yo tampoco, la verdad. Además, el día está gris y eso me atemoriza no solo por mi pequeño trauma sino porque siento que me va a caer un rayo o sonará un trueno y moriré del susto.
—Wey no tienes que temer a nada de eso. Las probabilidades de que te caiga un rayo son de una en un millón.
—¿Y tú piensas que yo me iré a meter a esa playa sola? —me dice sonriendo—. Me bañaré solo si tú me acompañas.
Se me eriza la piel, tal vez por la brisa fría o porque esa propuesta me puso nervioso.
—¿Segura? El agua está muy fría.
—No estoy motivada por meterme al agua, pero si tú lo haces yo también lo haré.
—Vamos pues—me quito la franela y las botas. Y la veo— ¿Es un trato o un reto?
Tina se levanta y se sube el vestido hasta quitárselo y quedar en su traje de baño de dos partes color n***o.
—Es un trato. Entro si tú lo haces.
La jalo por el brazo y la llevo hasta la orilla. Toco el borde de las olas como si fuesen un gran manto de tela y retrocedo. En verdad el agua está fría.
—¿Qué pasa, Krump? ¿Aún le tienes miedo al agua? — me grita Gen desde lejos.
—¿Está bastante fría? ¿Todavía quieres hacerlo, Joe? —me pregunta Tina.
—Ok, ya esto sí es un reto.
—Wow, siento la adrenalina—ríe Tina.
—Bueno, hagamos lo siguiente: contaré hasta tres y ambos correremos hasta empaparnos, ¿va?
—Va.
—Muy bien. Uno... D...—no había terminado de decir "dos" cuando Tina me empujó y caí estúpidamente en la playa entrándome agua por la nariz logrando sentir el agua salada en mi boca. Cuando vuelvo a la superficie Tina salta encima de mí y me vuelve a zambullir, pero esta vez me abraza y logro abrazarla también. Por unos momentos estamos nadando abrazados. El agua está fría pero su piel junto a la mía logra equilibrar nuestra temperatura. Puedo sentir sus suaves manos aferradas a mi espalda mientras yo la tomo por la cintura. Se me vuelven a erizar los pelos de la nuca y pienso que es la primera vez que siento esto bajo el agua. Tina tiene su rostro en mi cuello y mis manos recorren toda su espalda, pero en un momento recuerdo que no tenemos bronquios y volvemos a la superficie. Ella está riendo.
—No te afectó mucho el agua fría—me dice sonriendo.
—Me vas a tener que dar antialérgicos cuando salga—reímos.
—¿El niño se puede enfermar?
—Sí, y ya tengo bastante frío—río.
--Dicen que si te metes bajo el agua se te quita el frío.
--Llévame.
Tina vuelve a rodear sus brazos sobre mi cuello y sus piernas también se aferran a mi cintura. Dejamos que la corriente nos lleve más profundo, lejos, lejos, que la sal del mar cure las inseguridades, que la espuma nos limpie recuerdos. No sé en qué momento se me fue el frío de los pies, lo siguiente que sentí fue a Tina besándome tan lento que el tiempo pareció haberse detenido. Su lengua entró en mi boca mientras no parábamos de estar aferrados el uno del otro. Sus labios están tibios, y aunque tienen el salado del mar siento que es el momento más dulce que he tenido en mi corta vida. No queremos separarnos, aunque debemos volver a la superficie. Me acaricia el cabello con ferocidad de tigre, la beso como si estuviera sediento y como si ella fuera un oasis que me sacia. Sin darnos cuenta volvimos a tomar aire, aunque aún abrazados, nos miramos a los ojos. Tina me limpia la cara y yo se la limpio a ella, estamos flotando, bien lejos de lo que es recomendado por los parqueros de playa. Me acerco más a su rostro nuevamente y en esos momentos de intercambio de miradas empieza a lloviznar copiosamente. Tina ríe y me dice
--Sabía que llovería.
--Google no dijo que llovería, pero tampoco dijo que no.
Nos volvemos a besar entre las aguas del cielo y las aguas de la tierra.