Estacionó el vehículo de alquiler junto a una casa que estaba algo separado debido seguramente al mal estado en el que se encontraba. La pintura se le estaba pelando y había malas hierbas por todo el solar. Una de las ventanas estaba rota y cubierta con un trozo de cartón. Decidió que no iba a perder ni un solo instante. Bajó del vehículo y llamó a la puerta. —Vaya, vaya… Hola, guapo –dijo Freya, cuando abrió la puerta. Su cuerpo desprendía el aroma agrio del alcohol. Resultaba tan fuerte que a Angus, se le revolvió el estómago. La miró sorprendido. Los años no la habían tratado nada bien. Seguía llevando el cabello de la misma manera, pero estaba sin peinar y parecía que no había visto el champú desde hacía varios días. Su piel tenía un aspecto apagado y, con toda seguridad, estaba bor

