Angus, quiso detenerla, arrojarse delante del Camaro, si era necesario. Sin embargo, vio el dolor y la determinación en el rostro de Victoria y supo que nada ni nadie podría cambiar el modo en el que se sentía en aquellos momentos. Estaba furiosa con él, pero, más que eso, sangraba por dentro. Angus, estaba seguro de ello porque él estaba experimentando un dolor que nunca antes había sentido. Mientras observaba cómo se aleja el Camaro de Victoria, de la casa, pensó que resultaba irónico que solo hubiera comprendido lo mucho que amaba a su esposa en el momento en el que ella lo abandonó. Había luchado contra el sentimiento, contra la verdad y, de repente, todo había desaparecido. El odio a sí mismo y los remordimientos se apoderaron de él. Victoria, se negaba a escucharle y él lo aceptaba.

