Mi corazón latía desbocado, y mis piernas no dejaban de temblar por los nervios. No me dejaron ir en la ambulancia con Marcelo, y hace más de media hora que se lo llevaron, pero aún no tengo ninguna información sobre su estado. Mis escoltas se comunicaron con Sebastián, quien ya viene en camino, y también intentaron localizar a Ramson, pero está fuera de la ciudad. Ese tipo cada día me desagrada más; dudo que Marcelo le importe en lo más mínimo. Sentí unos brazos rodeando mi cintura, y por su aroma supe de inmediato quién era. Me giré y confirmé mis sospechas: era John. —¿Estás bien? —preguntó en voz baja, su tono preocupado mientras me abrazaba más fuerte. No tenía fuerzas para resistirme. —Sigues temblando, mi vida —añadió, acariciando suavemente mi espalda. —¿Marcelo está bien? —pr

